jueves, 10 de agosto de 2017

Entonces qué


Entonces, Chizzo pidió por la aparición de Santiago Maldonado. Entonces, las cuatro pantallas que apuntaban hacia las 40 mil personas que llenaban el estadio de Huracán mostraron el rostro de Santiago. Entonces, las 40 mil personas que llenaban el estadio de Huracán en la cuarta fecha de la seguidilla de seis conciertos de regreso a la Ciudad de Buenos Aires después de diez años aplaudieron y gritaron en contra del presidente Mauricio Macri. Entonces, las 40 mil personas pudieron salir de la burbuja en el tiempo que las tenía atadas a las viejas glorias del pasado. Hizo falta un estímulo para provocar la reacción. Se supone que algo de eso es lo que tiene que producir el rock.

                    


martes, 8 de agosto de 2017

Interstellar Overdrive

(La Renga durante la primera fecha en Huracán. Foto: Leo Italiano - Facebook La Renga)

La Renga en vivo es una película de Christopher Nolan. El pasado y el presente se funden entre sí. ¿Es un sueño? ¿Un deja vu? Las épocas conviven, se alternan. El espectador no sabe si el futuro llegó hace rato o si la cosa sigue igual que antes. ¿O acaso ir a un recital del grupo no se parece a la escena de Interestelar en la que Matthew McConaughey y Anne Hathaway regresan a la nave después de un par de horas de exploración y se encuentran con un David Gyasi envejecido? Hay alguien que está desfasado.

El público, “los mismos de siempre” (una denominación que ahora tiene más fuerza que antes) no avanza. En cambio, la banda va y viene. Los músicos son capaces de mantener firmes algunas posturas (¿todos los recitales tienen que terminar con la misma canción?) pero, por momentos, también se olvidan del rocanrol de caños perpetuos y endurecen el sonido de los discos. Incluso se aggiornan políticamente, bancan un proyecto después de haber tallado en piedra su condición de indiferentes partidarios.

La Renga evoluciona más que su público. La banda se convirtió en un tótem sagrado atemporal del rock argentino a fuerza de popularidad y una obra que se mantiene inquieta (¿qué banda nac & pop es capaz de sacar un disco instrumental?). Por momentos, con los mismos cantos de cancha de toda la vida (“matar a un rati para vengar a Walter”, “el que no salta es un inglés”) y escasas referencias a la actualidad (apenas una bandera solitaria en contra de Macri, un tibio canto kirchnerista), el público que por estos días colma el estadio de Huracán parece haber sido extirpado de un concierto de 1994. O de 1996. O de 1999. O de 2003. O de 2012. Sólo faltan las bengalas que no se pueden usar por razones de fuerza mayor. Los jóvenes que hace veinte años latieron bajo el signo de los tiempos hoy son cuarentones que quieren revivir lo que alguna vez los tuvo a la vanguardia. Salvo por las panzas crecidas, las chapas voladas y el poder adquisitivo un poco más sólido, mantienen todo igual. Son la verdadera burbuja en el tiempo de la que hablaba Soda Stereo hace una década. Vaciaron el contenido de las canciones. Las transformaron en un tributo a la vida que se mueren por recuperar y nunca más van a tener.

lunes, 24 de julio de 2017

Paren el mundo

(Julio y su madre. Foto: Marcelo Addax - Facebook Agarrate Catalina)

En el Teatro Provincial, ante unas mil personas, la murga uruguaya Agarrate Catalina presentó anoche su espectáculo “Un día de Julio”. El grupo liderado por Tabaré Cardozo ofreció un show agridulce repleto de guiños culturales y las eternas reflexiones sobre la rutina del hombre actual.

La historia gira alrededor de Julio, un montevideano virgen de 48 años que jamás salió de su casa. Durante toda su vida, Julio se dedicó a estudiar y a reparar gratis todo tipo de objetos para los vecinos. Esto indigna a su madre, que piensa que “la gente es una mierda”, pero le exige a Julio que salga a la calle a conseguir un trabajo remunerado.

Julio se niega a pisar un mundo capitalista que provoca la esclavitud del ser humano con bienes de consumo, trabajos que atan y dogmas que promueven la intolerancia. Prefiere la libertad que da el encierro. Es una mezcla de Jim Carrey en The Truman Show con The Dark Side of the Moon como banda de sonido.

Durante una hora y media, Agarrate Catalina cuenta la historia de Julio con muchísimos guiños pop (desde Sandro al Mortal Kombat), lanza referencias actuales que provocan identificación inmediata (las redes sociales, WhatsApp, tablets) y crea momentos muy graciosos combinados con otros de una tristeza absoluta motivados por una fuerte sensación que queda flotando en el aire: la madre de Julio tiene razón.

Uno de los mejores momentos del espectáculo sucede cuando la murga canta sobre los dogmas, allí demuestra que hasta en las posturas más progres existe intolerancia.

Tras el show, todos los músicos salieron a cantar a la vereda del teatro e interactuaron con su público. Quizás, para refutar un poco a la madre de Julio.

                 


Un breve artículo publicado en Cuarto Poder, de Salta, el 11 de noviembre de 2015. 

viernes, 7 de julio de 2017

La mirada de Martí

(Charly García)

Yo no me considero un artista, vamos a empezar por ahí. Me considero un trabajador de la fotografía. Alguien que ha aprendido un oficio, que es sacar una foto correcta. He tratado de aportar humildemente mi cuota de inspiración, mi mirada. Después tuve la suerte de que mi trabajo se iba retroalimentando con la gente con la que tuve la posibilidad de poderme relacionar. Porque no solamente trabajé para Luis. Trabajé para un montón de gente dentro del mundo del rock y con cada uno de ellos se arma una química donde el artista te hace una propuesta y vos también proponés. 

Uno empieza en un lado pero resulta que después terminas en un lugar que no estaba planteado de entrada ni en pedo. Pero eso fue el devenir de ir elaborando una idea, un pensamiento, y ver para qué lado lo llevamos. Siempre pasa eso, hoy me pasa eso, no era que me pasaba hace cuarenta años. Vos venís y me decís, che, vamos a hacer un libro sobre Buenos Aires. ¿Y qué hacemos? Vamos a empezar a fotografiar los bares. Y resulta que después te das cuenta de que por ahí es más interesante empezar a meterse en la casa de la gente y que es más interesante cuando el tipo abre el placard y empezás a ver los recuerdos que tiene guardados. Al final terminás en cualquier lado. Para eso se necesita que te interese lo que estás haciendo. Que sientas pasión. Cuando no hay pasión en las cosas no hay nada para contar. Te doy un ejemplo rápido: cuando se hizo la tapa de Durazno sangrando, el durazno lo hizo Luis en su casa. ¡Se puso a hacer el durazno! Ese durazno que aparece en la foto, apoyado en el piso, que hoy por hoy es una pelotudez que con el Photoshop va a quedar mejor, más iluminado y con colores más potentes, lo hizo con yeso. Lo pintó. Había una cuestión artesanal. Es decir: hagámoslo contra viento y marea.



Los orígenes míos con la fotografía se remiten a 1965, 1966. El recuerdo que tengo es haber hecho un primer curso en el Foto Club Buenos Aires, que estaba en ese edificio icónico que es el Pasaje Barolo. Tenían un gabinete muy grande, lleno de ampliadoras para poder copiar fotos. Ahí arranqué a tomar los primeros conocimientos de fotografía. Me acuerdo de quién fue mi profesor, Julio Maubecin. Me enseñó a revelar rollos, a copiar fotos. Estuve dos años. En ese momento, la fotografía fue una inquietud que tenía, una curiosidad. Hay que entender que ahora hay herramientas que están muy al alcance de todos. Cualquiera tiene una cámara en un teléfono. Pero había una época en que no era tan normal tener una cámara fotográfica ni tener determinados tipos de conocimientos en la fotografía. Había gente que tenía cámara pero no era una cosa tan masiva.

Nací en el 50, cumplo años el 9 de agosto. Nací bajo el signo de Leo. Provengo de una familia de trabajadores. Mi padre era técnico textil. Tengo la suerte de que a mi madre todavía la tengo viva, tiene 97 años. Somos de la República de Mataderos. Fue una infancia muy linda, sin necesidades. Nunca nos sobró ni nos faltó. Podemos decir que éramos peronistas en el sentido más avanzado de lo que era el peronismo, que era todo lo que eran las reivindicaciones sociales, los logros, los avances económicos para la gente. Según lo poco que yo entiendo de política, el gobierno de Perón aportó un montón de avances. El día que bombardearon la Plaza de Mayo mi padre había ido a hacer un trámite al centro. Se salvó de pedo de que lo mataran.

Viví un montón de años en Mataderos, como veintipico. Y todavía voy porque la tengo a mi madre ahí. Tengo un hermano mayor, Alejandro, que tiene cinco años más que yo, también periodista, ya jubilado. Creo que tuvo un paso breve por Editorial Perfil, pero casi toda su carrera la hizo en el diario Clarín. Trabajaba en Información General. Gracias a él entré a trabajar en el laboratorio de Editorial Abril, que era una empresa como es hoy Editorial Atlántida, La Nación o Perfil. Escribía gente muy importante. Publicaban las revistas Panorama, Siete Días, Claudia, Vosotras. Era el medio de la familia Civita, gente muy preparada, que le dio gran prestigio al periodismo en esa época. Estaban Tomás Eloy Martínez, Miguel Briante, Jorge Di Paola, un montón de gente de otra época. Grandes plumas. El periodismo era otra cosa, muy distinto a lo que es ahora. Entré como laboratorista raso: revelar y copiar fotos fue mi primer trabajo profesional. Recibía los rollos que traían los fotógrafos, los revelábamos, hacíamos planchas de contacto, la plancha iba a la redacción, elegían las fotos, eso volvía al laboratorio, nosotros copiábamos el panel y lo entregábamos. Para mí fue como una beca, porque me pagaban un sueldo y me estaban formando. Era como un instituto donde te pagan por aprender. Fue la posibilidad de unir lo que ya se presentaba como una vocación, que era la fotografía, y el sustento. Eso pasó en una etapa de mi vida muy difícil, porque había muerto mi padre y el único que se había independizado hasta ese momento era mi hermano. Mi madre y yo dependíamos del sustento que aportaba mi viejo y cuando desapareció vivimos dos años bastante difíciles hasta que yo también pude tener ese empleo y enderezar un poco el barco. Yo tenía veinte o 21 años. Después me pasaron al Departamento de Fotografía ya como fotógrafo. Estuve como cuatro años para que me pasaran. Y mientras tanto hacía fotos para Invisible, ya trabajaba para algunas bandas. Le hacía fotos al grupo El Reloj.

Las primeras fotos las hice en el festival Pinap, en esos primeros festivales de rock. Pero sacaba fotos por la mía, no era un profesional ni mucho menos. Lo hacía de puro fan, porque me gustaban esas canciones y me motivaban, me emocionaban y me sentía identificado. Aparte, pensá que el mundo era bastante formal fuera de esos ámbitos. Hay una cosa en internet, buscala, a ver si la encontrás. Es un especial que preparó la TV Pública en esa época: “Qué piensan los argentinos de los hippies”. Te vas a mear de la risa. Era una megaproducción, iban hasta Bahía Blanca entrevistando a la gente por la calle. Es una cosa tan divertida. Buscala porque no se pueden creer las opiniones de la gente. Decían de todo: estaban los hiper formales hasta los que empezaban a vislumbrar que eso representaba un cambio dentro de la sociedad. Cosas que hoy nos parecen risueñas pero que en esa época eran como un debate. Se estaba modificando la mirada cultural.

                    

En el festival Pinap tocaban Almendra, Manal, La Barra de Chocolate, Conexión N° 5, Moris, Pajarito Zaguri, todos los músicos de esa época. Todo era aprendizaje en ese momento y la gente era una esponja. Ojalá yo siga siendo una esponja hasta el día que me muera. Creo que uno nunca termina de aprender. El día que sentís que ya aprendiste todo lo que tenías que aprender me parece que estás cagado.


miércoles, 5 de julio de 2017

Links para todos y todas

Son tiempos vertiginosos, urgentes (?). Cumplimos el sueño de nuestros padres y hermanos mayores que debían conformarse con ir a escuchar un vinilo en el Winco del vecino. Hoy tenemos todo al alcance. Pero en lugar de entrarle a toda la discografía de Frank Zappa, como habíamos jurado internamente aquella tarde de fines de los noventa mientras leíamos esas reseñas de discos que no podíamos conseguir, nos ahogamos en un mar de información y terminamos pelotudeando en Facebook.

No importa, Frases Rockeras es servicio y te acerca algunos links interesantes que se publicaron recientemente y en los que vale la pena detenerse.

sábado, 1 de julio de 2017

Rastros de una charla poco difundida

Greil Marcus pasó por Buenos Aires. El periodista estadounidense, una leyenda viva de la crítica cultural con anclaje en el rock, brindó una entrevista abierta en la Biblioteca Nacional este viernes 30 de junio.

A las seis de la tarde, hora prevista para el arranque de la entrevista, apenas un tercio del auditorio Jorge Luis Borges estaba cubierto. Evidentemente, los periodistas inflamos todo. Hasta nuestros miedos. En la previa, más de un colega confesó haber llegado temprano para no quedarse afuera. Lo cierto es que el evento se difundió mucho en el micromundo de redes sociales del periodismo especializado y muy poco en… bueno, en todos los demás lugares. Apenas un rato antes aparecieron entrevistas en Infobae y en Rolling Stone. Lo cierto es que todo se armó a las apuradas para aprovechar que Marcus anda por el país, acompaña a su hija, que realiza un trabajo sobre la cultura y la comunicación durante la dictadura de Videla, y pasea por distintos lugares, como las Cataratas del Iguazú. En consecuencia, sólo se acercó el núcleo duro del ñoñaje.

La entrevista fue realizada por Pablo Strozza, que preguntó sobre Lester Bangs, Bob Dylan, Trump, el rock no anglo, entre otros temas, que no fueron demasiados, ya que Marcus contestó de manera generosa y consumió buena parte del tiempo disponible.

Contó una anécdota con Dylan: dijo que lo conoció en el 63, cuando Bob tocó junto a una cantante oriunda de la misma ciudad de Marcus. Ella los presentó. Después del concierto, Marcus se acercó y lo felicitó. El Nobel contestó: “Fue una mierda, loco. Una mierda”. Sobre Lester Bangs dijo que era un hombre que amaba las drogas y la música, especialmente la música. Que era capaz de reseñar todo lo que escuchaba. De él también recordó un episodio gracioso: Lester salía con una chica que tocaba en una banda. Una noche, la banda fue a tocar a un típico baile de graduación estadounidense. Se la pasó parado en un rincón, aburrido, hasta que comenzó a escribir en su mente una reseña sobre la fiesta. De pronto, ya poseído por el cronista, encaró a una vieja que hablaba a pocos metros con otra persona y le dijo: "¡Señora! Soy Lester Bangs, estoy cubriendo este baile para la revista Creem y me gustaría saber de qué está hablando".

En su estadía en Buenos Aires, Marcus fue a desayunar todos los días a un bar de Palermo que, contó, sólo pasaba “rock británico de 1966", algo que lo sorprendió. Quizás Greil se quede afuera de esta certeza, pero todos sabemos que eso sucede sólo en el barrio que supo tener pintadas de La Armada Cósmica. Además, destacó que el taxista que lo llevó ayer por la ciudad escuchaba un compilado de Lennon. Explicó que no se animaría a escribir sobre rock de países como Alemania, Francia o incluso Argentina porque no se considera preparado, porque no está obligado a escuchar todo. Argumentó que no conoce lo suficiente y que sencillamente no podría captar lo que transmiten esas canciones de origen extraño.

La gente que preguntó hizo foco sobre la obra de Marcus: metodología, muchas referencias a Rastros de carmín, su libro más emblemático. El traductor no era del palo pero laburó como condenado: escribió como un poseso para traducir en tiempo y forma. Strozza lo corrigió un par de veces, como cuando dijo cosas como "entonces Lester Bangs escribió sobre Eme Ce Cinco” (por MC5) o "Bob Dylan realizó Las Grabaciones del Sótano con La Banda” (en lugar de The Basement Tapes y The Band).

Algunas de las ideas que más me quedaron: hay que escribir lo mejor posible, sobre lo que a uno le guste, sin pensar en cosas como el poder de los críticos o el alcance de los textos. Que YouTube es lo que más lo seduce para escuchar música, especialmente los compilados armados por fans que tienen un profundo nivel de detalle. También destaco la risa de Alfredo Rosso, que escuchaba atento en un rincón, arriba. El merecía estar sobre el escenario.


Foto: Twitter del Ministerio de Cultura de la Nación.

viernes, 30 de junio de 2017

Puro presente

(Lula Bertoldi sobre el escenario del Luna Park. Foto de Manuel Rodríguez Velo, Facebook Eruca Sativa)

En menos de una semana, Eruca Sativa, El mató a un policía motorizado y Los Espíritus realizaron siete recitales en la Ciudad de Buenos Aires. Cinco fueron con entradas agotadas, uno ante más de seis mil personas. Todos sirvieron para presentar nuevas canciones y confirmar que el rock argentino post Cromañón ya no es una promesa a futuro sino una realidad cada vez más popular.

El jueves 22, Eruca llenó el estadio Luna Park para presentar Barro y Fauna, su cuarto disco de estudio. Fue una actuación impecable plagada de invitados que no eran necesarios. El grupo bancó la parada con sus propias herramientas. Se destacó la capacidad vocal de Lula Bertoldi, que con sólo una nota sostenida hasta lo imposible en “Amor ausente” fue capaz de resumir todo lo que ofrece el power trío: polenta, virtuosismo y versatilidad.

Los artistas invitados sirvieron para que la noche tuviera un clima de celebración y para abrir diferentes puertas. David Lebón subió para hacer dos canciones de Seru Giran (“Noche de perros” y “Seminare”) y dar la bendición del bronce. El cruce con Abel Pintos probó que Eruca va más allá del gueto y apunta hacia la masividad que no reconoce dogmas. El guiño a la generación actual del rock argentino se dio en la versión de “Haku Malvin: El Visitante”, con un coro liderado por Gustavo Cortés, de Sig Ragga, y conformado por Barbi Recanati (Utopians), Luciana Segovia (Cirse), Julián Baglietto (Huevo), Nicolás Alfieri (Todo Aparenta Normal), Larro Carballido (Más que Uno), Luciano Villacé (Bigger), Luciano Farelli (Parteplaneta), Mariana Bianchini, entre otros.

                                         

Mientras Eruca representa el camino clásico del grupo profesional de rock, lo de El mató puede verse como lo opuesto. De la mano de una discográfica y gracias a un trabajo constante, el trío cordobés no para de crecer dentro de un marco estándar. Los platenses logran lo mismo desde el sector independiente y van más allá: sintonizan con la época y la redefinen.