viernes, 7 de julio de 2017

La mirada de Martí

(Charly García)

Yo no me considero un artista, vamos a empezar por ahí. Me considero un trabajador de la fotografía. Alguien que ha aprendido un oficio, que es sacar una foto correcta. He tratado de aportar humildemente mi cuota de inspiración, mi mirada. Después tuve la suerte de que mi trabajo se iba retroalimentando con la gente con la que tuve la posibilidad de poderme relacionar. Porque no solamente trabajé para Luis. Trabajé para un montón de gente dentro del mundo del rock y con cada uno de ellos se arma una química donde el artista te hace una propuesta y vos también proponés. 

Uno empieza en un lado pero resulta que después terminas en un lugar que no estaba planteado de entrada ni en pedo. Pero eso fue el devenir de ir elaborando una idea, un pensamiento, y ver para qué lado lo llevamos. Siempre pasa eso, hoy me pasa eso, no era que me pasaba hace cuarenta años. Vos venís y me decís, che, vamos a hacer un libro sobre Buenos Aires. ¿Y qué hacemos? Vamos a empezar a fotografiar los bares. Y resulta que después te das cuenta de que por ahí es más interesante empezar a meterse en la casa de la gente y que es más interesante cuando el tipo abre el placard y empezás a ver los recuerdos que tiene guardados. Al final terminás en cualquier lado. Para eso se necesita que te interese lo que estás haciendo. Que sientas pasión. Cuando no hay pasión en las cosas no hay nada para contar. Te doy un ejemplo rápido: cuando se hizo la tapa de Durazno sangrando, el durazno lo hizo Luis en su casa. ¡Se puso a hacer el durazno! Ese durazno que aparece en la foto, apoyado en el piso, que hoy por hoy es una pelotudez que con el Photoshop va a quedar mejor, más iluminado y con colores más potentes, lo hizo con yeso. Lo pintó. Había una cuestión artesanal. Es decir: hagámoslo contra viento y marea.



Los orígenes míos con la fotografía se remiten a 1965, 1966. El recuerdo que tengo es haber hecho un primer curso en el Foto Club Buenos Aires, que estaba en ese edificio icónico que es el Pasaje Barolo. Tenían un gabinete muy grande, lleno de ampliadoras para poder copiar fotos. Ahí arranqué a tomar los primeros conocimientos de fotografía. Me acuerdo de quién fue mi profesor, Julio Maubecin. Me enseñó a revelar rollos, a copiar fotos. Estuve dos años. En ese momento, la fotografía fue una inquietud que tenía, una curiosidad. Hay que entender que ahora hay herramientas que están muy al alcance de todos. Cualquiera tiene una cámara en un teléfono. Pero había una época en que no era tan normal tener una cámara fotográfica ni tener determinados tipos de conocimientos en la fotografía. Había gente que tenía cámara pero no era una cosa tan masiva.

Nací en el 50, cumplo años el 9 de agosto. Nací bajo el signo de Leo. Provengo de una familia de trabajadores. Mi padre era técnico textil. Tengo la suerte de que a mi madre todavía la tengo viva, tiene 97 años. Somos de la República de Mataderos. Fue una infancia muy linda, sin necesidades. Nunca nos sobró ni nos faltó. Podemos decir que éramos peronistas en el sentido más avanzado de lo que era el peronismo, que era todo lo que eran las reivindicaciones sociales, los logros, los avances económicos para la gente. Según lo poco que yo entiendo de política, el gobierno de Perón aportó un montón de avances. El día que bombardearon la Plaza de Mayo mi padre había ido a hacer un trámite al centro. Se salvó de pedo de que lo mataran.

Viví un montón de años en Mataderos, como veintipico. Y todavía voy porque la tengo a mi madre ahí. Tengo un hermano mayor, Alejandro, que tiene cinco años más que yo, también periodista, ya jubilado. Creo que tuvo un paso breve por Editorial Perfil, pero casi toda su carrera la hizo en el diario Clarín. Trabajaba en Información General. Gracias a él entré a trabajar en el laboratorio de Editorial Abril, que era una empresa como es hoy Editorial Atlántida, La Nación o Perfil. Escribía gente muy importante. Publicaban las revistas Panorama, Siete Días, Claudia, Vosotras. Era el medio de la familia Civita, gente muy preparada, que le dio gran prestigio al periodismo en esa época. Estaban Tomás Eloy Martínez, Miguel Briante, Jorge Di Paola, un montón de gente de otra época. Grandes plumas. El periodismo era otra cosa, muy distinto a lo que es ahora. Entré como laboratorista raso: revelar y copiar fotos fue mi primer trabajo profesional. Recibía los rollos que traían los fotógrafos, los revelábamos, hacíamos planchas de contacto, la plancha iba a la redacción, elegían las fotos, eso volvía al laboratorio, nosotros copiábamos el panel y lo entregábamos. Para mí fue como una beca, porque me pagaban un sueldo y me estaban formando. Era como un instituto donde te pagan por aprender. Fue la posibilidad de unir lo que ya se presentaba como una vocación, que era la fotografía, y el sustento. Eso pasó en una etapa de mi vida muy difícil, porque había muerto mi padre y el único que se había independizado hasta ese momento era mi hermano. Mi madre y yo dependíamos del sustento que aportaba mi viejo y cuando desapareció vivimos dos años bastante difíciles hasta que yo también pude tener ese empleo y enderezar un poco el barco. Yo tenía veinte o 21 años. Después me pasaron al Departamento de Fotografía ya como fotógrafo. Estuve como cuatro años para que me pasaran. Y mientras tanto hacía fotos para Invisible, ya trabajaba para algunas bandas. Le hacía fotos al grupo El Reloj.

Las primeras fotos las hice en el festival Pinap, en esos primeros festivales de rock. Pero sacaba fotos por la mía, no era un profesional ni mucho menos. Lo hacía de puro fan, porque me gustaban esas canciones y me motivaban, me emocionaban y me sentía identificado. Aparte, pensá que el mundo era bastante formal fuera de esos ámbitos. Hay una cosa en internet, buscala, a ver si la encontrás. Es un especial que preparó la TV Pública en esa época: “Qué piensan los argentinos de los hippies”. Te vas a mear de la risa. Era una megaproducción, iban hasta Bahía Blanca entrevistando a la gente por la calle. Es una cosa tan divertida. Buscala porque no se pueden creer las opiniones de la gente. Decían de todo: estaban los hiper formales hasta los que empezaban a vislumbrar que eso representaba un cambio dentro de la sociedad. Cosas que hoy nos parecen risueñas pero que en esa época eran como un debate. Se estaba modificando la mirada cultural.

                    

En el festival Pinap tocaban Almendra, Manal, La Barra de Chocolate, Conexión N° 5, Moris, Pajarito Zaguri, todos los músicos de esa época. Todo era aprendizaje en ese momento y la gente era una esponja. Ojalá yo siga siendo una esponja hasta el día que me muera. Creo que uno nunca termina de aprender. El día que sentís que ya aprendiste todo lo que tenías que aprender me parece que estás cagado.


miércoles, 5 de julio de 2017

Links para todos y todas

Son tiempos vertiginosos, urgentes (?). Cumplimos el sueño de nuestros padres y hermanos mayores que debían conformarse con ir a escuchar un vinilo en el Winco del vecino. Hoy tenemos todo al alcance. Pero en lugar de entrarle a toda la discografía de Frank Zappa, como habíamos jurado internamente aquella tarde de fines de los noventa mientras leíamos esas reseñas de discos que no podíamos conseguir, nos ahogamos en un mar de información y terminamos pelotudeando en Facebook.

No importa, Frases Rockeras es servicio y te acerca algunos links interesantes que se publicaron recientemente y en los que vale la pena detenerse.

sábado, 1 de julio de 2017

Rastros de una charla poco difundida

Greil Marcus pasó por Buenos Aires. El periodista estadounidense, una leyenda viva de la crítica cultural con anclaje en el rock, brindó una entrevista abierta en la Biblioteca Nacional este viernes 30 de junio.

A las seis de la tarde, hora prevista para el arranque de la entrevista, apenas un tercio del auditorio Jorge Luis Borges estaba cubierto. Evidentemente, los periodistas inflamos todo. Hasta nuestros miedos. En la previa, más de un colega confesó haber llegado temprano para no quedarse afuera. Lo cierto es que el evento se difundió mucho en el micromundo de redes sociales del periodismo especializado y muy poco en… bueno, en todos los demás lugares. Apenas un rato antes aparecieron entrevistas en Infobae y en Rolling Stone. Lo cierto es que todo se armó a las apuradas para aprovechar que Marcus anda por el país, acompaña a su hija, que realiza un trabajo sobre la cultura y la comunicación durante la dictadura de Videla, y pasea por distintos lugares, como las Cataratas del Iguazú. En consecuencia, sólo se acercó el núcleo duro del ñoñaje.

La entrevista fue realizada por Pablo Strozza, que preguntó sobre Lester Bangs, Bob Dylan, Trump, el rock no anglo, entre otros temas, que no fueron demasiados, ya que Marcus contestó de manera generosa y consumió buena parte del tiempo disponible.

Contó una anécdota con Dylan: dijo que lo conoció en el 63, cuando Bob tocó junto a una cantante oriunda de la misma ciudad de Marcus. Ella los presentó. Después del concierto, Marcus se acercó y lo felicitó. El Nobel contestó: “Fue una mierda, loco. Una mierda”. Sobre Lester Bangs dijo que era un hombre que amaba las drogas y la música, especialmente la música. Que era capaz de reseñar todo lo que escuchaba. De él también recordó un episodio gracioso: Lester salía con una chica que tocaba en una banda. Una noche, la banda fue a tocar a un típico baile de graduación estadounidense. Se la pasó parado en un rincón, aburrido, hasta que comenzó a escribir en su mente una reseña sobre la fiesta. De pronto, ya poseído por el cronista, encaró a una vieja que hablaba a pocos metros con otra persona y le dijo: "¡Señora! Soy Lester Bangs, estoy cubriendo este baile para la revista Creem y me gustaría saber de qué está hablando".

En su estadía en Buenos Aires, Marcus fue a desayunar todos los días a un bar de Palermo que, contó, sólo pasaba “rock británico de 1966", algo que lo sorprendió. Quizás Greil se quede afuera de esta certeza, pero todos sabemos que eso sucede sólo en el barrio que supo tener pintadas de La Armada Cósmica. Además, destacó que el taxista que lo llevó ayer por la ciudad escuchaba un compilado de Lennon. Explicó que no se animaría a escribir sobre rock de países como Alemania, Francia o incluso Argentina porque no se considera preparado, porque no está obligado a escuchar todo. Argumentó que no conoce lo suficiente y que sencillamente no podría captar lo que transmiten esas canciones de origen extraño.

La gente que preguntó hizo foco sobre la obra de Marcus: metodología, muchas referencias a Rastros de carmín, su libro más emblemático. El traductor no era del palo pero laburó como condenado: escribió como un poseso para traducir en tiempo y forma. Strozza lo corrigió un par de veces, como cuando dijo cosas como "entonces Lester Bangs escribió sobre Eme Ce Cinco” (por MC5) o "Bob Dylan realizó Las Grabaciones del Sótano con La Banda” (en lugar de The Basement Tapes y The Band).

Algunas de las ideas que más me quedaron: hay que escribir lo mejor posible, sobre lo que a uno le guste, sin pensar en cosas como el poder de los críticos o el alcance de los textos. Que YouTube es lo que más lo seduce para escuchar música, especialmente los compilados armados por fans que tienen un profundo nivel de detalle. También destaco la risa de Alfredo Rosso, que escuchaba atento en un rincón, arriba. El merecía estar sobre el escenario.


Foto: Twitter del Ministerio de Cultura de la Nación.

viernes, 30 de junio de 2017

Puro presente

(Lula Bertoldi sobre el escenario del Luna Park. Foto de Manuel Rodríguez Velo, Facebook Eruca Sativa)

En menos de una semana, Eruca Sativa, El mató a un policía motorizado y Los Espíritus realizaron siete recitales en la Ciudad de Buenos Aires. Cinco fueron con entradas agotadas, uno ante más de seis mil personas. Todos sirvieron para presentar nuevas canciones y confirmar que el rock argentino post Cromañón ya no es una promesa a futuro sino una realidad cada vez más popular.

El jueves 22, Eruca llenó el estadio Luna Park para presentar Barro y Fauna, su cuarto disco de estudio. Fue una actuación impecable plagada de invitados que no eran necesarios. El grupo bancó la parada con sus propias herramientas. Se destacó la capacidad vocal de Lula Bertoldi, que con sólo una nota sostenida hasta lo imposible en “Amor ausente” fue capaz de resumir todo lo que ofrece el power trío: polenta, virtuosismo y versatilidad.

Los artistas invitados sirvieron para que la noche tuviera un clima de celebración y para abrir diferentes puertas. David Lebón subió para hacer dos canciones de Seru Giran (“Noche de perros” y “Seminare”) y dar la bendición del bronce. El cruce con Abel Pintos probó que Eruca va más allá del gueto y apunta hacia la masividad que no reconoce dogmas. El guiño a la generación actual del rock argentino se dio en la versión de “Haku Malvin: El Visitante”, con un coro liderado por Gustavo Cortés, de Sig Ragga, y conformado por Barbi Recanati (Utopians), Luciana Segovia (Cirse), Julián Baglietto (Huevo), Nicolás Alfieri (Todo Aparenta Normal), Larro Carballido (Más que Uno), Luciano Villacé (Bigger), Luciano Farelli (Parteplaneta), Mariana Bianchini, entre otros.

                                         

Mientras Eruca representa el camino clásico del grupo profesional de rock, lo de El mató puede verse como lo opuesto. De la mano de una discográfica y gracias a un trabajo constante, el trío cordobés no para de crecer dentro de un marco estándar. Los platenses logran lo mismo desde el sector independiente y van más allá: sintonizan con la época y la redefinen.

sábado, 24 de junio de 2017

¿De dónde salieron ustedes?

(Perro Ciego. Foto: Carolina Vera)

El rock de las provincias sufre la costumbre argentina de decir no. En un país centralista, lo que no pasa primero por Buenos Aires es ninguneado por propios y extraños. Sin embargo, existe una tradición de bandas en todas las regiones. Cada una tiene influencias diferentes. Les cantan a cosas distintas y se alimentan de sonidos y palabras particulares que forman pequeñas historias dentro de la gran historia.

Muchas de estas escenas gozan de un salto de calidad que las ha hecho crecer y proyectarse pero, en general, todavía sufren los padecimientos del amateurismo. Sin embargo, les alcanza para formar parte de la reinvención de todo el rock argentino, que apunta hacia los movimientos independientes y comienza a conformar una red federal de grupos difundidos de manera online. En 2015, la Guía REC calculó más de cuarenta sellos de gestión colectiva que engloban más de 300 proyectos en todo el país.

Cada vez con mayor frecuencia aparecen publicaciones que dan cuenta de esos caminos recorridos. La más reciente quizás sea el libro “Rock en Misiones. Canciones con historia”, de Lara Schwieters, que se publicó hace pocas semanas. Y hay varios ejemplos más. En 2015 aparecieron “Viaje eterno. Antología de letras del rock jujeño”, de Edgardo Gutiérrez; y “Estabas ahí”, de Tony López, la biografía de Perro Ciego, una excelente banda salteña que en julio cumplirá 28 años.

               

viernes, 19 de mayo de 2017

Llévame a un lugar con parlantes

(Neto, de Misiones)

De alguna manera, el Taragüi Rock aplica la táctica del Caballo de Troya musical que necesitan las escenas de las provincias. Esto es, poner algunas bandas de gran convocatoria encabezando la grilla para atraer al público y así meter en un escenario excelente a un montón de grupos regionales que tienen poca difusión.

La quinta edición (12, 13 y 14 de septiembre de 2014) se realiza, como siempre, en el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, y resulta toda una señal por parte de la organización: el festival de rock de la región se hace en el escenario más importante de la provincia, donde en enero se hará el encuentro “mundial” de chamamé.

En 2013 había sucedido algo curioso: lo más atractivo del festival había estado en las bandas regionales. En conocerlas y escucharlas. Muchas de ellas tenían más para decir que los grosos nacionales que cortaban tickets. En esta edición, la cosa viene más o menos parecida.

El Taragüi Rock tuvo una etapa previa en la que 136 bandas de Corrientes, Chaco, Misiones, Formosa, Mendoza y Buenos Aires, se inscribieron para poder participar. Compitieron durante dos jornadas realizadas en el club Boca Unidos. Finalmente, la grilla quedó conformada por 26 grupos, entre músicos megafamosos, invitados de la región, Paraguay y Brasil, y los ganadores de esa doble competencia.

Organizado por el Instituto de Cultura de la provincia de Corrientes, el festival busca hacer lugar a las bandas locales, que en muchos casos vienen tocando desde hace tiempo sin lograr demasiada difusión. Integrar musicalmente a la región es un propósito explícito. Lo dicen sus organizadores.

El Cocomarola posee un escenario grande, con un sonido excelente y buena puesta. Con entradas accesibles (100 pesos los dos primeros días, 120 el domingo), los correntinos y chaqueños (Resistencia está a diez minutos en auto, apenas cruzando el puente) tienen un festival para destacar.

miércoles, 17 de mayo de 2017

El magnetismo

En la introducción a su último libro, Simon Reynolds se refiere al glam con claridad y precisión suficientes como para que el lector se pregunte de qué diablos va a hablar en las 680 páginas restantes. Para los no iniciados, ese texto es más que suficiente: el periodista inglés brinda el panorama general de un movimiento que en unos años “resumió el espíritu de una época” y “se extinguió poco antes de la explosión del punk”. Lo mejor viene después. Como un golpe de rayo: el glam y su legado, de los setenta al siglo XXI (Caja Negra Editora) es un análisis exhaustivo, definitivo, abrumador e imprescindible sobre el género. Contiene doce capítulos que abarcan inicio, furor y decadencia del glam y una sección de textos cortos que reflejan los “ecos” producidos desde 1975 hasta 2016.

Como la mayoría de los periodistas, Reynolds tiene problemas a la hora de sentarse a escribir. “Sería un error decir que soy disciplinado, porque la verdad es que paso mucho tiempo posponiendo el momento de la escritura”, decía en 2013. En la misma entrevista, contaba que la cantidad de horas que había “perdido en internet” era “terrible”. “Podría haber escrito mucho más si tuviera la habilidad de enfocarme mejor”, agregaba.

Por suerte, a Reynolds a veces le agarran ataques de responsabilidad. En Como un golpe de rayo escribe muchísimo. Lo que haga falta. Por ejemplo, dedica dos páginas y media para explicar por qué Lou Reed tituló Berlin al disco de 1973. En el capítulo 6, dice: “Acaso el mejor modo de ocuparse de Roxy Music sea escribir acerca de ellos dos veces, hablar de los mismos individuos e incluso de las mismas canciones desde dos ángulos distintos”. ¡Y lo hace!

Para Reynolds, Roxy Music es uno de los dos elementos que conforman el “alto glam”, lo más refinado del género. El otro es David Bowie, que además funciona como columna vertebral a través del relato de la mayoría de sus trabajos e influencias. “En este libro, la palabra glam es una denominación elástica que se atribuye a todos los candidatos obvios, pero también a algunas figuras del pop y el rock teatral que no necesariamente aparecen entre los sospechosos de siempre”, dice el periodista. Entonces, Como un golpe de rayo presenta análisis y biografías de personajes como Marc Bolan, Alice Cooper, Iggy Pop, Gary Glitter, New York Dolls, Queen, The Sweet, Slade, Wayne County, Mud, Mott the Hopple, Suzi Quatro y Cockney Rebel, entre muchísimos otros.

Reynolds también deja claro que el glam se trató de una farsa pragmática de tipos que ya no sabían qué hacer para trascender. “El glam llamaba la atención sobre su propia falsedad”, dice, y afirma que el libro trata sobre “el poder de la ficción”: manipuladores, estrategas del entretenimiento que cambiaron la cara del rock y la de ellos mismos.

Oscar Wilde es mencionado en el libro como el “primer filósofo del glam”. Reynolds cita a Lord Henry, de El retrato de Dorian Gray, quien aseguraba que “ser natural no es más que una pose, y la más irritante que conozco”. Para Wilde, el arte debía ser “un velo más que un espejo”. Estaba en contra del realismo, una postura muy apropiada para el comienzo de los setenta, ideal para diferenciarse de los mandatos de los últimos años de la década anterior, que exigían coherencia, buscaban la verdad interior y promulgaban valores anti espectáculo. Los creadores del glam se dieron cuenta de que tenían que pararse en la vereda opuesta. Empezaron a actuar, a personificar héroes rockeros capaces de dominar el mundo a través de sus canciones. Se convirtieron en ilusionistas que disfrazaban su propuesta hasta lograr un espectáculo mágico y magnético.

Actuaban hasta en las entrevistas. Bolan y Bowie mintieron en varias oportunidades frente a los periodistas con tal de alimentar el mito. Eran personajes que derrochaban carisma, seducían todo el tiempo, incluso cuando todavía no habían encontrado el rumbo definitivo. Según uno de los testimonios del libro, Bowie “tenía el look de un ídolo mucho antes de haber alcanzado el sonido”.