martes, 8 de diciembre de 2015

Vale la pena la leyenda del futuro


Quedó en el imaginario que Los Redondos no tenían nada que ver con su público. No fue tan así. Durante los 23 años que duró la banda, los músicos y “la gente” se encontraron y se alejaron, como esas relaciones enfermizas repletas de peleas y reconciliaciones constantes.

En los primeros años, a partir de 1978, mientras Patricio perdía la forma humana y Los Redondos buscaban su camino, el público estaba conformado por amigos de los músicos, amigos de amigos, periodistas avispados y quienes se sentían atraídos por una propuesta diferente: teatro, monólogos y un rock distinto al que se podía encontrar en los circuitos más conocidos de la época. Como escribió Alfredo Rosso en una Rolling Stone de 1999, era “una amalgama ecléctica de la clase media porteña y bonaerense de los años 70” que en esos espectáculos encontraba “todo aquello que faltaba en la negra noche del proceso: sexo, humor, alegría, reflexión”. Además, el Indio, Skay, Poli y el resto de la banda eran lo suficientemente jóvenes como para tener la misma edad que sus seguidores. Todo eso los acercaba.

Cuando el tramo musical quedó afianzado y mientras el costado teatral mantenía un protagonismo que completaba el espectáculo, se dio el segundo acercamiento profundo. Eran los años del fin de la dictadura, la Guerra de Malvinas y el inicio de un nuevo período democrático. El público de esa etapa era mayor en número pero de la misma generación, por lo que manejaba los códigos de los comienzos y también podía, como decía “Pura suerte”, emborrachar el ritmo del maldito rock que Patricio Rey realizaba cada vez con mayor precisión. De esos años son canciones emblemáticas como “Qué mal celo”, “Nene Nena”, “Un tal Brigitte Bardot”, “Mariposa Pontiac”, “Superlógico” y otras.

A mediados de los ochenta, Patricio Rey empezó a editar discos y decantó en un evento musical novedoso desde el contenido pero convencional en la propuesta. El aspecto teatral llegaba a su fin y todo quedaba reducido a la banda tocando. El romance músicos/público se mantuvo dentro de las paredes de los recintos que los albergaban, pero ya no era un tesoro exclusivo para entendidos. Fue el momento en que surgió la primera generación de la corriente exiliada autodenominada “Ricoteros de verdad”, que continúa hasta nuestros días y se caracteriza por asegurar que todo tiempo pasado fue mejor, lo que genera la particularidad de tener miembros que repudian a los que se incorporan a sus propias filas.

En una entrevista publicada en 1988 en la revista Humor, Gloria Guerrero le preguntó al Indio si era verdad que unos pibes habían viajado desde Buenos Aires hasta Córdoba para poder asistir a uno de sus conciertos. Solari dijo que sí y agregó que era mejor eso a que se chorearan una moto de puro aburridos. Se venía algo distinto.

martes, 10 de noviembre de 2015

¿Se acabó el revelde?


A mediados de la década del noventa, el rock argentino más popular se alimentaba de la realidad para pintar un país que se caía a pedazos. Los obreros que fumaban impacientes en las letras de Manal se habían convertido en giles trabajadores que laburaban en negro, explotados por sus jefes, en padres de familia que no podían zafar de la rutina. Las empresas estatales se privatizaban, las fábricas cerraban. Pappo ya no podía ir con muchas ganas y felicidad al ferrocarril porque su vieja iba a la plaza con pancartas, a protestar contra la política neoliberal de Carlos Menem y Domingo Cavallo. Al mismo tiempo, los hijos de la clase media debilitada se agrupaban arriba y abajo del escenario bajo una misma premisa: todos somos iguales. No había diferencias entre músico y público. Si los poderosos marcaban desigualdades, el rock no iba a estar de su lado. Así surgieron (y triunfaron) bandas como Los Piojos y La Renga. También se consagraron grupos que tenían un camino más largo recorrido, como Divididos, que hablaba de una era de boludez, Las Pelotas (quizás los críticos más lúcidos y escépticos) y Los Redondos.

Fue precisamente Patricio Rey el abanderado del rock argentino de los años noventa. Con sus conciertos federales, cada vez más numerosos, arrastraban el sentimiento a todas las ciudades donde se presentaban. El rock del país se alimentaba de banderas en el corazón. Pero también de la bronca contenida, el desahogo y la frustración de una generación que se sabía aplazada. En esos años, el ricotero era un paria apaleado por la policía de cada provincia y transmitido en vivo por Crónica TV. El Indio Solari aseguraba que señalar a la banda como detonador de los incidentes que se solían provocar fuera de sus recitales era “una dosis de hipocresía muy grande”. Y apuntaba directamente a la situación social y económica que se vivía en la Argentina.

El bardo presagiaba una explosión mayor que llegaría en 2001 durante el gobierno de Fernando De la Rúa. Se veía venir en cada concierto masivo de Patricio Rey y también en las calles. O en la playa: allí fue donde los Bersuit Vergarabat se cruzaron al entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde y lo hostigaron con una improvisación que se volvió slogan: se viene el estallido. Era 1998 y el disco Libertinaje ayudaba a avivar el fuego. “Señor Cobranza”, el cover que hizo el grupo de Gustavo Cordera de la canción de Las Manos De Filippi, fue la punta de lanza del rock argentino contra el poder. La santísima trinidad del soundtrack combativo crossover se terminó de formar con la versión definitiva de “Se viene” y con otra canción publicada ese mismo año: “El revelde”, de La Renga.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cállense, putos

Es 1977 y Pink Floyd gira por el mundo presentando su disco Animals. La gente habla a los gritos. Roger Waters empieza a tocar la canción “Pigs on the wing”. No canta, apenas susurra, acompañado por una guitarra acústica. De repente, se escucha cómo explota un petardo entre el público. Entonces, Waters se embola y le dice a la audiencia (la traducción es libre):

“Uh, pero la puta madre, dejen de tirar petardos y de gritar, ¡estoy tratando de cantar una canción! O sea, no me importa, si no quieren escuchar váyanse a la concha de su madre. Estoy seguro de que hay un montón de personas acá que sí quieren escuchar, así que quédense en el molde. Si quieren tirar petardos, vayan afuera. Y si quieren gritar y hacer bardo, vayan afuera. Estoy tratando de cantar una canción que mucha gente quiere escuchar. Yo la quiero escuchar”.

Este audio tiene, de alguna manera, lo que en 1979 se transformaría en parte del concepto de The Wall: el artista enojado con su audiencia, que empieza a odiar el mundo del rock y crea una pared simbólica a su alrededor para aislarse de todos.

Esto con Pato Fontan** no pasaba.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Soledad y compañía

(Luca falleció en esta pequeña habitación. Fuente: acá)

“Libertad divino tesoro”, la biografía que escribió Oscar Jalil, supera las quinientas páginas y completa definitivamente la historia de Sumo. Cierra el grupo formado por los libros “Un ciego guiando a los ciegos” y “La jungla del poder”, el número especial de la revista Rolling Stone de 2002 y el documental de Rodrigo Espina. Trabajos esenciales para entender la vida y obra de Luca Prodan.

Más que escritor, Jalil hace de director. Ensambla testimonios, datos y artículos de publicaciones pasadas formando un trabajo enorme en el que todos dicen lo suyo. Como “Soledad y compañía”, el libro de la colombiana Silvana Paternostro sobre García Márquez, “Libertad divino tesoro” cuenta una vida de manera coral, con pocas intervenciones del autor, privilegiando las citas textuales que, en algunos casos, se contradicen entre sí.

El libro hace referencia a todos los mitos surgidos alrededor de la figura de Prodan y los profundiza desde la óptica de personas que estuvieron en el lugar de los hechos. Compañeros de banda, amigos, familiares, novias, músicos, vecinos, periodistas y fans de esos años construyen colectivamente la vida de Luca, tomándose el espacio necesario para detallarla. Así salen a la luz momentos que habían quedado guardados en el círculo íntimo y sirven para mostrar a un hombre mucho más frágil que lo que se creía, algo que siempre se insinuó y comenzó a tomar fuerza desde la edición de los discos Time Fate Love (1996) y Perdedores Hermosos (1997). En esas canciones previas a Sumo, Prodan mostraba una faceta de cantautor folk sensible. En “Libertad divino tesoro”, Luca no sólo es frágil, sino que es despreciado por sus pares y atormentado por fantasmas en medio de una soledad desgarradora, triste y decadente.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

God Only Knows



Ayer, 15 de septiembre, aproximadamente 850 mil personas participaron en la ciudad de Salta de la procesión en honor al Señor y la Virgen del Milagro. Una manifestación descomunal que se repite todos los años y es precedida por nueve días de oración, peregrinaciones y prohibiciones. Un evento que hace quedar a las misas ricoteras como bandas tributo que recién arrancan.

Durante la procesión, las dos imágenes, que durante el resto del año permanecen en la catedral, fueron paseadas por la ciudad, custodiadas por un cordón policial doble. Una pared humana que alejaba a la gente, que iba apretada y cagada de calor por los 34 de térmica. Del otro lado de la muralla, los políticos y representantes de la Iglesia caminaban sin apretarse, porque la fe también tiene campo VIP.

Antes de finalizar la jornada, el arzobispo Mario Cargnello les pidió a los salteños que sean responsables con el voto del mes que viene para las elecciones presidenciales. Habló de “la contaminación, la acumulación de la basura, el consumismo desenfrenado, el abuso del agua, la falta de agua potable para muchos lugares pobres y la destrucción de especies” que afectan “la biodiversidad” y que deterioran “la calidad de la vida humana y la sociedad toda”. Dijo que la problemática ambiental involucra a Salta y que “cuidar la belleza de nuestra provincia, como la del mundo entero, es un desafío que compromete también nuestra fe”. El mensaje de la máxima autoridad católica pareciera no ser compartido por la mayoría.