sábado, 21 de octubre de 2017

Nebbia - Pez: vamos haciendo

(Litto y Pez en la sala de ensayo de la banda, el lunes 28 de agosto de 2017)

Litto Nebbia y Pez se juntaron, ensayaron, tocaron, se coparon y grabaron. Parece simple, aunque contenga una carga energética que tiene cincuenta años de historia. El encuentro responde a una tradición y a una ideología del rock argentino que al mismo tiempo apunta al futuro. La independencia, el fuck you a las empresas, el hacelo vos mismo como algo cada vez más común. Hay influencias punks, ricoteras, spinetteanas, está la Expreso Imaginario, está el fanzine Resistencia de Patricia Pietrafesa, está el aguante épico de la disquería Mercurio ante la prepotencia de las multinacionales que te venden la basura que te pasan las mismas radiofórmulas de siempre: falsos artistas de chupín, de cara consumida por la merca, que confunden rock con pomeleada, tipos que alimentan el cinismo de los que ya no creen que el rock pueda servir para algo bueno, que fomentan la mofa de los que sienten que esa música es incapaz de engordar las mentes y sólo puede aspirar a aumentar las cuentas bancarias de label managers que chequean las palabras clave que más se retuitearon. No, amigos, no amigas: esto que grabaron Nebbia y Pez no es solamente un disco de versiones con algunos temas nuevos. Responde a un legado y será para siempre una influencia.

Pez es lo más parecido a eso que canta Massacre en “La octava maravilla”, donde Walas realza el valor simbólico del rock. El rock como bandera en alto contra todos los males de este mundo. ¿Acaso no es eso lo que transmite la banda en “1986”, una de las mejores canciones del disco Pelea al horror? “Es 1986, estoy solo y no sé bien qué hacer / No me gusta ir a bailar y no me interesa estudiar / Sólo quiero ir a ese antro una vez más a tocar”. El rock como única posibilidad. Ariel Sanzo, que aunque no quiera igual va a seguir siendo conocido como Minimal, siempre mantuvo cerca ese recuerdo, el de su formación. Cuando era joven ya lo tenía claro: “Eso que vos definirías distracción / Al fin de cuentas fue mi educación / Tapas de discos y pósters de la Pelo”, cantó allá por el 98, cuando todavía era el guitarrista veinteañero que había ayudado a cambiar el sonido de Los Fabulosos Cadillacs.

Si se lo preguntás, Ariel va a decir que no sabe de dónde salieron las canciones. Que no es escritor, que hace lo que puede. Que las escribe así nomás y listo, a cobrar en SADAIC. Pero esas cosas no se escriben en diez minutos. Aparecen después de años de discos escuchados, de recitales pogueados, de conciertos brindados, de, sí, pósters pegados y lectura de revistas que transmitan un poco de esa mezcla de sensaciones que aparecen cuando en un par de auriculares o parlantes suena al mango la música que amamos. En los pósters estaban Luis Alberto, Charly, los Manal, Abuelo, Luca, el Indio y Nebbia, el mismo que en la pequeña sala de ensayo de Avenida Rivadavia al siete mil y pico dijo no me hagan ensayar “La balsa”. Es que, muchachos, hay cosas que no se ensayan más. Hay cosas que se llevan adentro para siempre, que nunca más serán error.

Y hay que decirlo así, sabiendo que si el mundo perdona tantas injusticias también puede perdonar este brulote: el que no tiene en su discoteca un buen disco de Pez o de Nebbia no sabe nada de rock argentino. Pero resulta que las cosas se han simplificado: ahora Pez y Nebbia editan juntos a la par. El 1 de septiembre apareció Rodar, el disco que grabaron en colaboración a principios de este año.

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“Mi relación con él empezó cuando yo estaba grabando un disco solista que tenía un tema que se llama ‘Todo el tiempo que se va’. Un día me desperté y dije ‘¿y si lo llamo a Nebbia? Capaz que se copa y lo canta’. Le escribí y a los diez minutos me contestó”, recuerda Sanzo, voz y guitarra de Pez, parado exactamente al medio de la sala de ensayo del grupo, en el barrio de Flores. El flechazo provocó que Nebbia lo convocara para formar parte de La Luz, el trío que acompañó al ex Gatos durante la segunda mitad de la década pasada. Juntos grabaron los discos Danza del corazón, The Blues y El palacio de las flores, el álbum solista de Andrés Calamaro editado en 2006.

En diciembre del año pasado, Pez invitó a Nebbia a participar de un show en el Teatro Vorterix. Durante los ensayos se gestó la idea de Rodar. “Vino acá a ensayar con nosotros, le hicimos un recibimiento, una picada, y fluyó tan natural todo -sigue Ariel-. Estuvo re bien todo, vino al show de Vorterix y flasheó con la situación de nosotros como grupo humano. El grupo humano extendido de Pez: toda la gente que labura, viste, y el público también, que lo recibió embelesado. Me parece que se sintió cómodo con nosotros y al toque, a los quince días, me llamó: ‘Che, te quiero hacer una propuesta, no sé si va a haber un mango o qué, pero por lo menos nos vamos a divertir’. Y la propuesta era grabar este disco y hacer un par de shows. Así que le dijimos obviamente que sí inmediatamente y después grabamos el disco”.

Rodar tiene quince canciones, la mayoría de la etapa inicial de Nebbia, temas de Los Gatos que se mantienen como la faceta más popular del rosarino. “Hogar”, “Rock de la mujer perdida”, “Los días de Actemio”, “El rey lloró / Madre escúchame”, “No fui hecho para esta tierra”, “Lágrimas de María”, “Mujer de carbón”, “Soy de cualquier lugar”, “Cadenas y moneda” (de Huinca) y “La balsa”. También está “Pato trabaja en una carnicería”, de Moris, y dos piezas compuestas con Sanzo especialmente para este álbum: “Aromas de una esquina” y “Las palabras mágicas”.

“Logramos que el disco sea Nebbia Pez, logramos que el disco suene a Pez también, más allá de que nosotros somos mucho más ruidosos de lo que él acostumbra a tocar a nivel volumen y a nivel distorsiones. Logramos llegar a un lugar intermedio donde Litto estaba cómodo y seguía sonando a Pez”, explica Ariel.

El disco fue grabado en la sala de ensayo de la banda y en el estudio de Melopea, la discográfica independiente de Litto. En octubre aparecerá el vinilo. Antes, el 9 de septiembre, habrá una presentación en la Sala Lavardén de Rosario. El 14 de octubre se presentarán en la primera fecha del festival Barock, en Buenos Aires. “Creo que hacemos algo a fin de año acá en Capital -sigue Ariel-. Por lo pronto son esos tres shows. Después veremos si pintan más o si pinta seguir grabando cosas juntos. Alguien decía que hay cosas más de los setenta y ochenta que estaría bueno que las hiciéramos, y bueno, pueden venir en Nebbia Pez Volumen 2 (risas)”.

                                         


jueves, 12 de octubre de 2017

Vinieron a explotar

(La tapa de La síntesis O'Konor, de El mató a un policía motorizado)


Una pequeña y arbitraria lista de canciones del rock argentino 2017.

Usted Señalemelo - “Big Bang”
Disco: II
Los mendocinos ofrecen una mezcla de rock y pop que pareciera alimentarse de Soda y Los Redondos al mismo tiempo. El estribillo arrogante de esta canción sólo puede ser un buen augurio para el rock argentino que se viene y que ellos representan.

Degradé - “La casa abandonada”
Disco: Balneario
El segundo tema del nuevo disco de los rosarinos evoca a la infancia de los músicos. Las voces y la onda beatle la definen. “Quiero cantar lo que no está”, dicen. Pero esta canción está. Se nota tanto que no se puede obviar.

Charly García - “Lluvia” 
Disco: Random 
Hace varios años que Charly tira mierda contra la calidad del rock argentino actual. Sabemos que no tiene razón, pero cuando pela canciones como ésta es difícil pedirle que se calle.

Los Besos - “Helados verdes”
Disco: Helados verdes
No importa la duración de un disco. Cuando es bueno se vuelve infinito. Helados verdes, el breve álbum de Los Besos (seis canciones, 16 minutos) es uno de esos trabajos destinados a bancarse el repeat.

Pez - “Los días poderosos”
Disco: Pelea al horror
La explosión de voces cuando llega el verso "donde todo puede pasar" provoca el primer gran momento de esta canción con letra de Fabián Casas. El recitado del final le abre la puerta a la nostalgia.

Placard - “Flecha rota”
Disco: El disco robado 
El segundo álbum de la banda de Mike Barrenechea y Laura Carbajal tuvo un proceso difícil. La primera versión fue efectivamente robada. Pero las canciones quedaron. "Flecha rota" es una de las más lindas.

Los Espíritus - “La mirada”
Disco: Agua ardiente
Hace tiempo que no aparecía una banda con la capacidad de conformar a casi todos y con la popularidad como un cheque en blanco. Los Espíritus se recibieron del grupo que hay que ir a ver, el que mejor refleja la época. “El pasaje salió el doble y ninguno dijo nada”. La tensión antes de la paliza.

Pez - “1986”
Disco: Pelea al horror
El rock, laberinto privado, maravilla del mundo, que nos protege y nos reúne ante lo malo que anda ahí afuera. Que nos hace creer que nuestros proyectos de vida pueden ser posibles. Que te educa desde una ideología que hoy parece haber sido convertida en negocio pero que en realidad está ahí, siempre lista para que la usemos a nuestro favor y no para beneficio de os garcas.

Boom Boom Kid - “Aloha bohemia”
Disco: El disco del invierno
El disco del invierno, el segundo que BBK publica este año, es de lo más hitero que se publicó. Aquí, un ejemplo de estribillo irresistible.

El mató a un policía motorizado - “El mundo extraño”
Disco: La síntesis O’Konor
“Sé que es lo peor pero ésta es la mejor versión de mí”. Si usamos la frase de la canción para describir el disco, tenemos mentiras y verdades. “El mundo extraño” es la mejor versión de lo mejor de El mató, otra banda de esta lista que no tiene techo.

Luciana Tagliapietra - “Un monstruo”
Disco: Kawaii 
La tucumana se pasó al pop electrónico y la colgó en el ángulo. Un disco de canciones de amor y desamor dramático y exagerado (“otra vez estoy inestable”,  “enferma, tirada y llorando en la plaza, te vi”) que está entre lo mejor del año.

El Estrellero - "El deseo de fascinar" / "Desventajas"
Disco: Los magos
La banda platense es de las que uno no entiende cómo no suenan en todos lados, todo el tiempo. El primer corte, "El deseo de fascinar", es súper entrador y tiene al guitarrista Alejo Klimavicius al frente. En la segunda canción, el que lleva las riendas es el bajista Juan Irio. 

 

viernes, 6 de octubre de 2017

La cultura de la ausencia

Sábado 15 de julio de 2017. Buenos Aires tiene un clima horrendo, feo, como el de un país gobernado por Cambiemos. Llovizna y el viento helado que parte la cara en dos invita a encerrarse. Algo de eso hacen los músicos de Catalinatom en los míticos Estudios Panda. El grupo pampeano se encuentra en la segunda jornada de grabación de su primer material en diez años.

El cantante Juan Ignacio De Pian está en el estudio, frente al micrófono. El guitarrista y productor Mauricio Flores está sentado en la consola junto al ingeniero Néstor Tinaro. Atrás se amontona el resto de la banda: el guitarrista Chelo Porcel, el bajista Willy Viek y el baterista Lucas Manera. La escena es conocida: músicos en el sillón con la cabeza sobre el respaldo. Otros de pie. Con los ojos cerrados o la mirada perdida. Todos cansados. Todos concentrados. Todos escuchando cómo avanza la grabación.

Es la toma dos de voces principales para “Tal mar”, una de las dos canciones que graban en estas sesiones. Luego llegará “Natural”. Juan pide “media toma”, quiere arrancar a cantar a la mitad de la canción para dar más aire a su interpretación. “Dale lo que pide”, se entusiasma Chelo. Mauricio habla con Tinaro y acceden. Antes de la cuarta toma se juntan todos a escuchar para corregir detalles. Juan vuelve al estudio, arranca de nuevo. “Pará, pará, se me escapó un pollo, venía re concentrado”, se queja. Quinta toma. A esta altura, es un lugar común decir que las guitarras son como una ruta asfaltada donde la voz se mueve con comodidad. Es que no hay dudas, este folk rock suena bien.
             
                                           


lunes, 11 de septiembre de 2017

"Trump creó una burbuja de fantasías"



El crítico inglés Simon Reynolds está en la Argentina. El fin de semana pasado se presentó en la ciudad de Córdoba y este martes 12 va a estar en Buenos Aires. Va a dictar una "clase magistral" sobre la relación entre el rock y el mundo del espectáculo llamada "Todos están en el show business". El evento se realizará en el Centro Cultural San Martín, a partir de las 19 horas.

Aquí, Reynolds se explaya sobre su reciente libro Como un golpe de rayo, en el que aborda la historia del glam rock y sus consecuencias. La entrevista se hizo vía correo electrónico a mediados de agosto. Se publicó en La Agenda la semana pasada. Por una cuestión de espacio, sólo pude incluir un fragmento de las generosas respuestas que mandó (¡nueve páginas de Word!). Acá la comparto completa.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Los días poderosos

(La Feria del Centro reunió a distintos sellos y editoriales. Foto: Facebook Discos del Saladillo)

Jueves 7 de septiembre

Empiezo el taller “Cómo encontrar poesía en el motor de un auto”, dictado por Fabián Casas en la Biblioteca Nacional. Una actividad gratuita que convocó aproximadamente a 300 aspirantes que nos inscribimos online durante el mes de agosto. Finalmente, quedamos unas cincuenta personas seleccionadas por orden de llegada virtual. Algunas, según cuentan durante la presentación general, ya participaron en ediciones anteriores del taller y ahora reinciden. Casas aprovecha su experiencia para pedirles que cuenten un poco de qué se trata todo esto que nos reúne.

Casas escribe como habla. O habla como escribe. Usa las mismas palabras y expresiones que luego vuelca en los textos. Su manera de llegar a la cuestión es ejemplificar, recordar episodios y películas, comparar la escritura con todo tipo de actividades y tirar nombres de escritores como un kiosquero con Rapipago cobra las boletas durante la primera semana de cada mes. No para. En una hora y media habla de Ricardo Zelarayán, James Joyce, Tolstoi, Martín Rejtman, Borges, Arlt y más. Nos alienta a liberarnos de la influencia. A romper con el mandato. A usar la escritura en función de lo que queremos contar. Al final nos da una consigna para la próxima clase y nos recita poemas de Mariano Blatt y Daniel Durand. El de Durand me encanta. Se llama “Nunca escribiré un poema sobre Los Beatles”:

Un día un amigo me contó
que los Beatles tenían tanta plata
que podían comprarse una ciudad como Concordia
con todo lo que había adentro.
Dos noches estuve sin poder dormir
pensando que en cualquier momento se venían los Beatles
a comprar la ciudad con todo lo que había adentro.

Viernes 8  

Son las 7.30 de la mañana y estoy en la terminal de Retiro. Hace cinco minutos tendría que haber empezado el viaje hacia Rosario pero los trabajadores la UTA están de paro desde las doce de la noche. Tengo que viajar para participar de la primera Feria del Centro, que se realiza desde ayer y se extenderá hasta el domingo 10. Cuatro jornadas en las que se unen las industrias culturales de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Pero no hay bondis. Me cabe por vivir en país macrista.

Para el mediodía la cosa ya está solucionada. Viajo en auto con dos rosarinos que me cuentan los entretelones de la escena del rock de Rosario. Nada nuevo: grandes bandas que se separan, internas boludas regidas por el ego que divide a los que podrían hacer cosas juntos, falta de lugares para tocar, público que prefiere ver bandas tributo, productores inescrupulosos y garcas, gente vendehumo. La escena rosarina carga con las mismas taras que las de las demás ciudades del país. Al menos en este viaje.

Llegamos a las tres de la tarde. A las cuatro tiene que arrancar la charla "El rol del periodismo en las escenas locales", una actividad en la que tengo que comentar mi experiencia como periodista que cubre el rock de ciudades que no tienen una industria montada alrededor. También van a participar los periodistas Lucas Canalda, ex Rock & Pop y Radio Metro de Rosario, actual hacedor del excelente sitio Rapto; y el cordobés Rodrigo Piedra, de Indie Hoy. Va a coordinar todo Andrés Conti, del sello rosarino Discos del Saladillo. Conti, también periodista, escribió hace poco un artículo en el que analiza la actualidad del rock rosarino y llega a esas conclusiones comunes que me habían comentado en el auto.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Messi es arquero


Este viernes 8 a las 16 horas voy a estar en Rosario para participar de la charla "El rol del periodismo en las escenas locales", una actividad que se va a desarrollar dentro de la Feria del Centro.

Con los periodistas Lucas Canalda (Santa Fe) y Rodrigo Piedra (Córdoba) vamos a hablar un poco sobre cómo hacer desde los medios regionales para ayudar al crecimiento de las escenas musicales. Una eterna pregunta que encierra otras. ¿El periodismo sirve para dar a conocer a los artistas? ¿Los medios conocen a las bandas de sus ciudades o sólo se fijan en lo que se amplifica desde Buenos Aires? ¿Qué hacemos mal como comunicadores? ¿En qué acertamos? ¿Qué podrían hacer los grupos para mejorar su difusión? De todo eso y mucho más vamos a parlotear. Va a coordinar Andrés Conti, de Discos del Saladillo.

Para conocer la programación completa de la Feria, clic acá.

¡Los/as esperamos!

lunes, 4 de septiembre de 2017

Fuimos reyes

Danza Mogo (1988), debut de Proceso a Ricutti, uno de los grupos más exitosos de los ochenta

Se estrenó la segunda parte de Radio Roquen Roll, el documental de Martín Carrizo que refleja la historia del rock cordobés. Este nuevo trabajo se basa en lo ocurrido entre los años 1985 y 2001 y pone el foco en el ascenso y en la caída de las bandas que tuvieron su mejor momento en el fin de la primavera alfonsinista.

Cada vez que uno se topa con un trabajo profundo que rescata a bandas que no tuvieron trascendencia nacional o no se mantuvieron a través del tiempo en los medios de mayor alcance, pasa lo mismo. Uno se pregunta ¿y éstos de dónde salieron?, como dicen que hizo Sandro después de ver a unos músicos mendocinos que le pasaban el trapo.

En realidad, las bandas desconocidas por nosotros, hijos del centralismo que todavía nos domina, no tienen la culpa de esa reacción. Ellas siempre estuvieron ahí. En los últimos años, cada vez se visibilizan más.

Radio Roquen Roll muestra una escena que tuvo muchos vaivenes, como todas las de las provincias. Pero el rock de Córdoba en particular tiene (¿tuvo? ¿tendrá?) un caudal de grupos sumamente fuertes que marcaron una época y, al menos, a una generación de cordobeses. Es el caso de los músicos que coparon la movida a mediados de los ochenta. De la mano de festivales como el Chateau Rock y una buena difusión a través de los medios, el rock de Córdoba, por un ratito, fue consumido por todos y todas.