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miércoles, 23 de septiembre de 2020

No vayas al ingenio, la poesía proletaria de Manuel Castilla


En una entrevista realizada en 2016, la profesora de la Universidad Nacional de Salta Raquel Guzmán consideraba que la importancia de Manuel Castilla en el cancionero folclórico opacaba el resto de su obra. Decía que la poesía de crítica social del salteño es algo menos tenido en cuenta y ponía como ejemplo “el mundo del ingenio, el mundo del minero, de los obrajes, toda la parte de cómo está construida la sociedad en el noroeste argentino”.

Las situaciones que cada tanto se viven en lugares como El Tabacal, donde la policía suele reprimir con ferocidad las protestas de los trabajadores azucareros, dan cuenta de una realidad que existe desde hace décadas. A pesar de las luchas y las conquistas en esa zona desde la creación del ingenio en 1921, la relación desigual entre empresa y obreros continúa. Esto es algo que Castilla refleja en su poesía.

El poemario “Luna muerta”, de 1943, fue el segundo que Castilla publicó en su carrera como autor. Apareció cuando tenía 25 años. Está dedicado “a los indios del Chaco de Salta”. Se trata de una obra de fuerte contenido social, una pintura de los marginados. Castilla se pone del lado de ellos cuando escribe cosas como “Inocencio, mataco, / tiene seca la lengua / porque nunca habla nada, / ni cuando lo golpean (…) Inocencio es un vago / porque no acarrea leña / ni lleva tachos de agua / por una camiseta…”.

También habla de “Juan del aserradero”, que “se ha embriagado / y hace como dos horas que duerme en la vereda”: “Ayer, Juan ha cobrado / y en el bolsillo apenas si tiene una moneda”.

En “Matacos”, Castilla dice: “Los matacos no pueden trabajar y por eso / vienen desde la loma a vagar por el pueblo (…) Uno va al almacén y otro queda mirando / para ver si al primero le dan algún mandado”.

Castilla ve más allá. Considera la negativa de Inocencio como una virtud. Y en lugar de pensar que Juan, el del aserradero, cobró, se emborrachó y ya no tiene plata porque se la chupó, siembra una duda: quizás cobró muy poco.