Un hombre está rodeado aunque parezca estar solo. Lo rodea un pasado que todo el tiempo le recuerda quién es. Es alguien que siempre intentó comportarse de la misma manera. El pasado resulta una guía. Una conducta. Una forma de ver el mundo basada en la libertad. Es un hombre parado que parece que está solo y que espera en medio de una sala apenas iluminada. Su silueta se recorta con las pocas luces del lugar. Es Tito Fargo. Guitarrista, compositor, ahora también cantante. Ya tiene 67 años. No los aparenta.
“Una cosa es entregar tus principios, tu corazón, a proyectos que vos no sentís. Eso es venderte. El vivir de la música no tiene nada de malo. No es que estás transando. Estás transando si no estás diciendo las cosas que sentís”, decía Germán Daffunchio en Los rayos, de Nicolás Tacconi. El guitarrista de Sumo y de Las Pelotas hablaba de respetar una autenticidad casi primitiva, un rasgo que se percibe durante toda ese documental que cuenta los orígenes de la escena rockera de Hurlingham, la más mítica del Oeste del Gran Buenos Aires. La frase también resume la carrera de Fargo, que además es uno de los privilegiados poseedores del espíritu de Patricio Rey. Por algo formó parte de la banda. Por algo grabó en sus dos primeros discos. Fargo todavía conserva lo que pareciera haber guiado a todos los integrantes de los Redondos. De Willy Crook a Rocambole. De Skay al Indio. De la Negra a Semilla. Llevar con orgullo el proyecto personal. Hacer el camino propio. Preferir ser cabeza de ratón antes que cola de león. Tito Fargo podría ser un manifiesto que camina. O que está de pie.
En un miércoles caluroso, Fargo está parado en medio del estudio de Colegiales donde graba las canciones de su nuevo proyecto, dXb. Así, de pie, su figura es la de un estoico. Representante de una era que se fue aunque viva en personas como él. Un viejo rockero nacional de pelo largo gris. De ojos que despiertan cuando sonríe. Lleva puesto un pantalón negro y una remera de La Sobrecarga. Usa un colgante apretado alrededor del cuello con la imagen de una cruz andina. Sus orígenes están en aquel rock de Hurlingham que Luca Prodan ayudó a unificar y proyectar para siempre, hasta hoy. Un movimiento que nunca vio disminuida su potencia. Más bien la multiplicó, aunque sólo un puñado de bandas hayan concentrado ese poder.
RODANDO
La nueva banda es un paso más en una etapa que comenzó en la pandemia, cuando Fargo quedó varado durante varios meses en Valeria del Mar y convirtió el encierro en un proceso creativo. “Por suerte tenía la acústica”, dice hoy, y reconoce que de no haber contado con un instrumento habría hecho música de cualquier manera. Con una birome contra una silla. Como sea. Cuando pudo salir, lo hizo con más de treinta temas que desde entonces buscan su forma definitiva. “Compuse muchas canciones para hacer algo medio acústico y grabé un montón. Empecé a cantar con textos que tenía y a partir de ahí se me ocurrió no salir solo, sino con banda”.
Sumó a Alex Seoan en bajo y coros, Sergio D’ambrosio en teclados y Lucas Becerra en batería y dio forma a dXb, que combina acid dub con un reggae poderoso, pesado, de impronta rockera. “No somos la formación de una banda de reggae estable, donde generalmente hay metales y hay muchos integrantes. Nosotros somos un cuarteto, que es una formación pensada más con un concepto de rock, pero tocando esta situación rítmica con una situación de audio casi nueva, te diría. Creo que corta un poco con el género tradicional del reggae que yo estoy acostumbrado a escuchar en Argentina, que es más canción”.
Hasta ahora, sólo tres de esos temas fueron publicados: “El santo”, “Abrazos vacíos” y “Como serpientes”, que se pueden escuchar en YouTube. “Esto es una cosa más urbana, no tiene palmeras, es un reggae sin arena (risas). Es un poco más críptico, ¿no? Con situaciones que son más como espirituales. Son letras que están hechas a partir de cosas que tienen que ver con un balance de mi vida y no con algo que tiene que ver con un entorno agradable. Es un poco eso”. El grupo trabaja en el disco desde 2024 y todavía se encuentra en proceso de grabación. El álbum tendrá unas diez canciones, con invitados como Mimi Maura y Ariel Minimal. Pero el rasgo principal del proyecto quizás sea que Fargo decidió ponerse al frente como cantante, algo que, según cuenta, no hacía desde la adolescencia. “Todavía no se da cuenta de lo gran cantante que es”, opina Seoan, que da vueltas por el estudio. Fargo se ríe con cierta timidez y niega con la cabeza.
“Más o menos, más o menos. Me parece que en este concepto musical lo puedo hacer mejor que si tuviese que cantar rock, que es algo mucho más complejo”, aclara.
DEL OESTE
“Nosotros venimos del Oeste, de familias de trabajadores. Entonces, en función de eso, cuando uno se dedica a algo que no tiene que ver con la herencia familiar, que es un trabajo determinado, generás otro tipo de situación. Rompés con ese mandato familiar. Y cuando rompés con eso hay una parte tuya que forma parte de eso, pero otra que no. Entonces estás siempre buscando desde adentro dónde ubicarte, más que esperar que alguien te ubique de afuera, que es generalmente lo que pasa”, dice Fargo, que recuerda sus inicios, cuando todavía era más conocido como Héctor D’ Aviero, hijo de un metalúrgico de la zona de Caseros y Hurlingham, y proveniente de una familia en la que la música no era considerada un oficio. “Tengo tíos cantantes de tango, bandoneonistas. Mi abuelo tocaba el acordeón. Pero nunca nadie trabajó profesionalmente. Siempre era tocar en un cumpleaños”.
Se recibió de maestro mayor de obra en la escuela técnica Japón, a la vuelta de la estación de San Miguel. “No prosperó la idea de trabajar en la construcción ni seguir arquitectura, ni nada. La música me ganó”. Eran tiempos en los que el joven Tito veía bandas que lo movilizaban. “Pude ver al primer Invisible, y era muy poderoso. Los domingos a la mañana había un programa de televisión en el que tocaban bandas de rock y me gustaba mucho la libertad que producía eso”. Cuenta que en aquellos programas de Canal 11 vio a Pescado Rabioso, a Vox Dei. “También a La Pesada con Claudio Gabis. Después empecé a trabajar comercialmente con el reparto de pan, lo que me permitió comprarme un instrumento. Cuando tuve más o menos lo que quería para empezar a tocar, medio que fui aflojando. Después aparece Luca en Hurlingham y eso que todos conocen”, cuenta.
“Fargo era vecino mío, nos conocemos desde antes de Sumo. Es más, le dicen Fargo por mi vieja”, explica Diego Arnedo en el libro Luca: Libertad divino tesoro, de Oscar Jalil. “Tito hacía el reparto con una camioneta ploteada de panes Fargo. Mi vieja la veía llegar por la ventana y me decía: Diego, ahí llegó Fargo”. Aquellos encuentros juveniles e iniciales con otros músicos de la zona lo conectaron con uno de los proyectos de Prodan: la Hurlingham Reggae Band, que surgió de la mezcla de integrantes de Sumo y Oiga Diga, la banda que Fargo compartía con el baterista Alberto “Superman” Troglio. A Luca lo sedujo ese trío que completaba Leandro Carrizo y que venía explorando el reggae desde los años de Malvinas. Algunos de los temas del primer disco de Sumo, como “Kaya” o “Reggae de paz y amor”, eran originalmente de la Hurlingham y debieron haber incluido la firma de Tito, que declinó la invitación.
Pero su paso más recordado fue el que dio con los Redondos, donde se mantuvo como segundo guitarrista durante la etapa de Gulp! (1985) y Oktubre (1986), y compuso la música de inéditos de aquel repertorio iniciático, como “Mi genio amor”, “Rodando” y “El regreso de Mao”. Su participación en la banda le daba al grupo una personalidad menos filosa, más de antro rockero que de épica inevitable. “Cuando ya no toqué más, quedaron en trío con cantante y eso les dio otra impronta. Skay tuvo que tocar desde otro lugar: es lo que generan los tríos. Entonces eso adquirió el camino de ese movimiento de cambio. Y está muy bien”, dice Fargo, que actualmente reinterpreta el repertorio ricotero en shows multitudinarios junto a La Kermesse, la banda que integran otros ex Redondos como Semilla Bucciarelli y Sergio Dawi.
“Casi todos los discos de los Redondos tienen un hilo conductor. Esas letras y esas canciones son muy representativas de nuestra actualidad y están hechas hace cuarenta años atrás. Por eso también la gente se siente tan representada. La música está bien y la manera de encararla y todo está bien, pero me parece que el potencial de los Redondos radica mucho en los textos”.
INDEPENDENCIA
“No pensamos subir nada a Spotify. Porque no es tan efectivo para nosotros, para lo que estamos buscando ahora. Al menos en nuestro concepto de entender cómo tenés que medianamente promocionar una situación. Y subir a Spotify cosas implica mucho trabajo con una especie de pseudoreglamentación, y nosotros somos independientes. Entonces, caer en eso cuando no transaste cosas mucho mejores antes, ¿qué te da? Nada”, dice Fargo. Los que quieran escuchar dXb deberán ir a YouTube o a los distintos recitales que realice la banda, que ya debutó a fines de diciembre en Strummer y prepara más shows para 2026. “El que le interese realmente saber de qué se trata, que investigue un poco”, propone. Mientras tanto, continúa con otros proyectos paralelos. “Ahora estoy haciendo la música para un documental sobre la vida de Errico Malatesta, un anarquista. Hice la música para algunas obras de teatro, como La amante de Baudelaire, de Fernanda García Lao”, cuenta.
“A mí me seduce laburar con la música. Si viene una banda y me plantea hacer demos los hago. Estoy siempre como tratando de colaborar. Pero llegó un momento que se puso mucho más complejo eso para mi”, explica, y dice que desde la pandemia aprendió a seleccionar los proyectos en los que se involucra. Si antes hacía diez cosas a la vez, ahora no hace más de cuatro. Entre esas pocas propuestas está Gran Martell, el poderoso trío que desde 2004 completa junto a Jorge Araujo y Gustavo Jamardo, y con el que marcó su vuelta a la Argentina luego de más de quince años en España. En 2025, el grupo tuvo un regreso efímero tras dos temporadas de silencio. “No sabemos nunca qué pasa, viste. Porque es una banda casi de culto, de movimientos de mucha libertad. Cuando hay posibilidades y hay ganas, capaz que nos juntamos y grabamos”.
Fargo cree que todavía no encontró un sonido definitivo. Quizás nunca lo encuentre del todo, porque cada canción y cada proyecto sólo se parecen en la necesidad que le despiertan. “Yo veo la guitarra como una especie de pincel y a la música la veo como un cuadro. Los sonidos son los colores. La guitarra es mi pincel más inmediato. No lo veo como otra cosa”, dice, y agrega que las cosas se hacen con lo que se tiene y como se puede, en el momento en el que se pueda hacer. “Hay que hacer las cosas cuando hay que hacerlas. No cuando alguien te dice que hay que hacerlas. Sino cuando uno siente que las tiene que hacer”.
Publicado en Radar

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