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viernes, 20 de septiembre de 2024

La vuelta entera

Foto: Nora Lezano

Es notable que apenas con una pared y un pasillo alcance para separar mundos tan diferentes. Mientras de un lado, el de la calle, hay humedad, veredas rotas y un tránsito que no se detiene, del otro hay colores y sonidos que parecen infinitos. Ahí adentro, al fondo, rodeado de vinilos, CDs, libros, equipos e instrumentos, se refugia Fernando Kabusacki, curador y propietario de un museo pop personal que hoy abre sus puertas.

Una vez adentro, Kabusacki ofrece café, regala dulces exóticos que trajo de su última gira por Japón y comparte algunos tesoros. Interrumpe la charla en más de una ocasión para buscar un objeto, mostrarlo y describirlo. Tiene mucho para elegir. Podría tomar cualquier cosa de esta sala y contar una historia, musicalizarla. Pintar un paisaje sonoro como los que suele grabar y (por una cuestión de principios) subir a Bandcamp antes que a Spotify.

Cuando se para a buscar algo, Kabusacki no va por uno de los cuatro discos de la hermosa caja Anthology de John Lennon, ni abre algún ejemplar tapa dura de Anagrama. Tampoco opta por algo sofisticado como la Epiphone rosa que alguna vez perteneció a su amiga María Gabriela Epumer. Agarra una Fabrison, industria argentina, que cuelga de una de las paredes. Es una guitarra que tiene desde los trece años y que hizo “recauchutar” hace un tiempo. No es cualquier guitarra. Es la primera acústica que tuvo. Su padre se la regaló a fines de los 70. La compró en Casa América, aquí en Buenos Aires, y la llevó a Rosario, donde todavía vivía con su familia. Fernando se acerca con ella, se sienta como un músico callejero que se acaba de instalar, y toca. Toca algo que no suena mucho a lo que se supone que debería sonar Kabusacki, uno de los guitarristas “raros” del rock argentino, discípulo de Robert Fripp. Parece, más bien, algo del palo cantautor. Parece... ¿“Sólo le pido a Dios”?

Kabusacki se ríe y lo confirma: “Siempre quise ser León”. Lo dice con devoción de fan. Deja la guitarra a un costado, la mira y cuenta que la tenía abandonada, “pensando que era una guitarra chota”. “Pero la verdad que es linda. Casi nunca la uso para tocar en vivo, pero por ahí, en algún momento, la voy a tocar”, anticipa. Quizás lo haga para su próximo disco, el que va a empezar a grabar en noviembre. Un álbum que tendrá sonidos acústicos como base. Significará un cambio después de trabajos como Deeper Man (2022), basado en delays y guitarras eléctricas; o el más reciente The Legendary Landscapes, el número trece de su carrera solista. Un disco que Kabusacki armó a partir de máquinas de ritmo.