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viernes, 20 de septiembre de 2024

La vuelta entera

Foto: Nora Lezano

Es notable que apenas con una pared y un pasillo alcance para separar mundos tan diferentes. Mientras de un lado, el de la calle, hay humedad, veredas rotas y un tránsito que no se detiene, del otro hay colores y sonidos que parecen infinitos. Ahí adentro, al fondo, rodeado de vinilos, CDs, libros, equipos e instrumentos, se refugia Fernando Kabusacki, curador y propietario de un museo pop personal que hoy abre sus puertas.

Una vez adentro, Kabusacki ofrece café, regala dulces exóticos que trajo de su última gira por Japón y comparte algunos tesoros. Interrumpe la charla en más de una ocasión para buscar un objeto, mostrarlo y describirlo. Tiene mucho para elegir. Podría tomar cualquier cosa de esta sala y contar una historia, musicalizarla. Pintar un paisaje sonoro como los que suele grabar y (por una cuestión de principios) subir a Bandcamp antes que a Spotify.

Cuando se para a buscar algo, Kabusacki no va por uno de los cuatro discos de la hermosa caja Anthology de John Lennon, ni abre algún ejemplar tapa dura de Anagrama. Tampoco opta por algo sofisticado como la Epiphone rosa que alguna vez perteneció a su amiga María Gabriela Epumer. Agarra una Fabrison, industria argentina, que cuelga de una de las paredes. Es una guitarra que tiene desde los trece años y que hizo “recauchutar” hace un tiempo. No es cualquier guitarra. Es la primera acústica que tuvo. Su padre se la regaló a fines de los 70. La compró en Casa América, aquí en Buenos Aires, y la llevó a Rosario, donde todavía vivía con su familia. Fernando se acerca con ella, se sienta como un músico callejero que se acaba de instalar, y toca. Toca algo que no suena mucho a lo que se supone que debería sonar Kabusacki, uno de los guitarristas “raros” del rock argentino, discípulo de Robert Fripp. Parece, más bien, algo del palo cantautor. Parece... ¿“Sólo le pido a Dios”?

Kabusacki se ríe y lo confirma: “Siempre quise ser León”. Lo dice con devoción de fan. Deja la guitarra a un costado, la mira y cuenta que la tenía abandonada, “pensando que era una guitarra chota”. “Pero la verdad que es linda. Casi nunca la uso para tocar en vivo, pero por ahí, en algún momento, la voy a tocar”, anticipa. Quizás lo haga para su próximo disco, el que va a empezar a grabar en noviembre. Un álbum que tendrá sonidos acústicos como base. Significará un cambio después de trabajos como Deeper Man (2022), basado en delays y guitarras eléctricas; o el más reciente The Legendary Landscapes, el número trece de su carrera solista. Un disco que Kabusacki armó a partir de máquinas de ritmo.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Una historia desequilibrada


Rompan Todoː la historia del rock en América Latina, es un documental de Netflix dividido en seis capítulos de una hora dirigidos por Picky Talarico. Es un trabajo entretenido incluso para los que ya conocen buena parte de lo que allí se cuenta, pero la sensación que queda es ambigua. Los distintos relatos de bandas y solistas no entran como deberían. Eso genera recortes que parecen un poco descuidados. Un detalle que no es menor si se tiene en cuenta el alcance de una producción como esta, que se puede ver en todo el mundo.

El problema con este tipo de producciones que se publican en plataformas de tanto alcance es que de alguna manera vienen a “oficializar” la historia. Pasó en nuestro país, por ejemplo, tras el estreno de Tango Feroz en 1993. Seguirá pasando con otros trabajos masivos. Pasa en Rompan Todo, que le da una nueva visibilidad al rock de Latinoamérica bajo una mirada discutible.

En este caso se establece que el rock en América Latina empieza con bandas mexicanas que hacían covers del rock anglo traducidos al español. Ese puntapié se contradice con la evolución del rock argentino tal como la conocemos. Rompan Todo intenta unificar una historia que se dio en momentos parecidos y contextos similares pero que no necesariamente se alimentó entre sí.

Es cierto que los músicos que fundaron el rock argentino sintieron el impacto de grupos mexicanos como Los Teen Tops o sus derivaciones locales como los cantantes que surgieron de El Club del Clan. Sin embargo, esas bandas funcionaron como pasos inmediatos pero nunca formaron parte porque el rock argentino nació en oposición a ese tipo de artistas.

¿Qué es el rock argentino sino un grupo de músicos que empezó a cantar canciones propias en su idioma desde una postura juvenil, contracultural, que rompía con (todo) lo anterior? Eso es “Rebelde” de Los Beatniks. Eso es “La balsa”. Por lo tanto, al menos desde la mirada argentina del rock, la primera media hora de Rompan Todo está de más.

jueves, 2 de enero de 2020

107 pensamientos sobre Seru Giran




1) “No puedo dejar” es la muestra gratis de Say No More. Charly revela por primera vez una actitud que tiene que ver más con los 90 que con los 80.
2) Me gusta la presencia sutil de Charly en “Mundo agradable”. El teclado sostenido del comienzo. Las insinuaciones de la segunda estrofa justo después de “sin informaciones que castiguen mi centro” y antes de “solo quiero alcanzar”.
3) En una Rolling Stone del 99 (si la memoria no me falla es la de enero de ese año, tapa desplegable de Los Auténticos Decadentes), Aznar contó que había entregados varias canciones para Seru 92 y Tango 4. Si sumamos las que integraron su álbum solista de 1995, David y Goliath, como “Ella se perdió” o la versión de “Sorry seems to be the hardest word” podríamos decir que nos perdimos un discazo.
4) El discazo que no fue de Aznar podría haber tenido “Ella se perdió”, “Ya no hay forma de pedir perdón”, “Mientes”, “Si me das tu amor”, la mitad de “Tu amor”, la versión de “God only knows”, “A cada hombre, a cada mujer” y “Diana”.
5) Sólo tendría la mitad de “Tu amor” porque siento que es un ensamble de dos canciones. En realidad no lo sé. No está chequeado. Pero me hace acordar a Los Beatles y a “We can work it out” así que concluyo que se armó así.
6) Se lo podría preguntar a Aznar alguna vez.
7) Una vez entrevisté a Aznar al pedo. El grabador no anduvo. Así que charlamos media hora por teléfono de Los Beatles y de alguna cosa más que ya nunca voy a recordar.
8) El disco de Aznar que más me gusta es Cuerpo y Alma.
9) Cuerpo y Alma tiene “Huracán” pero la canción no está en la versión de Spotify del disco.
10) Hasta hace poco Euforia de Fito Páez no tenía “Cadáver exquisito”, quizás el tema más importante del disco. Y Circo Beat no tiene “Circo Beat” sino que tiene “Circo Beat” de Euforia. ¿Cómo puede ser?
11) ¿Por qué suceden esos errores?
12) Spotify liquida la vieja tradición de escuchar un disco de principio a fin mientras se leen las letras de las canciones y se pispea la información del libro que acompaña el álbum.
13) Se me dirá que esa costumbre se perdió mucho antes de Spotify y yo diré que a diferencia del TDK, el mp3, el pendrive y el Verbatim, que mantenían a los discos originales como la referencia obligada, Spotify oficializa la escucha online. Si ponés Spotify, ponés el disco.
14) Quizás no esté bien estirar la etapa discazo de Aznar hasta el 95. Por ahí “Ella se perdió” y “Ya no hay forma de pedir perdón” se quedaban afuera. Pero Charly sí estira ese periodo hasta 1995.
15) En 1995 Charly graba su unplugged para la MTV. Faltaban meses para la publicación de Say No More. Charly despide para siempre a Seru Giran al olvidarse la letra de “Viernes 3AM”. Fue el último suspiro de la banda.
16) Porque Seru Giran sin Charly no es Seru Giran.
17) Las reuniones posteriores de Seru Giran no fueron reuniones de Seru Giran.
18) En Cuerpo y Alma tocan Charly y Lebón. Moro no está.
19) En Aznar-Lebón toca Charly. Moro ya se había muerto.
20) En Cosquín Rock Moro no estaba y Charly ya era el Charly post 2008.
21) Prefiero no opinar del Charly post 2008.
22) El Seru Giran del video del INAMU no es Seru Giran. Moro no está. Salvo que tengamos en cuenta lo que suena de fondo, que es La grasa de las capitales. Eso sí era Seru.
23) Lo primero que pienso cuando hablo de La grasa de las capitales es el coro en “Perro andaluz”. Precisamente en 1:22: “ser aceptada donde te odian máaaaaaaaaas”. Es un momento bisagra en la escucha iniciática. Te hace preguntar ¿cómo mierda no escuché esto antes?
24) Son pocos los discos que provocan esa sensación y mantienen la fascinación a través de las décadas. A mí me pasó con Artaud, con Kamikaze y con Ziggy Stardust. También con Dark Side of the Moon.
25) Con Artaud en un 5A una tarde de lluvia volviendo de la UNSa escuchando “Cementerio Club” en un discman. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
26) Con Kamikaze en la oscuridad de mi pieza en la casa de mi vieja. Sobre la cama, sentado de frente al equipo. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
27) Con Ziggy Stardust en mi casa en Salta. Esa fue una sensación más global. No abarcó una sola canción. El saxo en “Soul Love”, todo “Moonage Daydream”, el estribillo de “Lady Stardust”, la guitarra de “Ziggy Stardust”. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
28) Con Dark Side of the Moon en un Flechabus de madrugada en el mismo discman anterior. La guitarra de Gilmour que aparece a la mitad de “Any colour you like” me despertó. Estábamos parados en la terminal de Villaguay, justo al frente del kiosco La Kenga, que para mí siempre fue La Renga. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
29) Bonus: con “Influencia” de Charly a los 2:05, justo cuando tararea la melodía. En ese caso no fue cómo mierda no escuché esto antes porque el disco recién salía. Fue más bien un qué bueno que está esto, la puta madre.
30) Influencia salió diez años después del regreso de Seru. En Años Charly más bien fueron 30 años. En el medio pasó de todo.
31) Volvió Sui Generis.
32) Se tiró del noveno piso.
33) Se peleó con Calamaro.
34) Le dijo pelotudo a Lanata.
35) Dijo Drogas sin sol.
36) Sacó un disco de covers.
37) Lo internaron.
38) Se tiñó de rubio.
39) Pidió su saco y su saque en un recital en Villa Gesell.
40) Se copó con los aerosoles y la estética nazi/The Wall.
41) Anduvo con una nena de 17 años y la esperaba a la salida del colegio. Se la perdonaron a esa.
42) “Así eran las cosas en esa época”.
43) Sacó El Aguante, que es un mal tema pero un buen disco.
44) Me gustan algunas guitarras de ese disco. Me quedo con la de “No estaría mal”.
45) María Gabriela Epumer es la única que representa los 90 y Say No More tanto como Charly.
46) Sacó La hija de la lágrima. Lo compré en casete a dos pesos.
47) En la misma disquería me compre La grasa de las capitales en CD (10 pesos) y Ciudad de pobres corazones en CD (5 pesos).
48) El precio promedio de los discos en esa época (los 90) era 22 pesos.
49) Bajo Belgrano en casete me costó 1 peso.
50) La hija de la lágrima tiene “Kurosawa”.
51) “Kurosawa” podría haber sido un tema de Seru Giran. Es oscuro como “Viernes 3AM” y tiene la genialidad de la banda. En los silencios del tema me imagino los bajos de Aznar y quedan bien, quedan bien.
52) Ni hablemos de los coros.
53) Si esperaban un año más...
54) Seru 92 podría haber sido mejor con un poco de paciencia.
55) Hasta podría haber incluido el tema (temazo) de Good Show.   
56) Los coros y los bajos de Aznar fueron la marca sonora por excelencia de Seru Giran.
57) Cuenta la leyenda que en 1998 le gritaron “¡Pará, Seru Giran!” a Flavio Cianciarulo mientras tocaba un solo de bajo en los recordados shows de Calavera Experimental Concherto.
58) Ese recital de los Cadillacs es buenísimo. ¿Cómo mierda no lo publican de manera oficial?
59) Lo pasó Puerta V, el programa de shows en vivo del canal Volver.
60) Tenía una gran versión de “El anillo del Capitán Beto”. La cantaba Minimal y estaba buenísima. O yo me la acuerdo así.
61) Hay muchísimos shows en vivo del rock argentino que deberían estar editados de manera oficial.
62) Calavera Experimental Concherto.
63) Obras La la la
64) Charly en vivo en Temperley 86
65) Charly Luna Park 83
66) Los Paladium de los Redondos
67) Fito Gran Rex Tercer Mundo 1990
68) Soda Obras 92
69) Los Socios del Desierto Teatro Ópera 95
70) Sumo merece un disco en vivo que haga justicia a la leyenda. Hay más de una opción dando vueltas.
71) Algunos shows legendarios ya circulan de manera pirata.
72) En los piratas en vivo reside la última tradición del fanático del rock. Ya no es difícil conseguirlos pero todavía hace falta algo de rodaje para descubrirlos.
73) Por eso me encanta el disco en vivo de Cerati que salió hace unos meses. Porque suena como un casete con tapas fotocopiadas que me podría haber comprado a los 17 años.
74) Qué maravillosa fue la aparición de Yo no quiero volverme tan loco.
75) Un fan se lo dio a Moro. ¡Un fan!
76) Lo compré en Bariloche durante mi viaje de egresados.
77) También compré la biografía de Maradona, Yo soy el Diego.
78) No traje chocolates. Estuve mal.
79) Los bajos de Aznar eran decisivos, decía.
80) Cómo no se van a separar cuando Aznar se fue. ¡Se quedaron sin sonido!
81) Pero cuando me acuerdo de Seru Giran no me acuerdo solamente del fretless.
82) Me acuerdo de David Lebón saliendo con Pata Villanueva.
83) Me acuerdo de la tapa que no fue: Moro saliendo de una pileta con una damajuana en la mano y el auto estrellado en el fondo.
84) Otra tapa que no fue: la pelada de Luca en primer plano con un caracol encima.
85) Me acuerdo de Charly en el patio de Del Cielito revoleando un mic como si fueran boleadoras para grabar un efecto.
86) Seru Giran representó la excelencia y la pomeleada. Quizás por eso fueron los mejores.
87) Peperina, qué canción maravillosa.
88) Peperina, que película de mierda. 
89) Peperina, qué letra machista.
90) Charly también era machista.
91) Era la época.
92) En 2001 (¿o 2002?) Charly contó en una entrevista en La García (una de las tantas que le hicieron) que “Salir de la melancolía” fue escrita para Nito Mestre.
93) “Salir de la melancolía” tenía una letra anti machismo.
94) Parece que Nito andaba mal con su pareja.
95) "Si quieres un consejo/No la cuides desde lejos/Ni le digas lo que tiene que hacer/Ella debe ser como quiere ser/Y eso ya lo tienes que ver/Rompe las cadenas que te atan/A la eterna pena de ser hombre/Y de poseer/Es un paso grande en la ruta de crecer", dice la letra.
96) En la nota de La García Charly reconocía que todo era una farsa, que ni en pedo creía en aquellas premisas feministas.
97) 2001 (¿o 2002?)
98) Era la época.
99) Seru Giran atraviesa las épocas.
100) La reedición de La grasa de las capitales es bienvenida, pero no hacía falta.
101) Alcanza con lo que ya existe. Con“Cinema Verité”, “Llorando en el espejo”, “Eiti Leda”, “Canción de Alicia”, “Peperina”, “Seru Giran”, “A los jóvenes de ayer”.
102) “A los jóvenes de ayer” tiene una gran versión por Fito Páez y Mario Rovere, el mozo de un restaurante rosarino que cuando no toma pedidos la rompe en el piano.
103) Esas canciones no van a morir nunca.
104) Las escucho muy seguido y me siguen conmoviendo como el primer día.
105) En estos días la escucha se intensificó gracias a Entre lujurias y represión, el excelente libro de Mariano del Mazo que acaba de salir.
106) Estoy seguro de que las canciones de Seru Giran (me gusta escribirlo sin tilde) van a seguir siendo reproducidas durante varias décadas más.
107) Estoy seguro de que en este momento hay alguien escuchando Seru Giran y diciendo cómo mierda no escuché esto antes.

domingo, 27 de agosto de 2017

El arquitecto del rock

(Breuer en los estudios MCL, donde trabaja actualmente)

Entre mis dos hijos mayores yo dudo que haya cambiado más de diez pañales. Me pasé diez años trabajando bestialmente, no sabía cómo escaparme. Salía Charly, entraba Fito. Salía Fito, entraban Los Abuelos. Salían Los Abuelos, entraba Don Cornelio. Salía Don Cornelio, entraban Los Enanitos Verdes. Salían Los Enanitos Verdes, entraba Spinetta. Era así. Me decían: “Che, son las once, ¿nos quedamos dos horas más?”. Me tenía que levantar al día siguiente a las ocho de la mañana pero me quedaba dos horas más y en realidad eran tres o cuatro. Yo hacía treinta, cuarenta discos por año, dos o tres turnos por día. Me gusta, me sigue gustando muchísimo mi trabajo. Me apasiona. Vengo al estudio feliz y contento. Hoy estaba chocho porque tenía la excusa para venir a las 8.30. Sabía que tenía que venir temprano y me desperté a las cinco de la mañana. Esto genera una energía que a la gente le gusta. Le gusta grabar conmigo porque no se trata sólo de sacar buen sonido. Grabar se trata de trabajar con alguien que comprenda lo que estás haciendo, te ayude y esté de tu lado.

No digo que todos los discos estaban buenísimos, he hecho un par de porongas, pero en esa época había mucha alquimia de gente. Mucho “nos sentamos a hacer el disco juntos”. Yo iba a la sala de ensayo, el estudio nos daba dos o tres meses para hacer los discos. Y muchos no llegaban con todo ya maqueteado, se producía en el estudio. Teníamos el tiempo, los recursos. Hacíamos dos o tres temas por día. Hoy es impensado, nadie tiene la guita. Ni Sony tiene la plata para pagar dos o tres temas por día para grabar. Y a mí lo que me pasaba era que me caía uno atrás del otro. Los dos discos que le dije que no a Skay, Gulp! y Oktubre, fue por la cantidad de laburo que tenía. ¡Y tenía ganas! Los discos que yo hice de Los Redonditos, sobre todo ciertos temas, me vuelan la cabeza.

Me acuerdo cuando me llamaron y me fui al Cielito a hacer La mosca y la sopa. Así como te pasan cosas cuando conocés una mujer que te da vuelta el bocho y el pecho, a mí me pasó eso profesionalmente con ellos. Siempre me sentí muy inspirado, me resultaba fácil concentrarme en el trabajo, me gustaba mucho. Les agradezco que me hayan dado los medios técnicos y los recursos para hacer el mejor disco posible. Porque era eso lo que ellos querían. Agradezco la confianza depositada en mí. Tanto fue así que cuando hicimos Luzbelito me dijeron: “Mirá, este disco lo queremos hacer fácil, rápido. Nosotros nos queremos encargar sólo de la música”. Lo hicimos en un tiempo récord. Luzbelito es, definitivamente, uno de mis cinco discos emblemáticos, porque la música es de ellos y yo hice absolutamente todo el resto.

jueves, 30 de marzo de 2017

Ningún muerto a laburar

(Soda, en 2007. Foto: Nora Lezano)

Celebremos: el “nuevo” disco de Soda Stereo está a la altura de la banda. Es una selección de canciones muy conocidas que se disfruta independientemente de su inevitable ligazón con el espectáculo del Cirque du Soleil que la originó.

Lo primero que sobresale después de una escucha general es que hay algo raro. Una extraña sensación  un presentimiento que no queda mal. Hay detalles que no estaban en las versiones que conocemos de toda la vida. Es que Charly Alberti y Zeta Bosio exploraron de manera profunda las grabaciones originales de la banda. El resultado, consensuado con la gente del Cirque, es un trabajo muy cuidado, que suena bárbaro y hace extrañar aún más a Gustavo Cerati, que, obvio, se destaca por sobre el resto a pesar de que ya lleva casi siete años de inactividad.

El disco es como la lista de un concierto un poco experimental que nunca fue. En una hora y veinte minutos se muestran todas las facetas de la banda y la evolución que Sodalos tres músicos tuvieron desde aquel lejano álbum debut plagado de new wave hasta los shows finales de la gira de regreso de 2007. Hay versiones en vivo, mashups, tomas descartadas y nuevas mezclas que logran un redescubrimiento allí donde no parecía haber otra cosa que el rock argentino más escuchado de los últimos treinta años. “Picnic en el 4°B” suena mejor, menos ochentosa. Por fin, “Te hacen falta vitaminas” y “Mi novia tiene bíceps” son una sola canción. La fusión de “Un misil en mi placard” y “Ella usó mi cabeza como un revólver” es muy efectiva. El momento “climático” con “Planeador” y “En remolinos” es tan obvio que resulta un placer. Hay momentos destacados, como “Un millón de años luz”, “Planta”, “Primavera 0” y “Cuando pase el temblor”, pero la perla es la toma semi alternativa de “De música ligera”, que muestra a un Cerati de voz tan potente como las guitarras que tocó en esa misma canción.

             

Cuando todo indicaba que el “no descansaré” con el que Cirque du Soleil promociona el espectáculo era un pie muy obvio para caer en el “muerto a laburar” del que habla Divididos, Sép7imo día se sostiene por sí mismo. Gracias totales.

Este breve texto sobre Soda forma parte de un artículo más largo que se puede leer acá.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Canten, putos

(Ricoteros en su salsa. A la foto la saqué de acá)

Una noche de 2013 partí a Mendoza para ver al Indio Solari. Viajé en un colectivo repleto de ricoteros desconocidos que seguían a rajatabla el manual de la misa: escabio, faso, agite y cantos. Al mediodía, cuando llevábamos unas doce o trece horas en la ruta, me calcé los auriculares para escuchar la música que llevaba en el teléfono. Lo primero que puse, de puro contrera, fue Cerati. Amo a Patricio Rey pero en momentos así me gusta correrme de lo que se supone que hay que hacer. Por ejemplo, el año pasado, cuando se estrenó la película del Indio en los cines de todo el país, fui a verla vestido con camisa blanca sólo porque sabía que casi todos iban a lookearse con remeras de PR.

No es de hinchapelotas. Es que nunca está bueno parecer uniformado. Entonces, estaba en el colectivo, callado, casi sin escabiar (cada tanto aceptaba un solidario trago de fernet que llegaba en una hielera de metal) y escuchaba los temas de Fuerza Natural: “Cactus”, “Convoy”, “Tracción a sangre”, “He visto a Lucy”. El último Cerati, el más elegante de todos. Cuando me sacaba los auriculares me encontraba con la realidad: un parlante que saturaba y pasaba sin interrupciones la discografía de Los Redondos.

El momento que más recuerdo llegó cuando terminó Cerati y empezó “'81”, una canción extraordinaria: arpa, voz y una hermosa letra, como todas las de Joanna Newsom, que es una genia absoluta porque además de ser una gran compositora es una poeta del carajo.

Mientras miraba la geografía cuyana a través del vidrio de ese Plusmar rentado y escuchaba a Joanna cantar con voz de gata que reclama más Whiskas, un grupo de cinco ricoteros hacía pogo en el pasillo del bondi y gritaba “canten, putos, para qué vinieron”. En pleno descontrol me vaciaron media hielera encima.

viernes, 19 de julio de 2013

El poder de los detalles


En 2006, cuando laburaba de lavador en una agencia de turismo, siempre recordaba dos canciones: “Crimen”, de Cerati, y “Homero”, de Viejas Locas. La primera me venía a la mente por la parte que dice “¿Cuánto falta? No lo sé. Si es muy tarde, no lo sé”. Cantar eso mientras cepillaba los pisos mugrosos que dejaban los turistas me hacía reír. Trabajaba de noche, hasta la madrugada. En épocas de temporada alta la cosa se ponía densa y no sabía muy bien hasta qué hora podía quedarme. Las combis y los bondis no paraban de llegar. Éramos dos: César, un pibe de Tartagal, que creo que estudiaba Hotelería, y yo. Llegábamos a las cinco o seis de la tarde y nunca nos íbamos antes de las tres de la mañana. Una vez nos fuimos a las seis y media, en pleno invierno. Nuestra jefa, la dueña de la agencia, vivía en el mismo lugar, así que ese día la vimos trabajar, cenar, irse a dormir y despertarse. Todo en una misma jornada. Al llegar a mi casa comí una milanesa con papas fritas que le había pedido a mi novia de ese entonces. La compró la noche anterior, entró con la copia de la llave que tenía casi desde el comienzo de nuestra relación, dejó el menú servido y se fue. Cuando me senté a cenar a las siete de la mañana la comida estaba fría, las papas estaban todas pegadas y la Coca Cola había perdido su baja temperatura. No tenía heladera.