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miércoles, 21 de agosto de 2024

Dos son multitud


Antes de que los “featurings” se pusieran de moda, el baterista Oscar Moro y el bajista Beto Satragni grabaron un disco plagado de invitados que tuvo más que ver con el placer de tocar juntos que con las sugerencias comerciales de la industria. Moro Satragni fue, como decía Andrés Calamaro, rock de verdad con amistad. Un proyecto que acaba de reeditarse y que en 1983 reunió a músicos de distintos géneros que recuerdan con placer esa experiencia hecha de jazz rock y candombe. “Yo venía con la idea de reeditar el disco desde hace rato. Que hayan sido cuarenta años fue una casualidad”, reconoce Juanito Moro, hijo de Oscar. La nueva edición de Moro Satragni, a cargo del sello de la disquería RGS, se consigue en vinilo y CD e incluye ocho bonus tracks. Algunos de ellos estaban en viejos casetes que Juanito guardaba en un bolso. “Este disco era esperado por mucha gente. Un disco de culto que estaba medio perdido”, sigue explicando el hijo de Moro, de 44 años, que también es baterista, tocó con JAF, Celeste Carballo y Willy Crook, y curiosamente no estudió con su padre sino que fue alumno de Daniel Colombres. “Mi viejo me trató de enseñar, pero no anduvo. Él era muy autodidacta”, cuenta.

Este disco fue una excusa perfecta tras varios intentos frustrados de Moro y Satragni de tocar juntos. Se conocían desde principios de los 70, cuando Moro todavía estaba en Color Humano y Beto era un músico uruguayo, de Canelones, recién llegado a Buenos Aires. “Yo escuchaba todos los discos de Los Gatos”, le decía Satragni a la Expreso Imaginario en 1981 al repasar ese momento. Moro hacía lo mismo en una Pelo: “Beto vivía en San Telmo, en un lugar muy lindo, y a mí me gustaba su onda, entonces empecé a acercarme. Tuvo mucho que ver que nos copaba la misma música, había un entendimiento. Con el tiempo empezamos a hablar de la posibilidad de trabajar juntos”. Oscar y Beto zapaban, proyectaban, pero las iniciativas quedaban en la nada. Incluso a mediados de los ‘70, antes de que Satragni formara Raíces, se unieron a Apocalipsis, un grupo que también integraba Alfredo Toth y que se acabó de inmediato. En los ‘80, mientras Moro se encargaba de los parches de Serú Girán, Beto formaba parte de Spinetta Jade. El momento no llegaba.

Pero el final abrupto de Serú abrió nuevos caminos. Después de que Satragni sonara como reemplazo de Pedro Aznar para los shows en vivo del grupo, Serú Girán se terminó definitivamente y Moro pudo grabar un disco solista gracias al contrato que unía al cuarteto con Interdisc. Todos los ex Seru hicieron el suyo, pero para el baterista era un problema: “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”, confesó con una risotada en una entrevista para la revista Cantarock. “Entonces le ofrecí a Beto que lo hiciéramos juntos. Él seleccionó mi material y yo el suyo. Estuvimos trabajando un tiempo armando las bases y después empezamos a llamar a los músicos para completar el grupo”, le decía el baterista a la Pelo en octubre del 83.

Los dos amigos se juntaron en los estudios Panda con Amílcar Gilabert, habitual encargado de las grabaciones de Serú, que se puso al frente de un equipo que incluía a la ingeniera Laura Fonzo y a Mario Breuer, que aún mantiene a Moro Satragni en un lugar destacado. “Está entre los diez discos que más me gustan en los cuales yo intervine”, dice Breuer desde Agua de Oro, la localidad cordobesa en la que vive y trabaja. Breuer, que en ese Top 10 incluye a clásicos como Parte de la religión, Luzbelito, La mosca y la sopa y Hecho en Memphis, habla con mucho entusiasmo de Moro Satragni. “Tiene mi tema favorito de Charly García, que se lo dejó a ellos”, dice.

Ese aporte es lo más recordado de todo el proyecto, una canción que parte al medio el disco. “Cómo me gustaría ser negro” es un preferido oculto de los fans, que Charly presentó en 1982, durante la gira de Yendo de la cama al living. Charly la tocaba en vivo con su banda de aquellos años, formada por Cachorro López, Andrés Calamaro, Gustavo Bazterrica y Willy Iturri, y la grabó en Moro Satragni con una inolvidable performance vocal, justo antes de viajar a Nueva York a crear Clics Modernos. “Esto es parte de un mal sueño”, arrancaba, casi susurrando, hasta que llegaba al verso final del estribillo (“¡Y con mucho olor!”) y su voz se expandía hasta el infinito como hacía la cara de Freddie Mercury en el video de “Bohemian Rhapsody”.

viernes, 18 de marzo de 2022

Serú Girán suena (aún) mejor

(Foto: José Luiz Pederneiras)

Dicen que cuando se enteró que el primer disco de Serú Girán se estaba por reeditar a través del Instituto Nacional de la Música (INAMU), Charly García se entusiasmó demasiado, casi que se encaprichó. Insistía en que había que conseguir las fotos que José Luiz Pederneiras le había tomado al grupo en San Pablo, en 1978, cuando el cuarteto argentino recién se había formado y grababa su debut en tierras brasileñas con la producción de Billy Bond. Contactar al hermano de Zoca, la compañera de Charly desde mediados de los 70 hasta principios de los 90, parecía una tarea difícil para Diego Boris, presidente del INAMU. Pero lo que sonaba aún más complicado era encontrar los negativos de esas tomas. Sin embargo, la magia, la casualidad, o los archivos bien resguardados hicieron lo suyo, y hoy, 43 años después de su publicación original, Serú Girán, el comienzo de los llamados “Beatles argentinos”, vuelve a las bateas y a las plataformas en una edición lujosa, remasterizada, y, sí, con aquellas fotos.

El disco es un nuevo lanzamiento a cargo del INAMU en el marco de la recuperación del catálogo de Music Hall. El Instituto ya había realizado la reedición de La grasa de las capitales en 2019. Al igual que en esa oportunidad, presenta un trabajo cuidado tanto en el audio como en la gráfica. Contiene las fotos y el diseño original, más un insert con imágenes inéditas, un CD remasterizado y un póster del grupo. La edición es un lujo para el rock argentino, que se acostumbró a que la industria lance discos históricos como chorizos, sin mayores precauciones que las de buscar aumentar las arcas empresariales.

Aquí tenemos ocho canciones que suenan mucho mejor de lo que estábamos acostumbrados a escuchar en infinitas reediciones en CD, casete o en compilados editados a lo largo de los años. De entrada, la majestuosidad de “Eiti Leda” inunda el aire e invita a quedarse para siempre. La diferencia es notoria. A los 3:19, después de una subida del bajo y la batería, Charly canta “¿No ves mi capa azul?” y el sonido se expande, emociona. Uno se da cuenta una vez más que Charly García es lo más grande que hay en el mundo. Se suele decir que su mejor momento fue entre Yendo de la cama al living y Parte de la religión, pero aquí Charly ya estaba en estado de gracia. Venía de un disco legendario como Películas, el último de La Máquina de Hacer Pájaros. Luego, en 1979, 1980 y 1981 iba a seguir pelando hits y clásicos, uno tras otro. Este primer disco de Serú es apenas un paso más en ese camino. ¿Qué estamos esperando para ir a cortar Coronel Díaz y Santa Fe y simplemente aplaudir mirando hacia su balcón durante horas? Que insulten los dueños de los comercios, que el Alto Palermo detenga sus ventas navideñas ante el imparable furor de miles de personas en la calle impidiendo el ingreso de los clientes. Alberto, era en la 9 de Julio el homenaje, no en el CCK. Fito, era en la calle, no en el Colón. Era en todas las provincias. Como fue en la Usina Cultural de Salta. Con todos rendidos ante el maestro, que en este disco no está solo. Está Pedro Aznar, que a los 19 años ya tocaba un bajo que no necesitaba remasterización. Está Moro aportando un swing y ritmos que por momentos parecen no detenerse jamás. Está David Lebón, que se ganó el Gardel de Oro cuando se apropió de “Seminare” hace décadas.

Con este lanzamiento, Serú Girán vuelve recargado y suena mejor que todas las bandas que podamos escuchar este año y el que viene. La remasterización de Aznar y el ingeniero Ariel Lavigna descubre pianos que no sabíamos que estaban ahí, resalta los coros, destaca los arreglos orquestales de Daniel Goldberg, le da un primer plano a la percusión del Grupo Nova Conciencia. “Separata” adquiere un dramatismo conmovedor.

La preventa del álbum (con descuento) se agotó velozmente. El disco ya se distribuye vía disquerías y está disponible en las plataformas digitales.

         

Publicado en Rock Salta en diciembre de 2021

miércoles, 8 de julio de 2020

Charly García entró a comprar una licuadora

(Foto: Maximiliano Vernazza)

Imaginate que sos el dueño de un estudio de grabación en un lugar alejado de la ciudad, en un espacio bucólico, repleto de árboles, caminos de tierra, donde el canto de los pájaros supera al ruido de los autos. Un lugar tan lindo que hasta decidís construir ahí tu propia casa, al lado del estudio. Imaginate que un día a las 8 de la mañana te asomás por la ventana y ves que en el parque, cerca de la pileta de natación que usás en el verano, está Oscar Moro, histórico baterista del rock nacional. Un hombre que tocó en Los Gatos, en Color Humano, en La Máquina de hacer Pájaros, en Riff con Pappo. Una eminencia. Una eminencia que está en pedo. Prepoteando al jardinero a los gritos, diciéndole “apagá la máquina”.

Imaginate que girás la cabeza un poco y ves que unos metros más allá Charly García revolea un micrófono como si fuera una boleadora porque quiere grabar “un efecto”. Ése era el panorama en 1992, cuando Seru Giran se reunió para un último disco. La historia está contada en el libro “El sello del rock”, de Candelaria Kristof.

Seru 92 es solo uno de los recuerdos del caótico regreso de la banda que completaban Pedro Aznar y David Lebón. Ese año también dieron shows muy irregulares en Córdoba y Buenos Aires, con Charly “en cualquiera”, para hablar mal y pronto, y un evidente desgano por parte de todos.

Ese desgano venía desde la grabación del disco, que fue anterior a los conciertos y se dio en un clima absolutamente contrario al que la banda había logrado a comienzos de los 80, cuando se los conocía como “los Beatles argentinos”.

El estudio alejado de la ciudad era Del Cielito, donde grabaron desde Spinetta hasta los Redondos. En 1992 Seru Giran se encerró allí durante un mes para registrar las canciones que marcaban el regreso de la banda después de diez años. Fue un lío. Aznar y Charly se pelearon, no podían grabar al mismo tiempo porque se sacaban chispas. Lebón quería cobrar e irse.

Una vez, durante la grabación, Charly García fue invitado a tocar en Francia. Los demás estaban chochos. Pero Charly armó bardo en el avión, no lo dejaron volar y entonces, como no tenía nada mejor que hacer, hizo dedo, lo levantaron (era Charly, ¿quién no lo iba a levantar?) y volvió al estudio. Cuando los músicos y técnicos lo vieron llegar se querían morir. Si hasta guardaban las cintas bajo llave por si a Charly le agarraban ganas de quemarlas. Esa grabación fue un desastre. Sin embargo, como dice Lebón, “vos escuchás el disco y está buenísimo”. ¿O no? Hay que ver. Seru 92 todavía merece un rescate. No está a la altura de sus álbumes anteriores, ¿pero qué discografía lo está?
                   

El comportamiento “errático” de Charly, intenso y rompebolas, puede verse muy bien en el documental "Existir sin vos", de Alejandro Chomski, que muestra la preparación de una de las canciones que iban a ir a parar a La hija de la lágrima. Una madrugada calurosa en la que Charly lidera a su banda (con Alejandro Medina en el bajo, dato curioso), primero ensayando y después grabando.

Lo mejor de ese documental es cierta intimidad que se logra, algo raro de ver en Charly, que más allá de su interminable exposición mediática nunca fue tan amigo de mostrarse vulnerable o en una postura más frágil. También, por supuesto, es de lo mejor la última escena en la que toca el piano en su departamento. De lo mejor de los noventa diría yo en un exceso de fanatismo y falta total de responsabilidad periodística.

                       

Extraño mucho al Charly noventoso. Me hice fan de ése Charly y de aquellas canciones. Hoy me puse contento porque un amigo me contó una anécdota que no conocía. Una historia sin importancia, como las que contaba el personaje ese de Capusotto amigo de Maradona. Resulta que Charly viajó a Salta y un día entró a un local para comprar una licuadora. Listo. ¿Eso es todo? Y sí. Si te hubiese pasado a vos todavía la estarías contando.

jueves, 2 de enero de 2020

107 pensamientos sobre Seru Giran




1) “No puedo dejar” es la muestra gratis de Say No More. Charly revela por primera vez una actitud que tiene que ver más con los 90 que con los 80.
2) Me gusta la presencia sutil de Charly en “Mundo agradable”. El teclado sostenido del comienzo. Las insinuaciones de la segunda estrofa justo después de “sin informaciones que castiguen mi centro” y antes de “solo quiero alcanzar”.
3) En una Rolling Stone del 99 (si la memoria no me falla es la de enero de ese año, tapa desplegable de Los Auténticos Decadentes), Aznar contó que había entregados varias canciones para Seru 92 y Tango 4. Si sumamos las que integraron su álbum solista de 1995, David y Goliath, como “Ella se perdió” o la versión de “Sorry seems to be the hardest word” podríamos decir que nos perdimos un discazo.
4) El discazo que no fue de Aznar podría haber tenido “Ella se perdió”, “Ya no hay forma de pedir perdón”, “Mientes”, “Si me das tu amor”, la mitad de “Tu amor”, la versión de “God only knows”, “A cada hombre, a cada mujer” y “Diana”.
5) Sólo tendría la mitad de “Tu amor” porque siento que es un ensamble de dos canciones. En realidad no lo sé. No está chequeado. Pero me hace acordar a Los Beatles y a “We can work it out” así que concluyo que se armó así.
6) Se lo podría preguntar a Aznar alguna vez.
7) Una vez entrevisté a Aznar al pedo. El grabador no anduvo. Así que charlamos media hora por teléfono de Los Beatles y de alguna cosa más que ya nunca voy a recordar.
8) El disco de Aznar que más me gusta es Cuerpo y Alma.
9) Cuerpo y Alma tiene “Huracán” pero la canción no está en la versión de Spotify del disco.
10) Hasta hace poco Euforia de Fito Páez no tenía “Cadáver exquisito”, quizás el tema más importante del disco. Y Circo Beat no tiene “Circo Beat” sino que tiene “Circo Beat” de Euforia. ¿Cómo puede ser?
11) ¿Por qué suceden esos errores?
12) Spotify liquida la vieja tradición de escuchar un disco de principio a fin mientras se leen las letras de las canciones y se pispea la información del libro que acompaña el álbum.
13) Se me dirá que esa costumbre se perdió mucho antes de Spotify y yo diré que a diferencia del TDK, el mp3, el pendrive y el Verbatim, que mantenían a los discos originales como la referencia obligada, Spotify oficializa la escucha online. Si ponés Spotify, ponés el disco.
14) Quizás no esté bien estirar la etapa discazo de Aznar hasta el 95. Por ahí “Ella se perdió” y “Ya no hay forma de pedir perdón” se quedaban afuera. Pero Charly sí estira ese periodo hasta 1995.
15) En 1995 Charly graba su unplugged para la MTV. Faltaban meses para la publicación de Say No More. Charly despide para siempre a Seru Giran al olvidarse la letra de “Viernes 3AM”. Fue el último suspiro de la banda.
16) Porque Seru Giran sin Charly no es Seru Giran.
17) Las reuniones posteriores de Seru Giran no fueron reuniones de Seru Giran.
18) En Cuerpo y Alma tocan Charly y Lebón. Moro no está.
19) En Aznar-Lebón toca Charly. Moro ya se había muerto.
20) En Cosquín Rock Moro no estaba y Charly ya era el Charly post 2008.
21) Prefiero no opinar del Charly post 2008.
22) El Seru Giran del video del INAMU no es Seru Giran. Moro no está. Salvo que tengamos en cuenta lo que suena de fondo, que es La grasa de las capitales. Eso sí era Seru.
23) Lo primero que pienso cuando hablo de La grasa de las capitales es el coro en “Perro andaluz”. Precisamente en 1:22: “ser aceptada donde te odian máaaaaaaaaas”. Es un momento bisagra en la escucha iniciática. Te hace preguntar ¿cómo mierda no escuché esto antes?
24) Son pocos los discos que provocan esa sensación y mantienen la fascinación a través de las décadas. A mí me pasó con Artaud, con Kamikaze y con Ziggy Stardust. También con Dark Side of the Moon.
25) Con Artaud en un 5A una tarde de lluvia volviendo de la UNSa escuchando “Cementerio Club” en un discman. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
26) Con Kamikaze en la oscuridad de mi pieza en la casa de mi vieja. Sobre la cama, sentado de frente al equipo. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
27) Con Ziggy Stardust en mi casa en Salta. Esa fue una sensación más global. No abarcó una sola canción. El saxo en “Soul Love”, todo “Moonage Daydream”, el estribillo de “Lady Stardust”, la guitarra de “Ziggy Stardust”. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
28) Con Dark Side of the Moon en un Flechabus de madrugada en el mismo discman anterior. La guitarra de Gilmour que aparece a la mitad de “Any colour you like” me despertó. Estábamos parados en la terminal de Villaguay, justo al frente del kiosco La Kenga, que para mí siempre fue La Renga. ¿Cómo mierda no escuché esto antes?
29) Bonus: con “Influencia” de Charly a los 2:05, justo cuando tararea la melodía. En ese caso no fue cómo mierda no escuché esto antes porque el disco recién salía. Fue más bien un qué bueno que está esto, la puta madre.
30) Influencia salió diez años después del regreso de Seru. En Años Charly más bien fueron 30 años. En el medio pasó de todo.
31) Volvió Sui Generis.
32) Se tiró del noveno piso.
33) Se peleó con Calamaro.
34) Le dijo pelotudo a Lanata.
35) Dijo Drogas sin sol.
36) Sacó un disco de covers.
37) Lo internaron.
38) Se tiñó de rubio.
39) Pidió su saco y su saque en un recital en Villa Gesell.
40) Se copó con los aerosoles y la estética nazi/The Wall.
41) Anduvo con una nena de 17 años y la esperaba a la salida del colegio. Se la perdonaron a esa.
42) “Así eran las cosas en esa época”.
43) Sacó El Aguante, que es un mal tema pero un buen disco.
44) Me gustan algunas guitarras de ese disco. Me quedo con la de “No estaría mal”.
45) María Gabriela Epumer es la única que representa los 90 y Say No More tanto como Charly.
46) Sacó La hija de la lágrima. Lo compré en casete a dos pesos.
47) En la misma disquería me compre La grasa de las capitales en CD (10 pesos) y Ciudad de pobres corazones en CD (5 pesos).
48) El precio promedio de los discos en esa época (los 90) era 22 pesos.
49) Bajo Belgrano en casete me costó 1 peso.
50) La hija de la lágrima tiene “Kurosawa”.
51) “Kurosawa” podría haber sido un tema de Seru Giran. Es oscuro como “Viernes 3AM” y tiene la genialidad de la banda. En los silencios del tema me imagino los bajos de Aznar y quedan bien, quedan bien.
52) Ni hablemos de los coros.
53) Si esperaban un año más...
54) Seru 92 podría haber sido mejor con un poco de paciencia.
55) Hasta podría haber incluido el tema (temazo) de Good Show.   
56) Los coros y los bajos de Aznar fueron la marca sonora por excelencia de Seru Giran.
57) Cuenta la leyenda que en 1998 le gritaron “¡Pará, Seru Giran!” a Flavio Cianciarulo mientras tocaba un solo de bajo en los recordados shows de Calavera Experimental Concherto.
58) Ese recital de los Cadillacs es buenísimo. ¿Cómo mierda no lo publican de manera oficial?
59) Lo pasó Puerta V, el programa de shows en vivo del canal Volver.
60) Tenía una gran versión de “El anillo del Capitán Beto”. La cantaba Minimal y estaba buenísima. O yo me la acuerdo así.
61) Hay muchísimos shows en vivo del rock argentino que deberían estar editados de manera oficial.
62) Calavera Experimental Concherto.
63) Obras La la la
64) Charly en vivo en Temperley 86
65) Charly Luna Park 83
66) Los Paladium de los Redondos
67) Fito Gran Rex Tercer Mundo 1990
68) Soda Obras 92
69) Los Socios del Desierto Teatro Ópera 95
70) Sumo merece un disco en vivo que haga justicia a la leyenda. Hay más de una opción dando vueltas.
71) Algunos shows legendarios ya circulan de manera pirata.
72) En los piratas en vivo reside la última tradición del fanático del rock. Ya no es difícil conseguirlos pero todavía hace falta algo de rodaje para descubrirlos.
73) Por eso me encanta el disco en vivo de Cerati que salió hace unos meses. Porque suena como un casete con tapas fotocopiadas que me podría haber comprado a los 17 años.
74) Qué maravillosa fue la aparición de Yo no quiero volverme tan loco.
75) Un fan se lo dio a Moro. ¡Un fan!
76) Lo compré en Bariloche durante mi viaje de egresados.
77) También compré la biografía de Maradona, Yo soy el Diego.
78) No traje chocolates. Estuve mal.
79) Los bajos de Aznar eran decisivos, decía.
80) Cómo no se van a separar cuando Aznar se fue. ¡Se quedaron sin sonido!
81) Pero cuando me acuerdo de Seru Giran no me acuerdo solamente del fretless.
82) Me acuerdo de David Lebón saliendo con Pata Villanueva.
83) Me acuerdo de la tapa que no fue: Moro saliendo de una pileta con una damajuana en la mano y el auto estrellado en el fondo.
84) Otra tapa que no fue: la pelada de Luca en primer plano con un caracol encima.
85) Me acuerdo de Charly en el patio de Del Cielito revoleando un mic como si fueran boleadoras para grabar un efecto.
86) Seru Giran representó la excelencia y la pomeleada. Quizás por eso fueron los mejores.
87) Peperina, qué canción maravillosa.
88) Peperina, que película de mierda. 
89) Peperina, qué letra machista.
90) Charly también era machista.
91) Era la época.
92) En 2001 (¿o 2002?) Charly contó en una entrevista en La García (una de las tantas que le hicieron) que “Salir de la melancolía” fue escrita para Nito Mestre.
93) “Salir de la melancolía” tenía una letra anti machismo.
94) Parece que Nito andaba mal con su pareja.
95) "Si quieres un consejo/No la cuides desde lejos/Ni le digas lo que tiene que hacer/Ella debe ser como quiere ser/Y eso ya lo tienes que ver/Rompe las cadenas que te atan/A la eterna pena de ser hombre/Y de poseer/Es un paso grande en la ruta de crecer", dice la letra.
96) En la nota de La García Charly reconocía que todo era una farsa, que ni en pedo creía en aquellas premisas feministas.
97) 2001 (¿o 2002?)
98) Era la época.
99) Seru Giran atraviesa las épocas.
100) La reedición de La grasa de las capitales es bienvenida, pero no hacía falta.
101) Alcanza con lo que ya existe. Con“Cinema Verité”, “Llorando en el espejo”, “Eiti Leda”, “Canción de Alicia”, “Peperina”, “Seru Giran”, “A los jóvenes de ayer”.
102) “A los jóvenes de ayer” tiene una gran versión por Fito Páez y Mario Rovere, el mozo de un restaurante rosarino que cuando no toma pedidos la rompe en el piano.
103) Esas canciones no van a morir nunca.
104) Las escucho muy seguido y me siguen conmoviendo como el primer día.
105) En estos días la escucha se intensificó gracias a Entre lujurias y represión, el excelente libro de Mariano del Mazo que acaba de salir.
106) Estoy seguro de que las canciones de Seru Giran (me gusta escribirlo sin tilde) van a seguir siendo reproducidas durante varias décadas más.
107) Estoy seguro de que en este momento hay alguien escuchando Seru Giran y diciendo cómo mierda no escuché esto antes.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Quiero estar la vida entera escuchando al bicolor

(Foto de Andy Cherniavsky. Fuente: acá)

Esta noche toca Charly (Gourmet Musical), de Roque Di Pietro, es un libro excepcional, fundamental para cualquiera que disfrute de la música de Charly García. Es un recorrido cronológico que revisa buena parte de los conciertos que García brindó entre 1956 y 1993. Arranca con las audiciones de fin de año del conservatorio Thibaud-Piazzini, donde el artista estudió piano hasta 1964, y cierra con el recital en la cancha de Ferro del 17 de diciembre de 1993.

Di Pietro tardó ocho años en poder completar esta investigación de 600 páginas. Realizó más de sesenta entrevistas a músicos, mánagers, periodistas y otros personajes que rodearon a Charly durante casi cuatro décadas. Incorporó una cantidad impresionante de material de archivo: entrevistas inéditas, fotos y afiches que confirman datos, desmienten leyendas y aclaran varios grises de la carrera de García.

Todas las fuentes posibles están citadas o fueron consultadas. Hablan hasta los compañeros de conservatorio, que no tenían ni idea de que habían compartido educación musical con el ídolo. Di Pietro fue mucho más allá de los lugares comunes de la historia de Charly y aportó información que los seguidores más entusiastas sabrán apreciar (el mellotron, el dato del fotógrafo de The Band, el del tío de Pappo).

En los conciertos reseñados de Sui Generis, Porsuigieco, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán, el dúo con Pedro Aznar y la carrera solista se pueden percibir las evoluciones de Charly. Los experimentos, los detalles musicales que no trascendieron, las letras que se modificaron, los temas nunca grabados. Una carrera paralela sobre los escenarios que complementa el mito construido en los discos y los escándalos mediáticos. El libro se detiene justo antes del comienzo de la etapa Say No More, una época que merece un volumen propio.

Quizás todo este libro es material para fan exagerado. Quizás para conocer la genialidad de Charly sólo hace falta escuchar canciones imbatibles como “Adela en el carrousell” o poner una y otra vez Clics Modernos, como hizo León Gieco cuando se le trabó el pasacassette durante un viaje a Cañada Rosquín. Pero Di Pietro consigue que hasta lo más minucioso sea apasionante. Logró, en definitiva, la biografía más completa de Charly García.

                 

Esta reseña fue publicada hace unos días en La Agenda.

martes, 29 de noviembre de 2016

La vanguardia es así


En 1996, Charly García cantaba: “Yo sé que soy un amable traidor”. Tenía razón. Como Bob Dylan, se había convertido en Judas para los viejos fans. A fines de ese año había dado a conocer Say No More, el alter ego capaz de cometer herejías contra la solemnidad rockera. Fue el primer reality show de la Argentina. Un cóctel de experimentación, escándalos mediáticos, excesos, fracasos, demasiado ego y canciones geniales.

Dos años después, en Rolling Stone, García aseguraba que con Say No More había demostrado que su carrera estaba afuera del circuito mainstream de sponsors y abogados. Y no lo dijo, pero estaba claro que también se movía lejos del radar de los periodistas. El diario Clarín lo había destrozado en la reseña de los conciertos del Teatro Opera de diciembre del 96. Lo catalogaba como un colifa sin rumbos, un ídolo en decadencia que había perdido la famosa antena que le dictaba la banda de sonido de los argentinos.

Charly no acusaba recibo. Sabía lo que quería, aunque todos pensaran lo contrario. “El orden para mí, el caos para los demás”, solía decir. “Recibí una carta de una chica de catorce años que decía que si algo me faltaba para ser lo máximo, eso era Say No More”, contaba en la misma entrevista.

Y aún faltaba lo mejor: la búsqueda artística que Charly desarrollaba desde mediados de la década todavía no había alcanzado su máximo nivel. Entusiasmado y desafiante, el símbolo del rock argentino quería ser más under que el under.




Hace veinte años, Charly salía todo el tiempo en los diarios, revistas y noticieros del país. Los periodistas lo perseguían igual que a Diego Maradona. En el verano del 96, sus escándalos se cruzaron. Mientras el 10 encabezaba la campaña “Sol sin drogas” por las playas de la costa atlántica, García se mofaba de la iniciativa del gobierno menemista sin ningún reparo y en el mismo lugar. El 20 de enero, en un pomelístico recital gesellino que tendría que haber sido presentado por Tony Sorete, manager de rock, Charly dio vuelta la ecuación: pidió drogas sin sol. El diario La Nación lo resumió de manera excelente en una crónica antológica que apareció el martes 23 de enero, día del cumpleaños de Spinetta: “Charly García volvió a ser protagonista de un escándalo en el Autocine de Villa Gesell la noche del sábado cuando su guitarrista Carlos ‘el Negro’ García López respondió con una contundente trompada a los comentarios de García que aseguraban que ‘el Negro es un mal amigo que me incita al alcohol y a las drogas’ (...) Con un evidente estado de dispersión, el músico no pudo demostrar esta vez todo el talento que posee. Se olvidó las letras de las canciones, realizó piruetas acrobáticas y lanzó varias frases provocativas: ‘Mejor que sol sin drogas es drogas sin sol’ y ‘Tráiganme mi saco y mi saque’ fueron algunas de ellas. Además sufrió confusiones geográficas: durante toda la noche agradeció al público marplatense la asistencia a este recital”.

En febrero, Charly tuvo que ir a declarar a los tribunales de Dolores, imputado por apología del consumo de estupefacientes. Fue un comienzo de año que hubiese retirado a cualquiera. Para García era el inicio de una de las temporadas más intensas de su vida. En el otoño viajó a España, donde grabó canciones para la película Geisha, de Eduardo Raspo. A último momento, el director no quedó conforme con el material y lo bajó del proyecto. “Cuando me dijo que lo que hice no le servía yo dije ¡bien!. Porque a mí sí me podía servir. Decidí que tenía que hacer algo con lo que tenía grabado”, le contó a Sergio Marchi una madrugada de mayo del 96, cuando el disco aún estaba en proceso.

Eran épocas de conductas imparables. Charly no dormía, enchufaba y desenchufaba equipos, filmaba películas caseras, hacía covers, pintaba y componía. Un día, su hijo Miguel Ángel no aguantó más y le suplicó “papá, pará con el concepto constante”. La frase le sirvió para terminar de redondear lo que había comenzado a cranear en 1994, cuando publicó La hija de la lágrima, el disco que hoy se considera el eslabón entre el Charly clásico de canciones perfectas y el monstruo que hacía música que no mejoraba la vida, la reflejaba.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Apuntes sobre “Yo no estoy aquí”, de Pipo Lernoud

(A la foto la saqué de acá)

Es mucho más grande de lo que pensaba. Tiene 350 páginas. El diseño es muy lindo, bien variado. Algo que se aprecia en todos los libros de Gourmet Musical que pude leer hasta ahora.

El índice es larguísimo. Eso quiere decir que los textos no son extensos. Es un libro dinámico, intuyo. Aunque dinámico parece la descripción de un puesto en un call center o en una empresa garca que convoca a estudiantes para pagarles dos pesos y ponerlos a hacer de todo. Dinámicos, proactivos, con ganas de trabajar en equipo y ser explotados.

En el prólogo, (de pie) Alfredo Rosso (sentarse) propone leer a la bartola. Dice: “Uno lo puede leer en el orden en que están dispuestas las páginas, pero para mí funciona todavía mejor si uno lo abre al azar en cualquier página y se mete de lleno en el tema que obsesiona a Pipo en ese lugar y en ese momento”. Bien, hagamos eso. Convirtamos a “Yo no estoy aquí” en el “Rayuela” del periodismo contracultural.

Empiezo, sin embargo, por el principio. Perdón, Alfredo, siempre fui un contrera. Es que al lado de tu prólogo hay un texto muy corto en el que Pipo cuenta cuándo y dónde nació. Cuenta un par de cosas más a modo de intro y le da pie a la sección “Diarios”, que abarca escritos realizados entre el 64 y el 66, hace medio siglo.

Leo la entrada 145, de agosto de 1966. Pipo tiene 19 años. Escribe:

Hay que acabar con el profesionalismo y la especialización dondequiera que sea. 

¡Basta de libros!
Basta de masturbaciones intelectuales. 
Quemé todo.
Quemé de un saque tres años de literatura, tres años de trabajo y fe en algo. 
No quiero prometer no leer, pero voy a dedicarme a los cuentos para chicos solamente. 

Solo la vida importa. 
Y la revista, para abrir caminos limpios. 

Basta de Bar Moderno.
Basta de exposiciones.
Basta de barbas.
Basta de discusiones. 
Basta de palabras.
Basta de gestos.
A lot to be. 

Solo no hay trampa para la orden de hacer fuego hasta que todo arda. Cortázar incluido. 

Solo quedo yo. 

Esta primera parte es pretenciosa y tiene dramatismo adolescente. Me hace acordar al protagonista de Submarine, que para contar lo mal que la pasa sin la chica que le gusta dice algo así como “todos los días me quedo mirando el ocaso hasta que el cielo adquiere el color de mi corazón”. Genial.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Hacer la revolución con una canción de amor


En el cierre de Ciudad de pobres corazones, Fito Páez ya lo venía pidiendo: dame tu amor, sólo tu amor. En Ey! tenía sueños de amor. En el final de Tercer mundo, insistía: dale alegría a mi corazón y ya verás que no necesitaremos nada más. Páez tenía que crear El amor después del amor, su maltratada vida lo exigía. Con 29 años, el rosarino era un huérfano que había perdido a toda su familia. Tras haber sido criado sin su madre, fallecida cuando él era un bebé, había soportado la muerte de su papá y el asesinato de sus abuelas en un lapso muy corto de tiempo. Antes de cumplir 25, la parca había llegado para Fito. Había arrasado con todo, todo un vendaval.

Páez se dio cuenta de que su salvación era lo contrario a la tristeza. Que la felicidad del amor lo alejaría de la muerte, por eso lo exigía con desesperación. Lo sabía porque había estado en las dos orillas. Había aprendido que el llanto terminaba en la risa. Su relación con Cecilia Roth, una de las musas más efectivas que se recuerden, lo levantó nuevamente y lo inspiró para crear las canciones que formaron su mejor disco, el más exitoso del rock argentino. Con los años, ya sin Cecilia, Páez siguió reflexionando al respecto: nos pasan tantas cosas en la vida que si aparece el sol hay que dejarlo pasar, le hizo cantar a Spinetta en “Bello abril”, una canción de 2003. Por la misma época, Cerati opinaba algo similar: si un amor cayó del cielo no pregunto más.

El amor es fundamental en la vida de Páez y en el desarrollo de todo el rock local. Es lo que estaba buscando Pappo. Su falta lo hacía desconfiar. El amor lo salvaba a Charly y lo ilusionaba cuando aún era un adolescente inexperto que soñaba con relaciones idílicas que volcaba en las letras de Sui Generis. ¿Acaso no es “Compañera” la canción más emocionante de la carrera de Ariel Minimal? Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos, chica rutera, te pido que vuelvas. Hasta el durísimo Ricardo Iorio, man in black que vuelve a las cavernas, lo afirma: si no hay amor mejor bajate, si no hay amor nunca habrá sueños, si no hay amor se muere antes, si no hay amor se pierde siempre. Debes saberlo. En 1992, Fito sabía que si no había amor, mejor que no hubiera nada, entonces, alma mía. ¿No se puede vivir del amor? Quizás, pero nadie puede y nadie debe vivir sin amor. Porque only love can sustain.

jueves, 3 de octubre de 2013

"La música hace lo que quiere"

(Foto: Diego Ele, Facebook David Lebón)

El Design Suites es tan, pero tan cheto, que cuando La Renga se instaló allí en julio, uno de los primeros comentarios que surgió fue sobre el excesivo lujo que ostentan sus instalaciones. El coqueto hotel, ubicado en pleno centro de la ciudad, albergó a casi todos los músicos de rock que llegaron en los últimos meses. Por ahí estuvieron Fito Páez, Willy Crook, Divididos y Nito Mestre, entre otros. Jamás el Indio Solari, que tiene su búnker sobre los cerros, en la Presidencial del Sheraton.

En el bar del hotel está David Lebón, durante la tarde del 30 de mayo de 2012, antes de tocar en un Teatro Provincial repleto de gente que pagará apenas $15 por pera, gracias al ciclo Cultura da la Nota; uno de los pocos proyectos del gobierno provincial (¿el único?) que fue aplaudido por la mayoría. Lebón, de casi 60 años (los cumple en octubre), volvió a Salta tras un lustro de ausencia.

Vestido de blanco, como el viejo embebido por la cultura hippie que es, pero sin llegar al mensaje de autoayuda zen que alguna vez popularizó Piero (¡Piero!); Lebón se acerca, pide una Coca Cola, saluda y dice: “Cuando se fue Luis (N. de la R: Spinetta, se entiende), me di cuenta de lo que era la historia. La historia que tuvimos nosotros dos. Aunque parezca que no, compartí mucho con él. Aprendí, aprendimos, y así con cada uno, o sea que no tuve mucho tiempo de pavear”.

martes, 16 de julio de 2013

Sigur Giran


Ciertas canciones y músicos del rock argentino no gozan del respeto de su entorno, de personas que son capaces de escuchar carpetas de bandas europeas, yanquis, africanas o asiáticas en un súper copado reproductor de mp3, pero no te descargan un disco hecho acá ni en sueños. También pasa mucho con los grupos de las provincias. Los habitantes de las ciudades a las que pertenecen esos músicos no dan pelota. “Qué va a ser bueno, si es mi vecino”, suelen comentar. A esta frase la dijo una vez el cantante de Humahuaca Trío, hablando precisamente del “nadie es profeta en su tierra”. Hay muchos grupos que no llevan más de cuarenta personas. Probablemente, si tuvieran un poco de difusión, podrían llenar estadios, gozar del prestigio de la crítica especializada y tener algunas descargas más en Bandcamp, además del reconocimiento de los que viven en la misma cuadra. En la Argentina domina el “si no sale en Buenos Aires no sirve”. Y en la CABA es igual, pero con Europa y Estados Unidos como referentes.

jueves, 21 de febrero de 2013

La tranquilidad después de la paliza


(El maestro Gustavo Sala también publicó en la misma revista: Rock Salta 11)

La noticia apareció en un periódico no sensacionalista. Decía, simplemente, que había ocurrido un incidente en Mendoza, uno más en la vida de Charly García. Era junio de 2008 y las crónicas de las últimas horas de Say No More cuentan que García había ofrecido un concierto de 50 minutos en San Juan, el viernes. Se había trasladado a Mendoza en limusina, el sábado, donde tocó para 300 personas; y se descompensó el domingo, obligando a suspender el último show de esa mini gira cuyana. Los destrozos, las agresiones, la merca y, especialmente, la fatal salida en camilla (de espaldas, atado y a los gritos) fueron las imágenes finales del Constant Concept que Charly inauguró en los 90. Una manera de vida que lo tenía siempre al límite, a punto de caer.
Cuatro años después, en julio de 2012, Charly está en el Samsung Studio, su búnker actual, donde ensaya y perfecciona su show, el mismo que traerá a Salta el próximo 19 de agosto. Está tan metido en lo suyo que pide que la entrevista no sea extensa, para poder volver a trabajar lo más rápido posible. Saluda, se ríe, se muestra amable y absolutamente lúcido. La dificultad que Charly presenta a la hora de hablar se da de bruces con la rapidez de pensamiento que siempre tuvo y aún conserva. Escucharlo y verlo moverse apunta hacia el exceso de psicofármacos y la definitiva quemadura cerebral. Leerlo y verlo trabajar con su música es la confirmación que García lo hizo otra vez: zafó por un pelito, pero zafó (“ése es el arte del maestro”, había dicho en 1996).