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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Quiero estar la vida entera escuchando al bicolor

(Foto de Andy Cherniavsky. Fuente: acá)

Esta noche toca Charly (Gourmet Musical), de Roque Di Pietro, es un libro excepcional, fundamental para cualquiera que disfrute de la música de Charly García. Es un recorrido cronológico que revisa buena parte de los conciertos que García brindó entre 1956 y 1993. Arranca con las audiciones de fin de año del conservatorio Thibaud-Piazzini, donde el artista estudió piano hasta 1964, y cierra con el recital en la cancha de Ferro del 17 de diciembre de 1993.

Di Pietro tardó ocho años en poder completar esta investigación de 600 páginas. Realizó más de sesenta entrevistas a músicos, mánagers, periodistas y otros personajes que rodearon a Charly durante casi cuatro décadas. Incorporó una cantidad impresionante de material de archivo: entrevistas inéditas, fotos y afiches que confirman datos, desmienten leyendas y aclaran varios grises de la carrera de García.

Todas las fuentes posibles están citadas o fueron consultadas. Hablan hasta los compañeros de conservatorio, que no tenían ni idea de que habían compartido educación musical con el ídolo. Di Pietro fue mucho más allá de los lugares comunes de la historia de Charly y aportó información que los seguidores más entusiastas sabrán apreciar (el mellotron, el dato del fotógrafo de The Band, el del tío de Pappo).

En los conciertos reseñados de Sui Generis, Porsuigieco, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán, el dúo con Pedro Aznar y la carrera solista se pueden percibir las evoluciones de Charly. Los experimentos, los detalles musicales que no trascendieron, las letras que se modificaron, los temas nunca grabados. Una carrera paralela sobre los escenarios que complementa el mito construido en los discos y los escándalos mediáticos. El libro se detiene justo antes del comienzo de la etapa Say No More, una época que merece un volumen propio.

Quizás todo este libro es material para fan exagerado. Quizás para conocer la genialidad de Charly sólo hace falta escuchar canciones imbatibles como “Adela en el carrousell” o poner una y otra vez Clics Modernos, como hizo León Gieco cuando se le trabó el pasacassette durante un viaje a Cañada Rosquín. Pero Di Pietro consigue que hasta lo más minucioso sea apasionante. Logró, en definitiva, la biografía más completa de Charly García.

                 

Esta reseña fue publicada hace unos días en La Agenda.

jueves, 26 de octubre de 2017

Arte y nada más


“Quizás el arte nunca sea tan político como cuando es arte y nada más”. La frase es de Tomás Gubitsch y resume Tigres en la lluvia, la aventura de Invisible en El jardín de los presentes, el excelente libro de Martín Graziano que acaba de publicar Colección Vademécum.

Graziano relata la historia del grupo que Luis Alberto Spinetta lideró entre 1973 y 1976, la banda más de culto que tuvo el Flaco. La más “difícil” y volada. La que nada tuvo que ver con el clima social de la época pero que de todas maneras lo retrató en varias canciones de los tres discos que grabó.

Spinetta, que venía de separar Pescado Rabioso y de grabar Artaud en solitario, convocó a Pomo Lorenzo y a Machi Rufino, la base de Pappo’s Blues III, temible y virtuosa, para conformar un grupo horizontal. Pero el peso de su entidad artística fue mucho más fuerte y dominó casi por completo las creaciones de la banda. “Era casi imposible componer en conjunto o tener la misma fluidez creativa de Luis. Yo sentía una gran vergüenza de mostrarle algo escrito por mí”, reconoce Machi en el libro.

Tras repasar la breve e intensa historia de la banda, Graziano se detiene en los elementos que llevaron a Spinetta a componer El jardín de los presentes (1976), una obra que se transformó en uno de los discos más celebrados del rock argentino. Aparece Gubitsch como cuarto integrante, un guitarrista virtuoso de 18 años que funcionó como la representación corpórea de ese puente que se venía gestando entre el tango, el rock progresivo y el jazz a través de compositores e intérpretes clave como el propio Luis Alberto, Rodolfo Mederos, Charly García y Astor Piazzolla. Hay un fugaz encuentro con Jorge Luis Borges en el departamento que el escritor tenía sobre calle Maipú, en el centro de Buenos Aires.

sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Qué se puede hacer?

(Clic para agrandar)

En 1977, mientras la dictadura de Videla, Massera y Agosti hundía al país en los años más oscuros de su historia y el aparato represor combatía a todas las expresiones que atentaban contra la “moral occidental y cristiana”, Charly García editaba uno de los discos más politizados de su carrera.

Acostumbrado a camuflar sus letras desde la época de Sui Géneris, García grabó Películas, el segundo álbum de La Máquina de Hacer Pájaros. En él, las letras reflejaban claramente la época, mostrando una Buenos Aires siniestra y atemorizante (“Esto no es un juego, loco, estamos atrapados”), que perseguía a sus habitantes desde todos sus frentes (“Déjenme en paz, no quiero más, no hay esperanzas en la ciudad”) y que invitaba a manejarse con cuidado y sin ser notado (“La paranoia es quizás nuestro peor enemigo”, “¿Qué se puede hacer, salvo ver películas?”).

martes, 16 de julio de 2013

Sigur Giran


Ciertas canciones y músicos del rock argentino no gozan del respeto de su entorno, de personas que son capaces de escuchar carpetas de bandas europeas, yanquis, africanas o asiáticas en un súper copado reproductor de mp3, pero no te descargan un disco hecho acá ni en sueños. También pasa mucho con los grupos de las provincias. Los habitantes de las ciudades a las que pertenecen esos músicos no dan pelota. “Qué va a ser bueno, si es mi vecino”, suelen comentar. A esta frase la dijo una vez el cantante de Humahuaca Trío, hablando precisamente del “nadie es profeta en su tierra”. Hay muchos grupos que no llevan más de cuarenta personas. Probablemente, si tuvieran un poco de difusión, podrían llenar estadios, gozar del prestigio de la crítica especializada y tener algunas descargas más en Bandcamp, además del reconocimiento de los que viven en la misma cuadra. En la Argentina domina el “si no sale en Buenos Aires no sirve”. Y en la CABA es igual, pero con Europa y Estados Unidos como referentes.