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miércoles, 21 de agosto de 2024

Dos son multitud


Antes de que los “featurings” se pusieran de moda, el baterista Oscar Moro y el bajista Beto Satragni grabaron un disco plagado de invitados que tuvo más que ver con el placer de tocar juntos que con las sugerencias comerciales de la industria. Moro Satragni fue, como decía Andrés Calamaro, rock de verdad con amistad. Un proyecto que acaba de reeditarse y que en 1983 reunió a músicos de distintos géneros que recuerdan con placer esa experiencia hecha de jazz rock y candombe. “Yo venía con la idea de reeditar el disco desde hace rato. Que hayan sido cuarenta años fue una casualidad”, reconoce Juanito Moro, hijo de Oscar. La nueva edición de Moro Satragni, a cargo del sello de la disquería RGS, se consigue en vinilo y CD e incluye ocho bonus tracks. Algunos de ellos estaban en viejos casetes que Juanito guardaba en un bolso. “Este disco era esperado por mucha gente. Un disco de culto que estaba medio perdido”, sigue explicando el hijo de Moro, de 44 años, que también es baterista, tocó con JAF, Celeste Carballo y Willy Crook, y curiosamente no estudió con su padre sino que fue alumno de Daniel Colombres. “Mi viejo me trató de enseñar, pero no anduvo. Él era muy autodidacta”, cuenta.

Este disco fue una excusa perfecta tras varios intentos frustrados de Moro y Satragni de tocar juntos. Se conocían desde principios de los 70, cuando Moro todavía estaba en Color Humano y Beto era un músico uruguayo, de Canelones, recién llegado a Buenos Aires. “Yo escuchaba todos los discos de Los Gatos”, le decía Satragni a la Expreso Imaginario en 1981 al repasar ese momento. Moro hacía lo mismo en una Pelo: “Beto vivía en San Telmo, en un lugar muy lindo, y a mí me gustaba su onda, entonces empecé a acercarme. Tuvo mucho que ver que nos copaba la misma música, había un entendimiento. Con el tiempo empezamos a hablar de la posibilidad de trabajar juntos”. Oscar y Beto zapaban, proyectaban, pero las iniciativas quedaban en la nada. Incluso a mediados de los ‘70, antes de que Satragni formara Raíces, se unieron a Apocalipsis, un grupo que también integraba Alfredo Toth y que se acabó de inmediato. En los ‘80, mientras Moro se encargaba de los parches de Serú Girán, Beto formaba parte de Spinetta Jade. El momento no llegaba.

Pero el final abrupto de Serú abrió nuevos caminos. Después de que Satragni sonara como reemplazo de Pedro Aznar para los shows en vivo del grupo, Serú Girán se terminó definitivamente y Moro pudo grabar un disco solista gracias al contrato que unía al cuarteto con Interdisc. Todos los ex Seru hicieron el suyo, pero para el baterista era un problema: “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”, confesó con una risotada en una entrevista para la revista Cantarock. “Entonces le ofrecí a Beto que lo hiciéramos juntos. Él seleccionó mi material y yo el suyo. Estuvimos trabajando un tiempo armando las bases y después empezamos a llamar a los músicos para completar el grupo”, le decía el baterista a la Pelo en octubre del 83.

Los dos amigos se juntaron en los estudios Panda con Amílcar Gilabert, habitual encargado de las grabaciones de Serú, que se puso al frente de un equipo que incluía a la ingeniera Laura Fonzo y a Mario Breuer, que aún mantiene a Moro Satragni en un lugar destacado. “Está entre los diez discos que más me gustan en los cuales yo intervine”, dice Breuer desde Agua de Oro, la localidad cordobesa en la que vive y trabaja. Breuer, que en ese Top 10 incluye a clásicos como Parte de la religión, Luzbelito, La mosca y la sopa y Hecho en Memphis, habla con mucho entusiasmo de Moro Satragni. “Tiene mi tema favorito de Charly García, que se lo dejó a ellos”, dice.

Ese aporte es lo más recordado de todo el proyecto, una canción que parte al medio el disco. “Cómo me gustaría ser negro” es un preferido oculto de los fans, que Charly presentó en 1982, durante la gira de Yendo de la cama al living. Charly la tocaba en vivo con su banda de aquellos años, formada por Cachorro López, Andrés Calamaro, Gustavo Bazterrica y Willy Iturri, y la grabó en Moro Satragni con una inolvidable performance vocal, justo antes de viajar a Nueva York a crear Clics Modernos. “Esto es parte de un mal sueño”, arrancaba, casi susurrando, hasta que llegaba al verso final del estribillo (“¡Y con mucho olor!”) y su voz se expandía hasta el infinito como hacía la cara de Freddie Mercury en el video de “Bohemian Rhapsody”.

miércoles, 15 de agosto de 2018

30 años de Divididos

Mollo, Collado y Arnedo en la foto de la contratapa del primer disco del trío. 

Esta semana apareció una nota sobre los inicios de Divididos que escribí para La Agenda. Es un texto largo con bastante archivo y algunas entrevistas (Mollo y Arnedo rechazaron la oferta). La pueden leer haciendo clic acá. Espero que les guste.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Soledad y compañía

(Luca falleció en esta pequeña habitación. Fuente: acá)

“Libertad divino tesoro”, la biografía que escribió Oscar Jalil, supera las quinientas páginas y completa definitivamente la historia de Sumo. Cierra el grupo formado por los libros “Un ciego guiando a los ciegos” y “La jungla del poder”, el número especial de la revista Rolling Stone de 2002 y el documental de Rodrigo Espina. Trabajos esenciales para entender la vida y obra de Luca Prodan.

Más que escritor, Jalil hace de director. Ensambla testimonios, datos y artículos de publicaciones pasadas formando un trabajo enorme en el que todos dicen lo suyo. Como “Soledad y compañía”, el libro de la colombiana Silvana Paternostro sobre García Márquez, “Libertad divino tesoro” cuenta una vida de manera coral, con pocas intervenciones del autor, privilegiando las citas textuales que, en algunos casos, se contradicen entre sí.

El libro hace referencia a todos los mitos surgidos alrededor de la figura de Prodan y los profundiza desde la óptica de personas que estuvieron en el lugar de los hechos. Compañeros de banda, amigos, familiares, novias, músicos, vecinos, periodistas y fans de esos años construyen colectivamente la vida de Luca, tomándose el espacio necesario para detallarla. Así salen a la luz momentos que habían quedado guardados en el círculo íntimo y sirven para mostrar a un hombre mucho más frágil que lo que se creía, algo que siempre se insinuó y comenzó a tomar fuerza desde la edición de los discos Time Fate Love (1996) y Perdedores Hermosos (1997). En esas canciones previas a Sumo, Prodan mostraba una faceta de cantautor folk sensible. En “Libertad divino tesoro”, Luca no sólo es frágil, sino que es despreciado por sus pares y atormentado por fantasmas en medio de una soledad desgarradora, triste y decadente.

jueves, 26 de marzo de 2015

Caos mental y comenzar de nuevo

(Foto: Ignacio Arnedo)

En 1998, una pancreatitis está a punto de matar a Diego Arnedo. La enfermedad obliga al bajista a bajar muchos cambios y a Divididos a replantear su carrera, por entonces incierta después del autoboicot por el éxito de La era de la boludez. Ese año aparece Gol de mujer, un compilado de lugares comunes del grupo. Un penal fuerte y al medio.

En febrero de 2000, el Suplemento Sí! pone en tapa a un Ricardo Mollo flaco que contrasta con el gordo que se comía las cuerdas de sus guitarras. El impactante cambio es “la consecuencia visible de una fuerte transformación interior”. “No sé qué hacer con mi pasado, con mi presente y mucho menos con mi futuro”, dice, contento con su incertidumbre existencial porque la ve como un nuevo comienzo. Ese año empieza a tomar clases de canto. El tipo que gritaba y roncaba despierto en la aplanadora noventosa comienza a dejarle el micrófono a un cantante limpio y profundo.

Divididos madura hasta posicionar esa revolución del ser en el lugar más importante de su motor creativo. Convierte a Ricardo Mollo en el gran protagonista de los últimos quince años de la banda. Narigón del siglo, yo te dejo perfumado en la esquina para siempre, publicado a principios de 2000, es la primera señal del cambio.

sábado, 13 de julio de 2013

"El rock se convirtió en una industria"


Ricardo Mollo y Diego Arnedo se caracterizaron siempre por su capacidad de reinvención y saber adaptarse a las circunstancias, empezando por la muerte de Luca Prodan, el big bang que dio origen a Divididos y a Las Pelotas. Luego, el trío formado por los ex Sumo y el baterista de turno atravesó todas las situaciones imaginables para un grupo de rock: sufrieron el fracaso comercial con su primer trabajo (40 dibujos ahí en el piso, de 1989); el éxito abrumador con el tercero (La era de la boludez, de 1993); el caos heredado del estrellato inesperado (que provocó la salida de Federico Gil Solá); grabaron en Abbey Road el disco que marcó su volantazo más notorio (Narigón del siglo, yo te dejo perfumado en la esquina para siempre, de 2000); perdieron a otro baterista (Jorge Araujo) y se llamaron a un silencio discográfico de ocho años en el que profundizaron la madurez que comenzó en Gol de Mujer (1998), el álbum grabado tras la pancreatitis que acosó a Arnedo y casi lo deja fuera de juego. El cambio de vida radical de Mollo dos años después de la operación de Diego fue otra señal, que musicalmente se empezó a notar con experimentos aislados durante toda la década pasada.
Ahora, con el baterista Catriel Ciavarella asentado y catalogado por muchos como el mejor de todos los que pasaron por el grupo; Divididos salió del ostracismo de la sala de ensayo y encontró un equilibrio justo entre popularidad, respeto y libertad. La impresionante performance en vivo de la banda, la calidad de Amapola del 66 y especialmente su búsqueda interior hacen pensar que a Divididos todavía le queda mucho para dar.
Antes de regresar a Salta, Ricardo Mollo habló sobre el presente del grupo, sus raíces y el futuro.

sábado, 7 de marzo de 2009

"ES FUNDAMENTAL EL RIESGO EN EL ARTE. SUMO FUE RIESGO"

(Espina, con Andrea Prodan)


Algún día tenía que llegar. La primera entrevista de Frases Rockeras que no se hace por mail. Todo un orgullo (?) que seguramente Rodrigo Espina incluirá en los partes de prensa que cuentan su carrera profesional.
El domingo pasado, tarde pero seguro, Espina viajó a Salta para cumplir con su idea de estar presente en cada ciudad donde se proyecte "LUCA", su debut como realizador. La película tuvo su estreno local en el invierno pasado, pero en ninguna de las exhibiciones (todas a sala llena) él estuvo ahí, en la primera fila, mirando hacia las butacas, como Amélie, esperando que el público le pregunte cuántas ginebras se tomó con el pelado.
Esta vez, en El Teatrino, un hermoso lugar con capacidad para 120 personas, Espina se mostró muy amable y dispuesto a responder todas las inquietudes que surgieran; aún a pesar de que sólo concurrieron unas 40 personas. Probablemente la tardanza en presentarse en la ciudad más la edición en DVD contribuyeron a que la convocatoria sea tan escasa. Los que no fueron se jodieron: era gratis y regalaban cerveza y empanadas. Y como éramos pocos, le entramos como locos al morfi y al chupi. De esa manera se generó un clima genial, de entrecasa: todos parados hablando de Luca hasta bien tarde con la obligada música de Sumo de fondo.
Antes de que pase todo eso, Espina respondió algunas preguntas para este blog:


- Ya hace un año y dos meses que estrenaste "LUCA". ¿Qué balance hacés, desde el día del estreno en el Roxy hasta hoy?
- El balance puede tener varias perspectivas. Por un lado la relación con el público, al cual le estamos muy agradecidos. Siento que son mis hermanos. Hay gente que vio la película cinco o seis veces, en funciones. Después en el DVD no sé cuántas veces la habrán visto. Desde ahí hay un agradecimiento total. Las funciones son emotivas. Cada risa que escucho me nutre, me emociona. La emoción de la gente, los abrazos al final... Desde ese lado, maravilloso.
Después está el lado del cine argentino. El año que estrenamos "LUCA" se estrenaron noventa y dos películas argentinas. Se vieron siete. Las otras ochenta y cinco bajaron a la primera semana.
Vos sabés muy bien: hacer un largo son varios años de tu vida, de tu espíritu, de tu fortaleza, de tu plata, de tu tiempo. Y que te bajen la película a la primera semana es...
Acá de alguna manera hemos abierto un camino alternativo de exhibición. Hemos ido de Ushuaia a La Quiaca. Casi siempre a sala llena. Hemos estado en discotecas, en centros culturales. Un gran abrazo a todos los centros culturales que han apoyado la película. Yo creo que, de alguna manera, mostramos una forma distinta. Mostramos que se puede. Que el que haga una película no se tiene que conformar con la primer semana en el Tita Merello. Que sepa que hacer una película no es nada más que hacerla, que ya es un montón pero que no es todo. Descubrir cómo hacer para que la vean es parte de la creatividad que hay que tener. No se pueden quedar de brazos cruzados al ver que la película baja a la semana.
- ¿Pensás que si exhibías "LUCA" de manera convencional iba a sucederle lo mismo que a las otras ochenta y cinco?
- No lo sé. Hay muchas posibilidades. Ya sabemos que los grandes, que los Hoyts y todos esos boicotean el cine argentino. Aunque el cine argentino lleve más que la última de Ben Stiller, van a querer que estén dando la última de Ben Stiller.
Por otro lado, ubicamos a la peli en un lugar de cine de culto, de lugar propio. El espectador sabe que va a ver la peli a un lugar suyo. A un lugar que responde, de alguna manera, a su ideología, a su forma de ser. Se da la película acá, en El Teatrino, no en un shopping. Esto es nuestro, un shopping no es nuestro.
Además, en las exhibiciones pasa algo vivo. Hasta que no la ve el público, la película es un casete muerto, que no tiene vida. El público termina de darle vida.
- Te costó mucho hacer esta película. Catorce años en los que pensaste en dejar de lado el proyecto (Parezco Tití Fernández: "Rodrigo, costó").
- El camino, cuando se hace difícil concretarlo, es duro. Uno pone a prueba su voluntad, su fe.
Comencé diciendo que el cine era todo en mi vida. Ahora no lo digo, ahora sé que hay cosas más importantes que el cine: la vida, el amor.
- Luca decía algo parecido. Eso de "a mí sólo me importan cosas afectivas".
- Yo creo que la cosa es emocionar, es conmover. Hay tanta música, tanto cine, tanta plástica, tanta obra de teatro que no conmueve porque apunta hacia otro lado, la pifia. Si algo sale de adentro del corazón, va a conmover sí o sí. La cuestión es ir a fondo y bucear en tu interior. Es lo único que va a hacer que la película sea personal. Si realmente buceás en tu interior.
- En "LUCA" se refleja ese sentimiento del que hablás. Es una de las cosas que más se destacan de la realización.
- Me alegro que se diga eso y me alegra poder contestarles a todos los que pensaron que hacíamos esta película para llenarnos de plata. Esta película no fue un negocio, ni lo será. Nunca voy a recuperar lo que puse, pero estoy lleno por lo que me dio la película. Es muchísimo más y no tiene que ver con la plata. Tiene que ver con el amor de la gente. Yo sé que, gracias a dios, tengo para mi próxima peli un público que me quiere. Por una cuestión que es que vieron que "LUCA" es auténtica. Mientras seas auténtico creo que van a seguir respondiendo. Y ése es el camino para todos los que hacemos algo: que seamos auténticos, que hagamos de corazón. Que no estemos pensando "uy no, ¿pero esto gustará?" o "¿lo pongo a Darín?". No. El arte es riesgo. Sumo fue riesgo. ¡Cantaban en inglés! Es fundamental el riesgo en el arte.
- ¿Le pudiste mostrar la película terminada a los familiares de Luca?
- Finalizada sé que la vieron, allá en Italia. Pero hubo una función de los primeros veintisiete minutos que la vimos con (su mamá) Cecilia, (su hermana) Michela y (su hermano) Andrea. Inolvidable. Además fue mágico porque estábamos en nuestra isla de edición y yo abrí la ventana para tener señal en mi celu, porque quería hacer una llamada, y los ví pasar a los tres, que estaban caminando por Buenos Aires. Andrea les estaba mostrando la ciudad y no sabía que ahí era nuestra productora. Los hice pasar y Cecilia vio la primera función. Inolvidable: bailó, se rió, se emocionó. Inolvidable.
- A las entrevistas para la película las hiciste hace ya diez años, ¿verdad?
- Algunas. No todas. A Cecilia sí, a Michela no, fue en el último año. A Andrea le hice diez notas. Germán me dio el primer reportaje: las primeras anécdotas las obtuve en su camioneta, un día tormentoso en Traslasierra. Esas fueron las primeras imágenes.
- ¿Y Sokol?
- (Baja la voz y mira al suelo) Un grande... una tristeza absoluta. Para mí se fue un amigo. Y era el único cantante después de Luca que cantaba desde adentro del corazón.
- Muchos dicen eso. Si bien después de la muerte se suele realzar a la persona, muchos afirman que Alejandro Sokol era el único que tenía el espíritu que Luca transmitía.
- Sí. No te quiero decir que fue el único porque yo soy fan de Las Pelotas y sin Alejandro garpan un pedazo. Germán es un cantante fantástico. Las Pelotas tienen las letras que ningún otro grupo argentino tiene. Tienen un espíritu único, pero Alejandro Sokol también era único.
El año pasado lo escuché en los pasillos de Cosquín. Estaban ahí guitarreando y uno comenzó a cantar. Alejandro le dijo: "No cantés de acá (se toma la garganta), cantá de acá (se toca el pecho, a la altura del corazón)". Alejandro era eso. Alejandro cantaba desde un lugar único.
- Vos lo conociste a Luca en 1985, cuando él protagonizó tu corto "El día que reventaron las lámparas de gas". ¿Por qué no incluíste ese corto en los extras del DVD?
- Por Ricardo Mollo y Diego Arnedo. Había música de Sumo en el corto. Música firmada por ellos. A mí me dolió muchísimo. Tuve siempre la fantasía de incluir el corto en los bonus tracks.

- ¿Por qué Mollo y Arnedo no quisieron participar?
- Esa es la pregunta que todos hacen. No sé por qué no quisieron participar.
- Ni siquiera se los muestra.
- No. Hubo que sacarlos especialmente. No sólo ellos no participan sino que... (Espina se indigna, mira para el costado y retoma) La herida que no va a cicatrizar nunca es que no estén "Crua-Chan" y "Heroína" en la película. "Crua-Chan" y "Heroína" no están por Ricardo Mollo y Diego Arnedo. Eso que quede bien claro. Fueron muy egoístas. Ellos pudieron no haber... (otra vez, cada vez más enojado) Ellos por esa cosa que, qué se yo... que nos íbamos a llenar de plata. Esas cosas que la taquilla ahora demostraría que no lo hemos hecho. Pero no fueron generosos. Luca fue muy generoso con ellos. Y ellos, después de ver los primeros veintisiete minutos, que Ricardo lloró, que Diego me abrazó; no quisieron estar. A las dos semanas me llamó el manager para decirme que los saque. Tuve que reeditar todas las escenas donde estaban ellos. Tuve que sacar "Crua-Chan", que era una secuencia divina. Todavía me duele cuando te lo cuento.
¿Por qué no lo quisieron hacer? Hay que preguntárselo a ellos.
- Y "Heroína" es una canción clave para entender la vida de Luca.
- ¡Y de Luca! Clave y de Luca. ¿Y "Crua-Chan"? De Luca. "Crua-Chan": las gaitas, Escocia. ¿Cuándo Ricardo Mollo estuvo en la fucking Escocia?