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lunes, 21 de septiembre de 2015

Soledad y compañía

(Luca falleció en esta pequeña habitación. Fuente: acá)

“Libertad divino tesoro”, la biografía que escribió Oscar Jalil, supera las quinientas páginas y completa definitivamente la historia de Sumo. Cierra el grupo formado por los libros “Un ciego guiando a los ciegos” y “La jungla del poder”, el número especial de la revista Rolling Stone de 2002 y el documental de Rodrigo Espina. Trabajos esenciales para entender la vida y obra de Luca Prodan.

Más que escritor, Jalil hace de director. Ensambla testimonios, datos y artículos de publicaciones pasadas formando un trabajo enorme en el que todos dicen lo suyo. Como “Soledad y compañía”, el libro de la colombiana Silvana Paternostro sobre García Márquez, “Libertad divino tesoro” cuenta una vida de manera coral, con pocas intervenciones del autor, privilegiando las citas textuales que, en algunos casos, se contradicen entre sí.

El libro hace referencia a todos los mitos surgidos alrededor de la figura de Prodan y los profundiza desde la óptica de personas que estuvieron en el lugar de los hechos. Compañeros de banda, amigos, familiares, novias, músicos, vecinos, periodistas y fans de esos años construyen colectivamente la vida de Luca, tomándose el espacio necesario para detallarla. Así salen a la luz momentos que habían quedado guardados en el círculo íntimo y sirven para mostrar a un hombre mucho más frágil que lo que se creía, algo que siempre se insinuó y comenzó a tomar fuerza desde la edición de los discos Time Fate Love (1996) y Perdedores Hermosos (1997). En esas canciones previas a Sumo, Prodan mostraba una faceta de cantautor folk sensible. En “Libertad divino tesoro”, Luca no sólo es frágil, sino que es despreciado por sus pares y atormentado por fantasmas en medio de una soledad desgarradora, triste y decadente.

viernes, 22 de noviembre de 2013

No te vayas, gorda


5, el disco que Vicentico sacó el año pasado, resume la relación ideal que buscamos como adultos solteros cagados a palos. Hasta el sonido remite a cierta madurez. La producción de Cachorro López es pop para divertirse en serio. La clave está en el bajo limpio y profundo, en el aire que hay entre las guitarras y en la capacidad de encontrar un perfil FM imperecedero que no va a envejecer mal porque tiene el buen gusto de lo que persiste en melodías que cierran siempre. Simple, sin exceso de rebusques estilísticos de época que después parecerán caprichos momentáneos, como pasaba con algunas canciones de Los Abuelos de la Nada. En “Rehenes” o “Carnaval de Brasil”, temas de Andrés Calamaro que Cachorro también se puso al hombro, se escucha la misma condición indestructible.

La falta de prejuicio para escuchar a Vicentico haciendo covers de Xuxa y Roberto Carlos también forma parte de esa madurez necesaria para disfrutar de este disco. Se puede tener 17 años y cantar “Creo que me enamoré” o “Soldado de dios”, pero puede ser peligroso. A esa edad es preferible ser fan de Dos Minutos, Los Redondos, Los Cadillacs o The Clash. A los 17 no se necesita a una mujer, hacen falta amigos.

¿Qué será lo que lleva a pensar que lo mejor sólo puede ser alguien que te acompañe en una noche de charlas, vasos y besos en la barra de un bar? ¿Será sabiduría romántica? Vicentico y Valeria Bertucelli transmiten eso cuando cantan juntos en “Esto de quererte” y en "No te apartes de mí". Amor puro y sincero. Sincero no por revelar el enamoramiento, sino por decir “pasé por muchas situaciones, conocí a muchas personas”. Sé lo que quiero y lo quiero ya, porque cada día que pasa me vuelvo más viejo, más descreído, más mediocre.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Ataca de nuevo


Madrugada de invierno en la ciudad de Quilmes: el Club Tucumán está repleto con doscientas personas que ya sintieron las piñas de El Perrodiablo y Fútbol, dos de las mejores bandas emergentes del nuevo rock argentino. Entre calor, humedad y precios considerablemente más bajos que en Capital Federal, los minutos pasan hasta que por una pequeña escalera descienden los cinco protagonistas principales de la noche. El Siempreterno está por dar unos de sus escasos shows anuales, sin probar sonido. Ariel Minimal se cuelga la guitarra, vestido con una remera de Crosby Stills & Nash, semioculto con una gorra de Off!, el grupo hardcore del ex cantante de Black Flag. Fernando Ricciardi se sienta y comienza a acompañar levemente con su batería a Minimal y al bajista Álvaro “Ruso” Sánchez. Mientras tanto, en el medio del escenario, una afiebrada Mimi Maura dosifica sus energías para poder cantar esta noche y volver a hacerlo mañana en Niceto. El que no dosifica un carajo es Sergio Rotman, que está eufórico. Arenga, pregunta qué tal, saluda y presenta al grupo. Inmediatamente comienza una hora de lo más parecido a una noche under ochentosa de rock furioso. Todo lo que leíste en los libros y revistas, todo lo que escuchaste en entrevistas y viste en documentales se siente en Quilmes. Acá hay una escuela prolongada de punk, post punk, Luca Prodan, Cemento, Morrissey, Velvet Underground, el Café Einstein, Todos Tus Muertos, Bowie, Massacre y varios más. El Siempreterno es el hijo directo de Cienfuegos, la banda de culto que en los noventa supo canalizar la angustia y la bronca que Rotman no podía plasmar en su papel de saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs. Verlos en vivo es inolvidable porque se notan esas influencias, se percibe el background sonoro pegándote en el pecho, te recuerda en zumbidos matinales posteriores que no te vas a librar tan fácil de su impronta. Presenciar cómo Rotman le grita al micrófono, inclinado contra los bordes de un escenario que es invadido todo el tiempo por dos, tres, cuatro pibes eufóricos y sacados, es una de las mayores experiencias que se pueden vivir en el rock argentino actual. No importa si suena mal, importa que “Moonage Daydream” se convierta en una reactualización de Roberto Quenedi, con palabras como “amanaligueitor”. Después de una hora de Siempreterno no vas a poder ir a ver más bandas punks under. No les vas a creer a ninguna. Como Pappo, los vas a mandar a buscarse un trabajo honesto.

domingo, 14 de julio de 2013

La feliz sonrisa de tu rostro



El viernes fui con mi amigo Diego a ver El Siempreterno al Club Tucumán, de Quilmes. Nos tomamos el 159 hasta Baranda al 900. El nombre de la avenida no podía ser más apropiado: apenas bajamos nos invadió un olor a faso inconfundible que confirmó que estábamos en el lugar correcto.

jueves, 21 de febrero de 2013

Pez: "El Rock es una mentira"


(Ya sé que Pepo no está más, pero esta nota fue realizada unas semanas antes de su partida del grupo. La foto es de Martín Santoro) 

Nota que le da contexto (?): ¡Salvando viejas deudas! Esta entrevista de 2012 a Pez fue publicada en el número 10 de la revista Rock Salta, de junio-julio de 2012. Para la vieja guardia de Frases Rockeras es casi una reivindicación; porque allá por 2007 me comuniqué con la gente que manejaba la prensa del grupo para obtener una nota con Ariel Minimal. La respuesta fue positiva, pero un tanto rara si la vemos desde estos días en los que Minimal se la pasa puteándose con todos por Facebook. La encargada de prensa me pidió que le mande las preguntas por mail para que ella pudiera hacérselas a Ariel, transcribir las respuestas y enviármelas. Para compartir mi alegría utilicé una maniobra muy pelotuda: le comuniqué la noticia a los lectores del blog y les pedí preguntas para hacerle a Minimal una especie de entrevista comunitaria que nunca salió, porque la muchacha en cuestión colgó como las mejores y jamás habló con él. 
Ahora, seis (!) años tarde, por fin, aparece la entrevista a Minimal en Frases Rockeras. No, no le hice ninguna de las preguntas que me mandaron porque me sobran huevos (?).  

Son las once y media de la noche del sábado 19 de mayo de 2012 y un grupo uniforme de 15 adolescentes y veinteañeros está sentado en la vereda, esperando que el boliche de sus amores abra las puertas y les permita bailar, escuchar y disfrutar la música que a ellos los conmueve. La disco de puro rock argentino es un pequeño furor en la San Martín al 1100 de la capital tucumana. A pocos metros, en la misma cuadra, los Pez (el cantante y guitarrista Ariel Minimal; el bajista Fósforo García, el baterista Franco Salvador y el tecladista Pepo Limeres) están parados afuera del Robert Nesta Club, el local en el que dentro de pocos minutos presentarán Volviendo a las cavernas, su último disco, después de una ausencia de seis años en la provincia.
La imagen de los jóvenes “amantes del rock argentino” que esperan para entrar y escuchar los remixes de un DJ, sin notar que en la misma cuadra está a punto de tocar en vivo una de las mejores bandas de los últimos 15 años resulta una alegoría perfecta del camino que Pez transitó desde su formación, a finales de 1993. Una carrera marcada por estar siempre al margen del mainstream, en la vereda opuesta de los tiempos  y los canales de difusión que marca la industria.