(Foto: Facebook Siempreterno)
Madrugada de invierno en la ciudad de Quilmes: el Club Tucumán está repleto con doscientas personas que ya sintieron las piñas de El Perrodiablo y Fútbol, dos de las mejores bandas emergentes del nuevo rock argentino. Entre calor, humedad y precios considerablemente más bajos que en Capital Federal, los minutos pasan hasta que por una pequeña escalera descienden los cinco protagonistas principales de la noche. El Siempreterno está por dar unos de sus escasos shows anuales, sin probar sonido. Ariel Minimal se cuelga la guitarra, vestido con una remera de Crosby Stills & Nash, semioculto con una gorra de Off!, el grupo hardcore del ex cantante de Black Flag. Fernando Ricciardi se sienta y comienza a acompañar levemente con su batería a Minimal y al bajista Álvaro “Ruso” Sánchez. Mientras tanto, en el medio del escenario, una afiebrada Mimi Maura dosifica sus energías para poder cantar esta noche y volver a hacerlo mañana en Niceto. El que no dosifica un carajo es Sergio Rotman, que está eufórico. Arenga, pregunta qué tal, saluda y presenta al grupo. Inmediatamente comienza una hora de lo más parecido a una noche under ochentosa de rock furioso. Todo lo que leíste en los libros y revistas, todo lo que escuchaste en entrevistas y viste en documentales se siente en Quilmes. Acá hay una escuela prolongada de punk, post punk, Luca Prodan, Cemento, Morrissey, Velvet Underground, el Café Einstein, Todos Tus Muertos, Bowie, Massacre y varios más. El Siempreterno es el hijo directo de Cienfuegos, la banda de culto que en los noventa supo canalizar la angustia y la bronca que Rotman no podía plasmar en su papel de saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs. Verlos en vivo es inolvidable porque se notan esas influencias, se percibe el background sonoro pegándote en el pecho, te recuerda en zumbidos matinales posteriores que no te vas a librar tan fácil de su impronta. Presenciar cómo Rotman le grita al micrófono, inclinado contra los bordes de un escenario que es invadido todo el tiempo por dos, tres, cuatro pibes eufóricos y sacados, es una de las mayores experiencias que se pueden vivir en el rock argentino actual. No importa si suena mal, importa que “Moonage Daydream” se convierta en una reactualización de Roberto Quenedi, con palabras como “amanaligueitor”. Después de una hora de Siempreterno no vas a poder ir a ver más bandas punks under. No les vas a creer a ninguna. Como Pappo, los vas a mandar a buscarse un trabajo honesto.
