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sábado, 21 de octubre de 2017

Nebbia - Pez: vamos haciendo

(Litto y Pez en la sala de ensayo de la banda, el lunes 28 de agosto de 2017)

Litto Nebbia y Pez se juntaron, ensayaron, tocaron, se coparon y grabaron. Parece simple, aunque contenga una carga energética que tiene cincuenta años de historia. El encuentro responde a una tradición y a una ideología del rock argentino que al mismo tiempo apunta al futuro. La independencia, el fuck you a las empresas, el hacelo vos mismo como algo cada vez más común. Hay influencias punks, ricoteras, spinetteanas, está la Expreso Imaginario, está el fanzine Resistencia de Patricia Pietrafesa, está el aguante épico de la disquería Mercurio ante la prepotencia de las multinacionales que te venden la basura que te pasan las mismas radiofórmulas de siempre: falsos artistas de chupín, de cara consumida por la merca, que confunden rock con pomeleada, tipos que alimentan el cinismo de los que ya no creen que el rock pueda servir para algo bueno, que fomentan la mofa de los que sienten que esa música es incapaz de engordar las mentes y sólo puede aspirar a aumentar las cuentas bancarias de label managers que chequean las palabras clave que más se retuitearon. No, amigos, no amigas: esto que grabaron Nebbia y Pez no es solamente un disco de versiones con algunos temas nuevos. Responde a un legado y será para siempre una influencia.

Pez es lo más parecido a eso que canta Massacre en “La octava maravilla”, donde Walas realza el valor simbólico del rock. El rock como bandera en alto contra todos los males de este mundo. ¿Acaso no es eso lo que transmite la banda en “1986”, una de las mejores canciones del disco Pelea al horror? “Es 1986, estoy solo y no sé bien qué hacer / No me gusta ir a bailar y no me interesa estudiar / Sólo quiero ir a ese antro una vez más a tocar”. El rock como única posibilidad. Ariel Sanzo, que aunque no quiera igual va a seguir siendo conocido como Minimal, siempre mantuvo cerca ese recuerdo, el de su formación. Cuando era joven ya lo tenía claro: “Eso que vos definirías distracción / Al fin de cuentas fue mi educación / Tapas de discos y pósters de la Pelo”, cantó allá por el 98, cuando todavía era el guitarrista veinteañero que había ayudado a cambiar el sonido de Los Fabulosos Cadillacs.

Si se lo preguntás, Ariel va a decir que no sabe de dónde salieron las canciones. Que no es escritor, que hace lo que puede. Que las escribe así nomás y listo, a cobrar en SADAIC. Pero esas cosas no se escriben en diez minutos. Aparecen después de años de discos escuchados, de recitales pogueados, de conciertos brindados, de, sí, pósters pegados y lectura de revistas que transmitan un poco de esa mezcla de sensaciones que aparecen cuando en un par de auriculares o parlantes suena al mango la música que amamos. En los pósters estaban Luis Alberto, Charly, los Manal, Abuelo, Luca, el Indio y Nebbia, el mismo que en la pequeña sala de ensayo de Avenida Rivadavia al siete mil y pico dijo no me hagan ensayar “La balsa”. Es que, muchachos, hay cosas que no se ensayan más. Hay cosas que se llevan adentro para siempre, que nunca más serán error.

Y hay que decirlo así, sabiendo que si el mundo perdona tantas injusticias también puede perdonar este brulote: el que no tiene en su discoteca un buen disco de Pez o de Nebbia no sabe nada de rock argentino. Pero resulta que las cosas se han simplificado: ahora Pez y Nebbia editan juntos a la par. El 1 de septiembre apareció Rodar, el disco que grabaron en colaboración a principios de este año.

                                                                           ****

“Mi relación con él empezó cuando yo estaba grabando un disco solista que tenía un tema que se llama ‘Todo el tiempo que se va’. Un día me desperté y dije ‘¿y si lo llamo a Nebbia? Capaz que se copa y lo canta’. Le escribí y a los diez minutos me contestó”, recuerda Sanzo, voz y guitarra de Pez, parado exactamente al medio de la sala de ensayo del grupo, en el barrio de Flores. El flechazo provocó que Nebbia lo convocara para formar parte de La Luz, el trío que acompañó al ex Gatos durante la segunda mitad de la década pasada. Juntos grabaron los discos Danza del corazón, The Blues y El palacio de las flores, el álbum solista de Andrés Calamaro editado en 2006.

En diciembre del año pasado, Pez invitó a Nebbia a participar de un show en el Teatro Vorterix. Durante los ensayos se gestó la idea de Rodar. “Vino acá a ensayar con nosotros, le hicimos un recibimiento, una picada, y fluyó tan natural todo -sigue Ariel-. Estuvo re bien todo, vino al show de Vorterix y flasheó con la situación de nosotros como grupo humano. El grupo humano extendido de Pez: toda la gente que labura, viste, y el público también, que lo recibió embelesado. Me parece que se sintió cómodo con nosotros y al toque, a los quince días, me llamó: ‘Che, te quiero hacer una propuesta, no sé si va a haber un mango o qué, pero por lo menos nos vamos a divertir’. Y la propuesta era grabar este disco y hacer un par de shows. Así que le dijimos obviamente que sí inmediatamente y después grabamos el disco”.

Rodar tiene quince canciones, la mayoría de la etapa inicial de Nebbia, temas de Los Gatos que se mantienen como la faceta más popular del rosarino. “Hogar”, “Rock de la mujer perdida”, “Los días de Actemio”, “El rey lloró / Madre escúchame”, “No fui hecho para esta tierra”, “Lágrimas de María”, “Mujer de carbón”, “Soy de cualquier lugar”, “Cadenas y moneda” (de Huinca) y “La balsa”. También está “Pato trabaja en una carnicería”, de Moris, y dos piezas compuestas con Sanzo especialmente para este álbum: “Aromas de una esquina” y “Las palabras mágicas”.

“Logramos que el disco sea Nebbia Pez, logramos que el disco suene a Pez también, más allá de que nosotros somos mucho más ruidosos de lo que él acostumbra a tocar a nivel volumen y a nivel distorsiones. Logramos llegar a un lugar intermedio donde Litto estaba cómodo y seguía sonando a Pez”, explica Ariel.

El disco fue grabado en la sala de ensayo de la banda y en el estudio de Melopea, la discográfica independiente de Litto. En octubre aparecerá el vinilo. Antes, el 9 de septiembre, habrá una presentación en la Sala Lavardén de Rosario. El 14 de octubre se presentarán en la primera fecha del festival Barock, en Buenos Aires. “Creo que hacemos algo a fin de año acá en Capital -sigue Ariel-. Por lo pronto son esos tres shows. Después veremos si pintan más o si pinta seguir grabando cosas juntos. Alguien decía que hay cosas más de los setenta y ochenta que estaría bueno que las hiciéramos, y bueno, pueden venir en Nebbia Pez Volumen 2 (risas)”.

                                         


jueves, 12 de octubre de 2017

Vinieron a explotar

(La tapa de La síntesis O'Konor, de El mató a un policía motorizado)


Una pequeña y arbitraria lista de canciones del rock argentino 2017.

Usted Señalemelo - “Big Bang”
Disco: II
Los mendocinos ofrecen una mezcla de rock y pop que pareciera alimentarse de Soda y Los Redondos al mismo tiempo. El estribillo arrogante de esta canción sólo puede ser un buen augurio para el rock argentino que se viene y que ellos representan.

Degradé - “La casa abandonada”
Disco: Balneario
El segundo tema del nuevo disco de los rosarinos evoca a la infancia de los músicos. Las voces y la onda beatle la definen. “Quiero cantar lo que no está”, dicen. Pero esta canción está. Se nota tanto que no se puede obviar.

Charly García - “Lluvia” 
Disco: Random 
Hace varios años que Charly tira mierda contra la calidad del rock argentino actual. Sabemos que no tiene razón, pero cuando pela canciones como ésta es difícil pedirle que se calle.

Los Besos - “Helados verdes”
Disco: Helados verdes
No importa la duración de un disco. Cuando es bueno se vuelve infinito. Helados verdes, el breve álbum de Los Besos (seis canciones, 16 minutos) es uno de esos trabajos destinados a bancarse el repeat.

Pez - “Los días poderosos”
Disco: Pelea al horror
La explosión de voces cuando llega el verso "donde todo puede pasar" provoca el primer gran momento de esta canción con letra de Fabián Casas. El recitado del final le abre la puerta a la nostalgia.

Placard - “Flecha rota”
Disco: El disco robado 
El segundo álbum de la banda de Mike Barrenechea y Laura Carbajal tuvo un proceso difícil. La primera versión fue efectivamente robada. Pero las canciones quedaron. "Flecha rota" es una de las más lindas.

Los Espíritus - “La mirada”
Disco: Agua ardiente
Hace tiempo que no aparecía una banda con la capacidad de conformar a casi todos y con la popularidad como un cheque en blanco. Los Espíritus se recibieron del grupo que hay que ir a ver, el que mejor refleja la época. “El pasaje salió el doble y ninguno dijo nada”. La tensión antes de la paliza.

Pez - “1986”
Disco: Pelea al horror
El rock, laberinto privado, maravilla del mundo, que nos protege y nos reúne ante lo malo que anda ahí afuera. Que nos hace creer que nuestros proyectos de vida pueden ser posibles. Que te educa desde una ideología que hoy parece haber sido convertida en negocio pero que en realidad está ahí, siempre lista para que la usemos a nuestro favor y no para beneficio de os garcas.

Boom Boom Kid - “Aloha bohemia”
Disco: El disco del invierno
El disco del invierno, el segundo que BBK publica este año, es de lo más hitero que se publicó. Aquí, un ejemplo de estribillo irresistible.

El mató a un policía motorizado - “El mundo extraño”
Disco: La síntesis O’Konor
“Sé que es lo peor pero ésta es la mejor versión de mí”. Si usamos la frase de la canción para describir el disco, tenemos mentiras y verdades. “El mundo extraño” es la mejor versión de lo mejor de El mató, otra banda de esta lista que no tiene techo.

Luciana Tagliapietra - “Un monstruo”
Disco: Kawaii 
La tucumana se pasó al pop electrónico y la colgó en el ángulo. Un disco de canciones de amor y desamor dramático y exagerado (“otra vez estoy inestable”,  “enferma, tirada y llorando en la plaza, te vi”) que está entre lo mejor del año.

El Estrellero - "El deseo de fascinar" / "Desventajas"
Disco: Los magos
La banda platense es de las que uno no entiende cómo no suenan en todos lados, todo el tiempo. El primer corte, "El deseo de fascinar", es súper entrador y tiene al guitarrista Alejo Klimavicius al frente. En la segunda canción, el que lleva las riendas es el bajista Juan Irio.

EDITADO EL 26 DE DICIEMBRE: 

Fito Páez - "Tu vida mi vida"
Disco: La ciudad liberada

El nuevo álbum de Fito contiene los tics que comenzaron a aparecer a mediados de los noventa: letras muy largas, que por momentos parecen metidas a presión dentro de la música, y un exceso del yo que suena más escupido que laburado . No le vendría mal un productor cara de piedra que aporte una nueva mirada. "Tu vida mi vida" usa la base de "No soy un extraño", de Charly García, para contar una historia de amor fogosa que prioriza las melodías sobre el recitado.

 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Los días poderosos

(La Feria del Centro reunió a distintos sellos y editoriales. Foto: Facebook Discos del Saladillo)

Jueves 7 de septiembre

Empiezo el taller “Cómo encontrar poesía en el motor de un auto”, dictado por Fabián Casas en la Biblioteca Nacional. Una actividad gratuita que convocó aproximadamente a 300 aspirantes que nos inscribimos online durante el mes de agosto. Finalmente, quedamos unas cincuenta personas seleccionadas por orden de llegada virtual. Algunas, según cuentan durante la presentación general, ya participaron en ediciones anteriores del taller y ahora reinciden. Casas aprovecha su experiencia para pedirles que cuenten un poco de qué se trata todo esto que nos reúne.

Casas escribe como habla. O habla como escribe. Usa las mismas palabras y expresiones que luego vuelca en los textos. Su manera de llegar a la cuestión es ejemplificar, recordar episodios y películas, comparar la escritura con todo tipo de actividades y tirar nombres de escritores como un kiosquero con Rapipago cobra las boletas durante la primera semana de cada mes. No para. En una hora y media habla de Ricardo Zelarayán, James Joyce, Tolstoi, Martín Rejtman, Borges, Arlt y más. Nos alienta a liberarnos de la influencia. A romper con el mandato. A usar la escritura en función de lo que queremos contar. Al final nos da una consigna para la próxima clase y nos recita poemas de Mariano Blatt y Daniel Durand. El de Durand me encanta. Se llama “Nunca escribiré un poema sobre Los Beatles”:

Un día un amigo me contó
que los Beatles tenían tanta plata
que podían comprarse una ciudad como Concordia
con todo lo que había adentro.
Dos noches estuve sin poder dormir
pensando que en cualquier momento se venían los Beatles
a comprar la ciudad con todo lo que había adentro.

Viernes 8  

Son las 7.30 de la mañana y estoy en la terminal de Retiro. Hace cinco minutos tendría que haber empezado el viaje hacia Rosario pero los trabajadores la UTA están de paro desde las doce de la noche. Tengo que viajar para participar de la primera Feria del Centro, que se realiza desde ayer y se extenderá hasta el domingo 10. Cuatro jornadas en las que se unen las industrias culturales de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Pero no hay bondis. Me cabe por vivir en país macrista.

Para el mediodía la cosa ya está solucionada. Viajo en auto con dos rosarinos que me cuentan los entretelones de la escena del rock de Rosario. Nada nuevo: grandes bandas que se separan, internas boludas regidas por el ego que divide a los que podrían hacer cosas juntos, falta de lugares para tocar, público que prefiere ver bandas tributo, productores inescrupulosos y garcas, gente vendehumo. La escena rosarina carga con las mismas taras que las de las demás ciudades del país. Al menos en este viaje.

Llegamos a las tres de la tarde. A las cuatro tiene que arrancar la charla "El rol del periodismo en las escenas locales", una actividad en la que tengo que comentar mi experiencia como periodista que cubre el rock de ciudades que no tienen una industria montada alrededor. También van a participar los periodistas Lucas Canalda, ex Rock & Pop y Radio Metro de Rosario, actual hacedor del excelente sitio Rapto; y el cordobés Rodrigo Piedra, de Indie Hoy. Va a coordinar todo Andrés Conti, del sello rosarino Discos del Saladillo. Conti, también periodista, escribió hace poco un artículo en el que analiza la actualidad del rock rosarino y llega a esas conclusiones comunes que me habían comentado en el auto.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Litto Nebbia y Pez en la tapa de Rock Salta


El rosarino y el grupo liderado por Ariel Sanzo ilustran la portada del número de septiembre de la revista que tiene a este cronista como editor.

Rodar, el disco en colaboración entre Nebbia y Pez, fue la excusa para hablar con estos emblemas del rock argentino independiente y popular. Alternativos y clásicos a la vez.

Además, un especial por los cien años del nacimiento del Cuchi Leguizamón. Entrevistamos a Pablo Comas, líder de la excelente banda rosarina Alucinaria. Estuvimos en el show que los mendocinos Usted Señalemelo brindaron en Salta y acompañamos al grupo pampeano Catalinatom durante la grabación de su flamante simple. Y más, mucho más, no deje de adquirir.

La revista Rock Salta estará disponible para la venta en rockerías de la ciudad de Salta, Jujuy, Rosario, Córdoba y Tucumán a partir de la segunda semana de septiembre a 50 pesos. Venta online y envíos a todo el país a través de rocksalta.com.

viernes, 19 de mayo de 2017

Llévame a un lugar con parlantes

(Neto, de Misiones)

De alguna manera, el Taragüi Rock aplica la táctica del Caballo de Troya musical que necesitan las escenas de las provincias. Esto es, poner algunas bandas de gran convocatoria encabezando la grilla para atraer al público y así meter en un escenario excelente a un montón de grupos regionales que tienen poca difusión.

La quinta edición (12, 13 y 14 de septiembre de 2014) se realiza, como siempre, en el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, y resulta toda una señal por parte de la organización: el festival de rock de la región se hace en el escenario más importante de la provincia, donde en enero se hará el encuentro “mundial” de chamamé.

En 2013 había sucedido algo curioso: lo más atractivo del festival había estado en las bandas regionales. En conocerlas y escucharlas. Muchas de ellas tenían más para decir que los grosos nacionales que cortaban tickets. En esta edición, la cosa viene más o menos parecida.

El Taragüi Rock tuvo una etapa previa en la que 136 bandas de Corrientes, Chaco, Misiones, Formosa, Mendoza y Buenos Aires, se inscribieron para poder participar. Compitieron durante dos jornadas realizadas en el club Boca Unidos. Finalmente, la grilla quedó conformada por 26 grupos, entre músicos megafamosos, invitados de la región, Paraguay y Brasil, y los ganadores de esa doble competencia.

Organizado por el Instituto de Cultura de la provincia de Corrientes, el festival busca hacer lugar a las bandas locales, que en muchos casos vienen tocando desde hace tiempo sin lograr demasiada difusión. Integrar musicalmente a la región es un propósito explícito. Lo dicen sus organizadores.

El Cocomarola posee un escenario grande, con un sonido excelente y buena puesta. Con entradas accesibles (100 pesos los dos primeros días, 120 el domingo), los correntinos y chaqueños (Resistencia está a diez minutos en auto, apenas cruzando el puente) tienen un festival para destacar.

martes, 20 de septiembre de 2016

Volver a Casas


En la tapa, realizada por Santiago Motorizado (que también hizo la de Titanes del coco), alguien tira una patada. Es una portada ambigua, como las de los discos de Virus. No sabemos si la persona que la protagoniza es hombre o mujer. Estamos seguros de que practica un arte marcial pero no vamos a averiguar si es karate, taekwondo o jiu-jitsu porque este texto surge desde la experiencia, no de la deontología periodística. Así escribe Fabián Casas. No chequea los datos, habla desde adentro, usa lo que tiene. No le interesa brindar información precisa sino utilizar escenas, imágenes, obras y personas en función de lo que tiene para decir.

Para Casas, el poeta avanza sobre la oscuridad, guiándose por la intuición. Y Casas, antes que nada, es poeta. Como Neo, el personaje de Matrix que empieza a ver de otra manera cuando se convierte en El Elegido, reconoce la poesía en todos lados. La puede encontrar en los surcos de la música popular, en las trampas de los periodistas menos cínicos y en el comienzo de la final del Mundial 74. Dice que la buena poesía, aun cuando pareciera afirmar algo, siempre se encuentra en estado de pregunta. También que la poesía que más le gusta es la que no entiende.

Bien adelante en la portada están los datos duros: autor, título y subtítulo. O el primer poema del libro:

Fabián
Casas
Trayendo a casa
Todo de nuevo
Todos los ensayos

Podría ser “todo de nuevo, todos los ensayos”, que quizás no sean sentencias sobre temas diversos publicadas en revistas, diarios, blogs y otros libros, sino pruebas, experimentos. Una sala de ensayos.

Como la buena poesía, Casas vive en estado de pregunta. Prefiere el camino a la llegada. ¿De qué habla en sus textos? De Spinetta, seguro. Ya lo sugiere el título, una derivación de “Cantata de puentes amarillos”, canción clave del repertorio spinetteano porque incluye la máxima “aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor: mañana es mejor”.

Para Casas, mañana es mejor, siempre. Es enemigo de la nostalgia. Le teme porque sabe que podría caer en ella fácilmente. Para eso, dice, hace karate y toma whisky. Y acá es donde la portada termina de volverse ambigua. Si mañana es mejor, ¿por qué traer a casa todo de nuevo? ¿Por qué hay que volver a casa? ¿O hay que volver a Casas y falta una s, algo que no sería raro en las habitualmente desastrosas ediciones de Planeta?

lunes, 19 de septiembre de 2016

Más música

(Foto: Facebook Pez)

Volvió Pez a Salta. Tocó por tercera vez en la ciudad. La primera había sido hace diez años. La segunda, en 2014. Esta fue la mejor de todas. Básicamente porque yo pude ir. Las anteriores no me habían tenido como espectador, pero en 2006 alcancé a arrancar un afiche que aún conservo sin colgar. Era blanco y negro y tenía las caras en primer plano de los cuatro músicos, parecido a la tapa de With The Beatles.

El recital fue en Fábrica de Música, una ex concesionaria vidriada que suena horrible y es puro calor. Antes de entrar, un amigo periodista me contó que se habían vendido apenas treinta anticipadas, una tristeza. El recital finalmente fue presenciado por unas 150 personas repartidas en el lugar.

Fue un concierto excelente que se escuchaba mejor desde la vereda, porque, insisto, el lugar es imposible. Lo pude comprobar porque primero escuché desde afuera. Tocaron canciones hermosas como “Más música”, “Cassette”, “De la vieja escuela del amor”, “Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar” y (ahora no me acuerdo bien) “El viaje” o “Difícil de conseguir”. Quizás ambas. También sonaron “Los orfebres”, “Introducción, declaración, adivinanza” y “Último acto”. Yo esperaba “Todo lo que ya fue”, que me parece el mejor tema de la banda, pero no apareció.

Mientras lo veía al Artista Antes Conocido Como Minimal dar un paso al frente y hacer un solo con los ojos cerrados pensaba que a pesar de los veintipico de años que tiene la banda la sensación es que el mejor momento es ahora.

Creo que Rock Nacional, el disco que sacaron hace unos meses, es el más accesible y también el mejor. Tiene canciones preciosas, gran punto a favor, suena súper actual y mantiene el riesgo.

La actualidad es tanta en Pez que la tapa de Rock Nacional refleja un estado político constante de este año: el de la protesta de la gente y la represión policial. Es un llamado a la rebelión desde todo punto de vista. El visual y también el sonoro. Porque la banda, como dice Fabián Casas, trabajó en contra de su habilidad. El disco anterior, El Manto Eléctrico, fue de un dub psicodélico colgado que no tenía mucho que ver con este presente.

Pez no edita discos malos. Y lo hace dentro de una paleta sonora que se permite el riesgo, lo que vuelve aún más meritoria esa vara alta que nunca desciende. El grupo desde sus inicios a mediados de los noventa osciló entre el punk, el hardcore, el rock progresivo, el folk, la psicodelia, el candombe, el jazz. No se puede resumir a la banda por una sola canción. Tampoco por un solo álbum.

A pesar de esa enorme variedad, el grupo nunca tuvo un hit radial. Probablemente, de diez personas encuestadas en las calles de nuestra ciudad, apenas una o dos hayan escuchado su música. Es que Pez sintetiza como ninguna otra banda la actualidad del rock argentino de estos años, aunque generacionalmente pertenezcan a otra camada.

               

viernes, 20 de febrero de 2015

No tengo nada que ver con tu idea del rock

(Doma, de El Perrodiablo, agita el escenario principal)

En el día uno de Cosquín Rock 2015, el sábado 14 de febrero, El Perrodiablo arranca cerca de las cuatro y media de la tarde en el escenario principal, ante muy pocas personas. Hace un set de media hora que confirma lo que se dice de la banda en el under porteño platense. Doma, su cantante escatológico, mezcla de Iggy Pop con el humorista Campi, hace lo que tiene que hacer: conduce un espectáculo que lo va a depositar por fuera de los límites impuestos por las vallas, agitando entre el público. Los demás músicos arengan, dicen que no importa la cantidad de gente, importa la entrega. Eso es El Perrodiablo: delivery de crudeza irresistible.

Antes habían tocado Los Echeverría y Uneven, las bandas del dueño de Key Biscayne y el ex basquetbolista Fabricio Oberto. Con ellos, Cosquín confirmó que sus primeros momentos de cada año son para grupos de gente con guita, famosos, o amigos de la organización.

A las seis de la tarde, Pez patea a la cabeza. Minimal no dice nada. Tocan cuarenta minutos de profunda intensidad, con pocos momentos introspectivos como “Todo lo que ya fue”, la mejor canción del rock argentino 2014. Franco Salvador dice “gracias” como si estuviera pidiendo disculpas. La banda termina con “Introducción, declaración, adivinanza”, que dice “no tengo nada que ver con tu idea del rock”. Suena justo antes de que empiece el set de La Beriso, el sigue siguiendo del rock chabón, que no aprende más que a las banderas hay que izarlas a la mañana en el colegio, durante la infancia, para dejarlas para siempre en la adolescencia, donde no está la libertad.

martes, 29 de julio de 2014

El Perrodiablo

(Foto: Cata Moncal)

Transpirado, en cueros, agitando constantemente, arengando con gritos y ademanes de un tipo que está sacado por la música, Doma se tira al público. Baila en el pogo sin parar de cantar. Apoya su frente en la de otros y arma un coro como hacían los Beatles en un sólo micrófono, pero a niveles de violencia sonora extrema. Mientras tanto, en el escenario, los cuatro músicos restantes laburan para que esa locomotora sin vagones prendida fuego que es El Perrodiablo atraviese las vías y las estaciones sin dejar nada en pie. Y recién van por el primer tema de la lista.

A esta altura, la entrega total que hace El Perrodiablo en vivo, con los amplis en 11, ya es una confirmación que se desparrama cada vez más. Capaces de tocar para metaleros ortodoxos o hipsters palermitanos, los integrantes de este quinteto de La Plata asumen el rock como oxígeno durante todos sus shows. El grupo tuvo un 2013 de repercusión y mayor notoriedad gracias a la gran recepción que tuvo El Espíritu, su tercer disco, editado en 2012. Desde entonces, ver a El Perrodiablo en vivo es casi una obligación para el escucha actual del rock de acá. Los álbumes editados (disponibles en elperrodiablo.com.ar) muestran sólo un costado, el que remite a The Stooges y MC5. Para apreciarlos por completo hay que estar ahí, poguear con Doma, ver a los demás (Chaume y Lea, en guitarras; Fran, en bajo y Joseph, en batería) en un pogo estático, interior. Empujando desde sus instrumentos.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Los verdaderos sonidos de la libertad


Ya lo dijo el director Seymour Skinner: un joven que sabe pasarla bien concurre asiduamente al Museo de Ciencias Naturales. “Nosotros siempre venimos acá, nos encanta”, confirma Andrés Robledo, voz y guitarra de Las Diferencias, rodeado de artrópodos, aves, anfibios y reptiles. El grupo decidió reunirse en este lugar anclado en Parque Centenario para hablar de su breve y vertiginosa carrera. Formados en 2011, la banda editó el año pasado su excelente debut No termina más. Producido por Sergio Ch, ex cantante de Los Natas, el álbum le dio notoriedad a su power blues psicodélico que remite a los primeros tríos del rock argentino.

“Para ser sinceros, al rock nacional de los setenta nunca lo escuchamos”, confiesa el baterista Nicolás Heis, tirando a la basura el clásico juego periodístico de buscar influencias. Los tres integrantes de Las Diferencias (el restante es el bajista Alejandro Navoa) tienen 24 años, nacieron en la década del noventa y comenzaron a educarse musicalmente en los 2000. Internet es tan natural en sus vidas como es para tu abuela llamar al 113 cuando quiere saber la hora. Forman parte de la primera generación que no tuvo dificultades para escuchar música. Con el MP3 se acabaron las peregrinaciones a disquerías carísimas buscando conseguir una copia de un disco imposible. Se terminaron las excusas. Desde hace algunos años, todo está a sólo un clic de distancia. En esa realidad, a estos pibes ni se les pasó por la cabeza bucear por el rock argentino.

De  ahora en más, todas las notas que hablen sobre este grupo deberán evitar linkearlo a Color Humano, Invisible, Manal, Pappo’s Blues o Pescado Rabioso. A Las Diferencias les chupa un huevo la sacralidad rockera. “Tocamos gracias a lo que en su momento, supongo, hicieron ellos. Porque la cultura rock está muy arraigada en Argentina y ellos son los precursores de eso. Pero la verdad que no los escuchamos mucho”, reconoce Andrés, y agrega, protocolar: “Quizás nos estemos perdiendo una mina de oro”. Inmediatamente larga una frase que indignará a todos los cancerberos del manual, a los Tano Pasman del rocanrol que se preguntan cómo es posible: “Lo único que escuché es un disco que se llama El jardín de los presentes, ¿puede ser? Me pareció un discazo, pero no es tanto mi estilo. A Pappo’s Blues III no pude aguantarlo.”

lunes, 30 de diciembre de 2013

El final es en donde partí


“No podemos permitir nunca más una bengala”. La declaración, acertada pero tardía, con 194 muertos encima, fue una de las tantas que se dijeron inmediatamente después de la tragedia de República Cromañón. Fue pronunciada por Gustavo Nápoli. Chizzo para el mundo, el cantante de La Renga para los menos avispados en cultura rockera argentina de los últimos veinte años. El rock de nuestro país olvidó tan rápido una de sus máximas más recientes que hizo repensar todo de nuevo, innecesariamente. ¿O acaso tenía que morir alguien más para volver a intentar entrar en razón?

En lugar de iluminar y hacer que se venga el día en los corazones de las miles de personas que poblaban el Autódromo de la ciudad de La Plata, el bengalazo certero que impactó de lleno en el cuello de Miguel Ramírez aquel 30 de abril de 2011 provocó silencio, desazón, tristeza e incertidumbre en todo un movimiento. En ese fatídico 30 vivimos un revival del otro, el de diciembre de 2004. Una noche igual de catastrófica a la de ese fin de año pero menos famosa, con menor rating por falta de cuerpos acumulados.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Ataca de nuevo


Madrugada de invierno en la ciudad de Quilmes: el Club Tucumán está repleto con doscientas personas que ya sintieron las piñas de El Perrodiablo y Fútbol, dos de las mejores bandas emergentes del nuevo rock argentino. Entre calor, humedad y precios considerablemente más bajos que en Capital Federal, los minutos pasan hasta que por una pequeña escalera descienden los cinco protagonistas principales de la noche. El Siempreterno está por dar unos de sus escasos shows anuales, sin probar sonido. Ariel Minimal se cuelga la guitarra, vestido con una remera de Crosby Stills & Nash, semioculto con una gorra de Off!, el grupo hardcore del ex cantante de Black Flag. Fernando Ricciardi se sienta y comienza a acompañar levemente con su batería a Minimal y al bajista Álvaro “Ruso” Sánchez. Mientras tanto, en el medio del escenario, una afiebrada Mimi Maura dosifica sus energías para poder cantar esta noche y volver a hacerlo mañana en Niceto. El que no dosifica un carajo es Sergio Rotman, que está eufórico. Arenga, pregunta qué tal, saluda y presenta al grupo. Inmediatamente comienza una hora de lo más parecido a una noche under ochentosa de rock furioso. Todo lo que leíste en los libros y revistas, todo lo que escuchaste en entrevistas y viste en documentales se siente en Quilmes. Acá hay una escuela prolongada de punk, post punk, Luca Prodan, Cemento, Morrissey, Velvet Underground, el Café Einstein, Todos Tus Muertos, Bowie, Massacre y varios más. El Siempreterno es el hijo directo de Cienfuegos, la banda de culto que en los noventa supo canalizar la angustia y la bronca que Rotman no podía plasmar en su papel de saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs. Verlos en vivo es inolvidable porque se notan esas influencias, se percibe el background sonoro pegándote en el pecho, te recuerda en zumbidos matinales posteriores que no te vas a librar tan fácil de su impronta. Presenciar cómo Rotman le grita al micrófono, inclinado contra los bordes de un escenario que es invadido todo el tiempo por dos, tres, cuatro pibes eufóricos y sacados, es una de las mayores experiencias que se pueden vivir en el rock argentino actual. No importa si suena mal, importa que “Moonage Daydream” se convierta en una reactualización de Roberto Quenedi, con palabras como “amanaligueitor”. Después de una hora de Siempreterno no vas a poder ir a ver más bandas punks under. No les vas a creer a ninguna. Como Pappo, los vas a mandar a buscarse un trabajo honesto.

domingo, 14 de julio de 2013

La feliz sonrisa de tu rostro



El viernes fui con mi amigo Diego a ver El Siempreterno al Club Tucumán, de Quilmes. Nos tomamos el 159 hasta Baranda al 900. El nombre de la avenida no podía ser más apropiado: apenas bajamos nos invadió un olor a faso inconfundible que confirmó que estábamos en el lugar correcto.

jueves, 21 de febrero de 2013

Pez: "El Rock es una mentira"


(Ya sé que Pepo no está más, pero esta nota fue realizada unas semanas antes de su partida del grupo. La foto es de Martín Santoro) 

Nota que le da contexto (?): ¡Salvando viejas deudas! Esta entrevista de 2012 a Pez fue publicada en el número 10 de la revista Rock Salta, de junio-julio de 2012. Para la vieja guardia de Frases Rockeras es casi una reivindicación; porque allá por 2007 me comuniqué con la gente que manejaba la prensa del grupo para obtener una nota con Ariel Minimal. La respuesta fue positiva, pero un tanto rara si la vemos desde estos días en los que Minimal se la pasa puteándose con todos por Facebook. La encargada de prensa me pidió que le mande las preguntas por mail para que ella pudiera hacérselas a Ariel, transcribir las respuestas y enviármelas. Para compartir mi alegría utilicé una maniobra muy pelotuda: le comuniqué la noticia a los lectores del blog y les pedí preguntas para hacerle a Minimal una especie de entrevista comunitaria que nunca salió, porque la muchacha en cuestión colgó como las mejores y jamás habló con él. 
Ahora, seis (!) años tarde, por fin, aparece la entrevista a Minimal en Frases Rockeras. No, no le hice ninguna de las preguntas que me mandaron porque me sobran huevos (?).  

Son las once y media de la noche del sábado 19 de mayo de 2012 y un grupo uniforme de 15 adolescentes y veinteañeros está sentado en la vereda, esperando que el boliche de sus amores abra las puertas y les permita bailar, escuchar y disfrutar la música que a ellos los conmueve. La disco de puro rock argentino es un pequeño furor en la San Martín al 1100 de la capital tucumana. A pocos metros, en la misma cuadra, los Pez (el cantante y guitarrista Ariel Minimal; el bajista Fósforo García, el baterista Franco Salvador y el tecladista Pepo Limeres) están parados afuera del Robert Nesta Club, el local en el que dentro de pocos minutos presentarán Volviendo a las cavernas, su último disco, después de una ausencia de seis años en la provincia.
La imagen de los jóvenes “amantes del rock argentino” que esperan para entrar y escuchar los remixes de un DJ, sin notar que en la misma cuadra está a punto de tocar en vivo una de las mejores bandas de los últimos 15 años resulta una alegoría perfecta del camino que Pez transitó desde su formación, a finales de 1993. Una carrera marcada por estar siempre al margen del mainstream, en la vereda opuesta de los tiempos  y los canales de difusión que marca la industria.