(Litto y Pez en la sala de ensayo de la banda, el lunes 28 de agosto de 2017)
Litto Nebbia y Pez se juntaron, ensayaron, tocaron, se coparon y grabaron. Parece simple, aunque contenga una carga energética que tiene cincuenta años de historia. El encuentro responde a una tradición y a una ideología del rock argentino que al mismo tiempo apunta al futuro. La independencia, el fuck you a las empresas, el hacelo vos mismo como algo cada vez más común. Hay influencias punks, ricoteras, spinetteanas, está la Expreso Imaginario, está el fanzine Resistencia de Patricia Pietrafesa, está el aguante épico de la disquería Mercurio ante la prepotencia de las multinacionales que te venden la basura que te pasan las mismas radiofórmulas de siempre: falsos artistas de chupín, de cara consumida por la merca, que confunden rock con pomeleada, tipos que alimentan el cinismo de los que ya no creen que el rock pueda servir para algo bueno, que fomentan la mofa de los que sienten que esa música es incapaz de engordar las mentes y sólo puede aspirar a aumentar las cuentas bancarias de label managers que chequean las palabras clave que más se retuitearon. No, amigos, no amigas: esto que grabaron Nebbia y Pez no es solamente un disco de versiones con algunos temas nuevos. Responde a un legado y será para siempre una influencia.
Pez es lo más parecido a eso que canta Massacre en “La octava maravilla”, donde Walas realza el valor simbólico del rock. El rock como bandera en alto contra todos los males de este mundo. ¿Acaso no es eso lo que transmite la banda en “1986”, una de las mejores canciones del disco Pelea al horror? “Es 1986, estoy solo y no sé bien qué hacer / No me gusta ir a bailar y no me interesa estudiar / Sólo quiero ir a ese antro una vez más a tocar”. El rock como única posibilidad. Ariel Sanzo, que aunque no quiera igual va a seguir siendo conocido como Minimal, siempre mantuvo cerca ese recuerdo, el de su formación. Cuando era joven ya lo tenía claro: “Eso que vos definirías distracción / Al fin de cuentas fue mi educación / Tapas de discos y pósters de la Pelo”, cantó allá por el 98, cuando todavía era el guitarrista veinteañero que había ayudado a cambiar el sonido de Los Fabulosos Cadillacs.
Si se lo preguntás, Ariel va a decir que no sabe de dónde salieron las canciones. Que no es escritor, que hace lo que puede. Que las escribe así nomás y listo, a cobrar en SADAIC. Pero esas cosas no se escriben en diez minutos. Aparecen después de años de discos escuchados, de recitales pogueados, de conciertos brindados, de, sí, pósters pegados y lectura de revistas que transmitan un poco de esa mezcla de sensaciones que aparecen cuando en un par de auriculares o parlantes suena al mango la música que amamos. En los pósters estaban Luis Alberto, Charly, los Manal, Abuelo, Luca, el Indio y Nebbia, el mismo que en la pequeña sala de ensayo de Avenida Rivadavia al siete mil y pico dijo no me hagan ensayar “La balsa”. Es que, muchachos, hay cosas que no se ensayan más. Hay cosas que se llevan adentro para siempre, que nunca más serán error.
Y hay que decirlo así, sabiendo que si el mundo perdona tantas injusticias también puede perdonar este brulote: el que no tiene en su discoteca un buen disco de Pez o de Nebbia no sabe nada de rock argentino. Pero resulta que las cosas se han simplificado: ahora Pez y Nebbia editan juntos a la par. El 1 de septiembre apareció Rodar, el disco que grabaron en colaboración a principios de este año.
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“Mi relación con él empezó cuando yo estaba grabando un disco solista que tenía un tema que se llama ‘Todo el tiempo que se va’. Un día me desperté y dije ‘¿y si lo llamo a Nebbia? Capaz que se copa y lo canta’. Le escribí y a los diez minutos me contestó”, recuerda Sanzo, voz y guitarra de Pez, parado exactamente al medio de la sala de ensayo del grupo, en el barrio de Flores. El flechazo provocó que Nebbia lo convocara para formar parte de La Luz, el trío que acompañó al ex Gatos durante la segunda mitad de la década pasada. Juntos grabaron los discos Danza del corazón, The Blues y El palacio de las flores, el álbum solista de Andrés Calamaro editado en 2006.
En diciembre del año pasado, Pez invitó a Nebbia a participar de un show en el Teatro Vorterix. Durante los ensayos se gestó la idea de Rodar. “Vino acá a ensayar con nosotros, le hicimos un recibimiento, una picada, y fluyó tan natural todo -sigue Ariel-. Estuvo re bien todo, vino al show de Vorterix y flasheó con la situación de nosotros como grupo humano. El grupo humano extendido de Pez: toda la gente que labura, viste, y el público también, que lo recibió embelesado. Me parece que se sintió cómodo con nosotros y al toque, a los quince días, me llamó: ‘Che, te quiero hacer una propuesta, no sé si va a haber un mango o qué, pero por lo menos nos vamos a divertir’. Y la propuesta era grabar este disco y hacer un par de shows. Así que le dijimos obviamente que sí inmediatamente y después grabamos el disco”.
Rodar tiene quince canciones, la mayoría de la etapa inicial de Nebbia, temas de Los Gatos que se mantienen como la faceta más popular del rosarino. “Hogar”, “Rock de la mujer perdida”, “Los días de Actemio”, “El rey lloró / Madre escúchame”, “No fui hecho para esta tierra”, “Lágrimas de María”, “Mujer de carbón”, “Soy de cualquier lugar”, “Cadenas y moneda” (de Huinca) y “La balsa”. También está “Pato trabaja en una carnicería”, de Moris, y dos piezas compuestas con Sanzo especialmente para este álbum: “Aromas de una esquina” y “Las palabras mágicas”.
“Logramos que el disco sea Nebbia Pez, logramos que el disco suene a Pez también, más allá de que nosotros somos mucho más ruidosos de lo que él acostumbra a tocar a nivel volumen y a nivel distorsiones. Logramos llegar a un lugar intermedio donde Litto estaba cómodo y seguía sonando a Pez”, explica Ariel.
El disco fue grabado en la sala de ensayo de la banda y en el estudio de Melopea, la discográfica independiente de Litto. En octubre aparecerá el vinilo. Antes, el 9 de septiembre, habrá una presentación en la Sala Lavardén de Rosario. El 14 de octubre se presentarán en la primera fecha del festival Barock, en Buenos Aires. “Creo que hacemos algo a fin de año acá en Capital -sigue Ariel-. Por lo pronto son esos tres shows. Después veremos si pintan más o si pinta seguir grabando cosas juntos. Alguien decía que hay cosas más de los setenta y ochenta que estaría bueno que las hiciéramos, y bueno, pueden venir en Nebbia Pez Volumen 2 (risas)”.












