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viernes, 25 de febrero de 2022

               

No puedo creer que Rodrigo Espina se haya muerto. No sé qué le pasó, pero sí sé que no lo vamos a olvidar tan fácilmente. Rodrigo hizo "Luca", uno de los mejores documentales sobre rock argentino. Lo presentó por todo el país en funciones armadas especialmente, fuera del circuito clásico de cine. Eran jornadas en las que no solo se podía ver la película, tan emocionante, sino que además se podía charlar con el propio Rodrigo. En muchas ocasiones también viajaba Andrea, el hermano de Luca, para completar la experiencia. 

Yo pude ver la película en el verano de 2009, en Salta. Éramos muy pocos esa noche de domingo en la que repartieron cerveza y empanadas y la entrada era gratuita. Después de ver el documental nos quedamos alrededor de Rodrigo, en ronda, sin micrófonos ni nada, hablando de Luca y sus circunstancias, que son tantas. 

Esa noche pude entrevistar a Rodrigo, que estaba contento, agradecido con todos los centros culturales que lo habían recibido, y también estaba indignado con algunos miembros de Sumo que le habían negado los derechos para usar canciones clave como "Heroína" y "Crua chan". No faltaba tanto tiempo para que Divididos saliera con "Muerto a laburar", una canción donde Mollo y Arnedo se despegaban de aquellos que persiguen las leyendas pensando en hacer plata. Pero es injusto colocar a Rodrigo Espina en ese grupo de gente. Nadie está catorce años con un proyecto si lo que busca es ganar guita. Además, ¿quién está autorizado a contar las historias que nos apasionan? ¿Los que las vivieron? ¿Los que estuvieron ahí? ¿O todas aquellas personas que se sintieron movilizadas y tienen algo para decir?

jueves, 30 de diciembre de 2021

La juventud es un estado de ánimo

Wos (Foto: Rafael Mario Quinteros - Clarín)

El otro día, después de haber escuchado durante toda la tarde Oscuro éxtasis, el nuevo disco de Wos, le mandé un WhatsApp a Aldana, que volvía a casa en bondi. “¿Vamos a ver al Wosito a Obras?”, dije, y adjunté el meme de Historia de un matrimonio donde Scarlett Johansson y Adam Driver discuten a los gritos. 

—Tenés 40 años, podés dejar de hacerte el pendejo escuchando a Wos —dice Scarlett en el meme, con la mano derecha alzada, como si enfatizara el rídículo que implica que un adulto que tomó fernet Vittone en un Plusmar que avanzaba hacia algún concierto de La Renga pretenda asistir al show de un artista nacido poco antes de la aparición de Último bondi a Finisterre.

—Escucho lo que quiero y además los fans le decimos Wosito —responde Driver, con cara compungida, sin argumentos más que el berrinche, incapacitado para el triunfo. 

—Se llama Wos... Wos!!! —retruca ella, ya con las dos manos arriba. Al pobre Adam no le queda otra que golpear la pared, envuelto en una frustración generacional que lo condenará a ver tributos a Los Piojos por toda la eternidad.  

Aldana se cagó de risa y me dijo que “ni en pedo” va a ir un recital como ése, repleto de centennials, servida en bandeja la sensación de ser una anciana de 38 años que no entiende los códigos de las nuevas generaciones. Le comenté, como le había dicho a mi papá cuando advirtió que la plaqueta que le dieron en la Asociación Médica era “por viejo”, que la juventud es un estado de ánimo. Que no tenemos que sentirnos desubicados si vamos a ver a un artista en crecimiento que acaba de publicar un gran disco. “Si esto fuera 1985 ¿te negarías a ir a ver la presentación de Giros en el Luna Park?”. No la convencí.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Luca vuelve a Italia convertido en mito

(Foto: Facebook Andrea Prodan)

A fines de la década pasada Luca Lancise viajó a Bolivia para filmar partes del documental Bianca Neve, un trabajo que se estrenó en 2010 y analiza los distintos aspectos que rodean el consumo y la distribución de cocaína. Antes de terminar el rodaje, en un alto de la filmación, el director italiano decidió visitar Argentina. Aquí asistió a fiestas, fue a eventos y salió a cenar más de una vez con gente desconocida, amigos de amigos que cada noche se renovaban. En cada encuentro Lancise notaba que había algo que se repetía. Un diálogo inicial que todos usaban para romper el hielo.

– ¿Cómo te llamás?
– Luca.
– Ah, como Luca Prodan.

Al principio Lancise no prestaba atención, ese nombre no le decía nada. Pero ante la insistencia empezó a sentir curiosidad y preguntó de quién estaban hablando. Cuando conoció la historia entendió todo. Se dio cuenta de que en la memoria colectiva argentina hay lugar para un solo Luca.

Hoy Lancise prepara un documental sobre Luca Prodan. Quiere presentar al cantante de Sumo ante la sociedad italiana. Buscará mostrarlo como un compatriota que se convirtió en una leyenda en otro continente. Alguien que se fue escapando de una adicción personal pero también de un país que no lo comprendió. La película será apenas una de las distintas maneras en las que Luca está volviendo a Italia. A 33 años de su muerte, el mito todavía expande su influencia.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

¿Ya escuchamos todas las canciones de Luca?


La discografía de Luca Prodan está formada por un casete independiente de Sumo (Corpiños en la madrugada, aún sin edición en Spotify), cuatro discos oficiales de la banda y dos álbumes póstumos como solista. Se podría agregar, también, la versión de “Años”, de Pablo Milanés, en colaboración con Andrés Calamaro y Tom Lupo, una canción que apareció en un compilado del Salmón.

Además está la discografía pirata: conciertos, grabaciones caseras que no fueron incluidas en los dos discos solistas y ensayos o demos de Sumo que no llegaron a ningún álbum. Hay muchos ejemplos dando vueltas por la web. Parte de ese material podría ser publicado en forma oficial si las partes se pusieran de acuerdo. Hay varios shows en vivo que reflejan la fuerza de la banda y el carisma escénico de Luca. Sería una muy buena noticia poder contar con alguno de ellos en una edición al estilo del reciente Spinetta en el Teatro Astral. O aún mejor, con un libro con fotos, testimonios y más información que les fans siempre agradecerían.

Pero para que algo así suceda los ex miembros de Sumo tienen que pensar de la misma manera al mismo tiempo, y ya sabemos que desde 1987 hasta hoy eso ocurrió una sola vez. Lo más probable es que debamos conformarnos con las publicaciones informales que circulan por la web. No hay que ilusionarse con que se repita lo que pasó a mediados de los 90, cuando Timmy McKern, mánager de Sumo, coordinó la publicación de Time Fate Love y Perdedores hermosos, discos solistas de Luca que mostraban una faceta folk que la mayor parte del público desconocía.

Buena parte del material inédito más interesante de Luca fue aportado por su hermano, Andrea, a través de Casa Prodan, su canal de YouTube. Lo más importante probablemente haya sido el compilado de once canciones de Sumo que subió en 2017 con ensayos, demos y temas descartados.

¿Pero hay más canciones de Luca que todavía no conocemos? Que esta pregunta todavía se mantenga a cuarenta años de su llegada a la Argentina habla de la importancia que aún tiene el italiano en la escena del rock argentino, y de la diversidad de su música, algo que fue de la mano de su vida tan cambiante.

“Yo sé que Germán (Daffunchio) y varios miembros de la banda tienen grabaciones buenas que consiguieron en algún boliche, pero están como ahí”, dice Andrea. “Pettinato tiene mucho. Timmy tenía pero perdió cosas”, agrega, y cuenta que aún conserva grabaciones que Luca le envió cuando todavía vivía en Traslasierra, en los inicios de su vida en Argentina. “Son cosas que Timmy decidió no usar para Time Fate Love y para Perdedores Hermosos porque no podía mezclar y no podía actuar sobre las grabaciones. Lo que él publicó eran cosas en pistas separadas, las grabaciones que yo tengo ya están mezcladas. Algunas fueron filtradas en esos discos pirata que salieron en España hace muchos años. Tres CD de todo tipo de cosas que no se sabe bien quién los editó”, explica.

miércoles, 9 de enero de 2019

Mira cómo suena

(Foto: Facebook Los Besos)

Los discos urbanos de Spinetta arrancan de la misma manera. Machi Rufino abre el juego en El jardín de los presentes (1976) con un bajo descendente que se mantiene hasta que entra toda la banda. Es apenas un segundo que parece durar más. En Bajo Belgrano (1983), César Franov hace algo similar, con mayor sutileza y menor volumen, dentro de una mezcla menos atractiva. En los dos está Pomo en batería: en Jade suena más apagado y en Invisible desborda, mucho más luminoso y protagonista.

A los dos segundos de la “Canción de Bajo Belgrano” Spinetta canta “La mañana / Lanzallamas”. El Flaco convierte la segunda “a” en una “o” y la estira como hacen Franov y Machi con sus bajos. Después sigue por la ruta jazzpopera, envarillado en pronunciaciones de versos (“caleidoscopio de ciudad”, “organillero distinto”) que sirven de guía perfecta para las parodias al estilo Luis Almirante Brown. 35 años después, Paula Trama toma esa segunda “a” deformada y la vuelve a estirar durante los casi 27 minutos que dura Copia viva, uno de los mejores discos del rock argentino 2018.

                                     

Copia viva es el cuarto trabajo de Los Besos, o el quinto, depende si se consulta la cuenta de Bandcamp o la de Spotify. Junto al excelente Helados verdes (2017), es el segundo álbum de la banda que realmente parece un disco y no un rejunte de temas. Un Disco de Los Besos, de 2016, está a medio camino. Algunas de las diez canciones de Copia viva tienen varios años y distintas versiones previas que ya habían sido publicadas en la etapa inicial del grupo y en otros proyectos de la cantante. Todas fueron compuestas por Trama (salvo “La cascada de tu pelo enredado” y “Albañil”, en colaboración con Francisco Garamona e Inés Copertino respectivamente).

miércoles, 17 de octubre de 2018

No tan distintos

Fito, Spinetta y Alfonsín, postal ochentosa. Foto: Archivo Clarín.

El rock argentino tiene etapas muy delimitadas y bastante reconocibles que a grandes rasgos se podrían enumerar de la siguiente manera: los comienzos, los primeros 70, la etapa de la dictadura, los 80, los 90, los 2000 pre Cromañón, los 2000 post Cromañón y este último lustro en el que conviven el indie, el rock de estadios, los tributos, el pop y más.

En Rockología, fantástico libro de 1989, reeditado en 2012 por la editorial Galerna, Eduardo Berti escribió que los 80 en el rock argentino se dividen en dos partes: de 1982 a 1985 y de 1986 a 1989. La primera etapa abarca la liberación espiritual y estética por la recuperación democrática, el impulso post Malvinas y cierto aire “divertido” que a pura new wave venía a reemplazar la solemnidad de los años sinfónicos. La segunda está dominada por el aire pesimista de la crisis económica que derivó en la hiperinflación, los picos de venta de los artistas que conformaban la escena, la llegada de Sumo y Los Redondos al disco, entre otros ítems.

En 1988. El fin de la ilusión (Editorial Sudamericana), Martín Zariello focaliza aún más y analiza sólo un año de la riquísima década del 80. No se limita al rock argentino, pero es casi todo el campo de acción por el que se mueve. Así encontramos ensayos sobre Andrés Calamaro, Fito Páez, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Virus, Patricio Rey, Sumo, entre otros, mezclados con muy buenos textos sobre íconos de la época como Raúl Alfonsín, Carlos Monzón y Alberto Olmedo.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Que treinta años no es nada

(Las Pelotas, la banda que Daffunchio lidera desde 1988)

En diciembre entrevisté a Germán Daffunchio. Hablamos sobre las tres décadas sin Luca, el pasado y futuro de Las Pelotas, su posible proyecto solista y algunas cosas más. Pueden leer la nota acá. A la foto la saqué de acá.

lunes, 31 de octubre de 2016

Daddy Issues



Pablo Reyero cuenta tres historias “de verdaderos marginados” en Dársena Sur, un documental de 1997 que resulta insoportable por la crudeza que transmite. Aunque hayan pasado casi veinte años, hay que mirarlo. ¿Qué será de sus protagonistas? ¿Vivirán? Busqué a los tres personajes principales por Facebook. No encontré a ninguno. Atención, editores y periodistas freelance: averigüen qué pasó con esa gente, ahí hay una buena nota.

Diez años después, Reyero dirigió Ángeles Caídos, otro documental con una estructura similar: cuenta las historias de tres jóvenes de sectores marginales de la Ciudad de Buenos Aires. La diferencia es que al final se abre la puerta hacia una mínima esperanza.

Una de las historias es la de María Ángela, una adolescente que toca el cello en la orquesta de Lugano. Vive con su mamá, que tiene un kiosco en la villa. El padre no está. Se fue hace tiempo. Ángela dice que no tiene recuerdos del tipo ni ganas de reencuentros. “Ojalá que este año no venga mi papá”, dice.

“Mi papá no estuvo en mi primer día de la primaria ni la secundaria, pero mi mamá sí. Yo le debo por todo lo que ella hizo por mí cuando yo era chica. Ahora yo tengo que trabajar para ella. Quisiera que llevara una mejor vida, que se aleje de las cosas malas. La primera cosa mala es mi papá, porque se ve que la hizo sufrir mucho”, cuenta, rodeada de estatuas de vírgenes.

“Es muy triste si sentís que un padre no está con vos en los años que lo necesitabas. Yo estaba muerta y sobreviví. Cambié, sonreí. La música me hizo sobrevivir”, dice Ángela. Sólo la música puede darle amor sin pedir nada a cambio. Su mamá también, pero para Ángela, como para todos los hijos que se sienten en deuda, ayudar es una obligación, una culpa que vino de arriba que no se disfruta, se trata de cumplir.

Algo parecido vive Ezequiel, de 17 años, que en la escuela ya repitió dos veces porque, dice, no puede retener nada de lo que estudia. Pero con la música es diferente. Con la música se esfuerza más y más. Se hace preguntas y obtiene respuestas que no siempre le gustan pero lo estimulan. Toca el violín en la misma orquesta. Escucha hip hop y heavy metal.

Ángela y Ezequiel son dirigidos por Fernando, que prefiere escuchar desafinaciones antes que silencio porque cree que lo importante no es que estos chicos toquen en el Teatro Colón. Lo importante es que puedan desafinar. Desafinar es su derecho.

jueves, 6 de octubre de 2016

Huele a espíritu adolescente

(Dos tapas del Sí de los 90. A la imagen la saqué de acá)

No sé cuáles serán los parámetros para delimitar la adolescencia. ¿Cuándo se empieza a ser adolescente? ¿Al cumplir trece años? ¿Con nuestra primera borrachera? ¿Cuando miramos el culo de alguien por primera vez? Voy a arriesgar una teoría más o menos general: las personas entran en la adolescencia cuando comienzan a sentir vergüenza de sus padres y salen cuando son capaces de sentarse a charlar con ellos sin apuro.

Definir los parámetros de la juventud es más difícil. Ser joven depende de muchos asuntos. Uno es joven a los 15, a los 25, a los 35, incluso a los 45. Y más también. Siempre depende del contexto y de la actitud con la que encaremos la vida. Entonces, podemos decir que la adolescencia es una etapa y la juventud un estado de ánimo.

Creo que puedo señalar cuándo empezó mi adolescencia. Fue en 1995, cuando dejé de leer Billiken y pasé a comprar revistas de rock. La primera que tuve fue una Madhouse que provocó las gastadas de un amigo. Vio la tapa, llena de metaleros, y me dijo que compraba revistas “para putos, con fotos de hombres”. Si soy más específico, puedo decir que durante toda la escuela secundaria sólo leí periodismo de rock. Pero no puedo determinar cuándo dejé de ser adolescente. Tampoco si sigo siendo joven.

Joven era Luca Prodan, que se murió después de vivir 34 años que parecieron 300. Cuando pasó eso, en diciembre del 87, el periodista Damián Damore sintió que todo se derrumbaba. “Con Sumo se me iba toda la adolescencia. Al toque me dejó mi novia, terminé emborrachándome en la fiesta de fin de año del secundario, haciendo un papelón grande, con mis hermanos y mi madre viniendo a rescatarme del verdugueo general. Sin Sumo, me di cuenta, no tenía nada. No me importaba nada”, le dijo a Oscar Jalil en Libertad Divino Tesoro.

Bien, Damore puede decir con exactitud cuándo dejó de ser adolescente. ¿Seguirá, como el Sí de Clarín, joven a pesar de las décadas? El suplemento tiene, apenas, 31 años de existencia, siempre atravesados por la frescura del momento. Es un producto ceratiano. Para el Sí, siempre es hoy. Sin embargo las autoridades del multimedio de Magnetto están a punto de estrellarlo, como hizo la NASA con la sonda Rosetta hace unos días.

Mientras escribo esto tengo a mano una caja repleta de suples Sí de la década del 90. Me alcanza con mirar las tapas y las fotos de algunos de los números para recordarlos por completo. Los leí durante toda la adolescencia de secundaria católica y provinciana. De familia conservadora. De padre que dejó de escuchar a Los Beatles cuando sacaron Sgt. Pepper’s. De ciudad en donde era muy difícil ver rock en vivo. En años -mis años- en los que el rock no era un negocio sino pura educación.

martes, 8 de diciembre de 2015

Vale la pena la leyenda del futuro


Quedó en el imaginario que Los Redondos no tenían nada que ver con su público. No fue tan así. Durante los 23 años que duró la banda, los músicos y “la gente” se encontraron y se alejaron, como esas relaciones enfermizas repletas de peleas y reconciliaciones constantes.

En los primeros años, a partir de 1978, mientras Patricio perdía la forma humana y Los Redondos buscaban su camino, el público estaba conformado por amigos de los músicos, amigos de amigos, periodistas avispados y quienes se sentían atraídos por una propuesta diferente: teatro, monólogos y un rock distinto al que se podía encontrar en los circuitos más conocidos de la época. Como escribió Alfredo Rosso en una Rolling Stone de 1999, era “una amalgama ecléctica de la clase media porteña y bonaerense de los años 70” que en esos espectáculos encontraba “todo aquello que faltaba en la negra noche del proceso: sexo, humor, alegría, reflexión”. Además, el Indio, Skay, Poli y el resto de la banda eran lo suficientemente jóvenes como para tener la misma edad que sus seguidores. Todo eso los acercaba.

Cuando el tramo musical quedó afianzado y mientras el costado teatral mantenía un protagonismo que completaba el espectáculo, se dio el segundo acercamiento profundo. Eran los años del fin de la dictadura, la Guerra de Malvinas y el inicio de un nuevo período democrático. El público de esa etapa era mayor en número pero de la misma generación, por lo que manejaba los códigos de los comienzos y también podía, como decía “Pura suerte”, emborrachar el ritmo del maldito rock que Patricio Rey realizaba cada vez con mayor precisión. De esos años son canciones emblemáticas como “Qué mal celo”, “Nene Nena”, “Un tal Brigitte Bardot”, “Mariposa Pontiac”, “Superlógico” y otras.

A mediados de los ochenta, Patricio Rey empezó a editar discos y decantó en un evento musical novedoso desde el contenido pero convencional en la propuesta. El aspecto teatral llegaba a su fin y todo quedaba reducido a la banda tocando. El romance músicos/público se mantuvo dentro de las paredes de los recintos que los albergaban, pero ya no era un tesoro exclusivo para entendidos. Fue el momento en que surgió la primera generación de la corriente exiliada autodenominada “Ricoteros de verdad”, que continúa hasta nuestros días y se caracteriza por asegurar que todo tiempo pasado fue mejor, lo que genera la particularidad de tener miembros que repudian a los que se incorporan a sus propias filas.

En una entrevista publicada en 1988 en la revista Humor, Gloria Guerrero le preguntó al Indio si era verdad que unos pibes habían viajado desde Buenos Aires hasta Córdoba para poder asistir a uno de sus conciertos. Solari dijo que sí y agregó que era mejor eso a que se chorearan una moto de puro aburridos. Se venía algo distinto.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Soledad y compañía

(Luca falleció en esta pequeña habitación. Fuente: acá)

“Libertad divino tesoro”, la biografía que escribió Oscar Jalil, supera las quinientas páginas y completa definitivamente la historia de Sumo. Cierra el grupo formado por los libros “Un ciego guiando a los ciegos” y “La jungla del poder”, el número especial de la revista Rolling Stone de 2002 y el documental de Rodrigo Espina. Trabajos esenciales para entender la vida y obra de Luca Prodan.

Más que escritor, Jalil hace de director. Ensambla testimonios, datos y artículos de publicaciones pasadas formando un trabajo enorme en el que todos dicen lo suyo. Como “Soledad y compañía”, el libro de la colombiana Silvana Paternostro sobre García Márquez, “Libertad divino tesoro” cuenta una vida de manera coral, con pocas intervenciones del autor, privilegiando las citas textuales que, en algunos casos, se contradicen entre sí.

El libro hace referencia a todos los mitos surgidos alrededor de la figura de Prodan y los profundiza desde la óptica de personas que estuvieron en el lugar de los hechos. Compañeros de banda, amigos, familiares, novias, músicos, vecinos, periodistas y fans de esos años construyen colectivamente la vida de Luca, tomándose el espacio necesario para detallarla. Así salen a la luz momentos que habían quedado guardados en el círculo íntimo y sirven para mostrar a un hombre mucho más frágil que lo que se creía, algo que siempre se insinuó y comenzó a tomar fuerza desde la edición de los discos Time Fate Love (1996) y Perdedores Hermosos (1997). En esas canciones previas a Sumo, Prodan mostraba una faceta de cantautor folk sensible. En “Libertad divino tesoro”, Luca no sólo es frágil, sino que es despreciado por sus pares y atormentado por fantasmas en medio de una soledad desgarradora, triste y decadente.

martes, 9 de diciembre de 2014

Pedal a fondo, tierra adentro


Viernes, 2 de diciembre de 2011, Estación de Servicio Shell Terminal Salta, 00.20 hs.

Alejandro está a diez cuadras del lugar, llegando en su Chevrolet Vectra color bordó. Trae en el baúl una carpa, una parrilla, dos sillas plegables, dos colchonetas, una conservadora grande con capacidad para 34 litros y la incertidumbre absoluta sobre quiénes serán sus compañeros de viaje hasta Tandil, provincia de Buenos Aires, a casi dos mil kilómetros de distancia.

Es una noche apenas fresca, una muestra gratis del frío del día anterior, cuando el gris se había apoderado de la ciudad, cubriéndola de agua, oscuridad y un viento que no se correspondía con el comienzo del último mes del año. A esta hora, el cielo ya se despejó, dejando que las nubes le den paso a una incipiente luna llena.

Hoy, el Servicio Meteorológico anunció un clima agradable para el fin de semana en Tandil, con temperaturas que no deberían pasar los 25 °C.

Aún quedan muchas horas por transitar antes de que comience el último recital del año del Indio Solari, pero ya es hora de partir. Los miles de kilómetros que separan ambas ciudades obligan a pedir días libres en el laburo, cargar varias mudas de ropa y tener el dinero suficiente como para sobrevivir, al menos, tres jornadas fuera de casa.

Tres meses después de su último show, en Junín, el Indio volvió a convocar a sus seguidores para la que será la última presentación de El Perfume de la Tempestad, su tercer disco solista. Para muchos ricoteros, el viaje implica una experiencia ya vivida antes que mantiene la expectativa por su intensidad. No se trata sólo de un concierto. Es un retiro espiritual inverso: acá no habrá tranquilidad ni introspección, sino todo lo contrario. El sentimiento de los verdaderos fanáticos saldrá a la calle a emocionarse y decir que cada concierto puede significar una de las cosas más importantes que existen en su vida.

Desde que se volvieron masivos, a mediados de la década del noventa, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se convirtió en el grupo más importante de la historia del rock argentino, el que más paredes tiene a su favor, el que más seguidores posee, a pesar de llevar más de diez años de inactividad. Solari, la estampita, se quedó con la mística del folclore ricotero: el viaje, los shows masivos y la grandilocuencia. Algo que muchos acusan de ser apenas un cúmulo de infradesarrollados cantando ebrios, fumados, merqueados y desaforados letras que no terminan de entender, escritas por un burgués que la va de popular.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Haciendo cosas raras para gente normal


El sábado 31 de agosto, Roberto Pettinato salió a caminar por el centro de Salta. O al menos, eso nos hizo creer. Contó parte del recorrido esa misma noche, sobre el escenario del Teatro del Huerto: “Justo pasé por un monasterio de monjas que no salen hace cincuenta años. Les tiré un porro y les dije ‘¡no vale la pena salir!’”, recordó, en medio de Me quiero portar vien, su espectáculo de stand up que lo trajo a la provincia. “Con Sumo no llegamos nunca a Salta, sólo hasta La Rioja”, dijo también, entre las risas del público. Entonces se puso a relatar la historia que protagonizó con Alejandro Sokol, en los ochenta, cuando Sumo recién comenzaba. Años en los que la banda era hija de los caprichos y la guita acumulada transformada en instrumentos de un tano heroinómano que hablaba en inglés e intentaba zafar como sea de la parca. Cuando aún no eran leyenda ni habían editado discos trascendentales. En esas épocas sólo podían acumular experiencias como la de La Rioja, que incluía cactus, ganas de drogarse y frustraciones alucinógenas con forma de pinchazo.

sábado, 13 de julio de 2013

"El rock se convirtió en una industria"


Ricardo Mollo y Diego Arnedo se caracterizaron siempre por su capacidad de reinvención y saber adaptarse a las circunstancias, empezando por la muerte de Luca Prodan, el big bang que dio origen a Divididos y a Las Pelotas. Luego, el trío formado por los ex Sumo y el baterista de turno atravesó todas las situaciones imaginables para un grupo de rock: sufrieron el fracaso comercial con su primer trabajo (40 dibujos ahí en el piso, de 1989); el éxito abrumador con el tercero (La era de la boludez, de 1993); el caos heredado del estrellato inesperado (que provocó la salida de Federico Gil Solá); grabaron en Abbey Road el disco que marcó su volantazo más notorio (Narigón del siglo, yo te dejo perfumado en la esquina para siempre, de 2000); perdieron a otro baterista (Jorge Araujo) y se llamaron a un silencio discográfico de ocho años en el que profundizaron la madurez que comenzó en Gol de Mujer (1998), el álbum grabado tras la pancreatitis que acosó a Arnedo y casi lo deja fuera de juego. El cambio de vida radical de Mollo dos años después de la operación de Diego fue otra señal, que musicalmente se empezó a notar con experimentos aislados durante toda la década pasada.
Ahora, con el baterista Catriel Ciavarella asentado y catalogado por muchos como el mejor de todos los que pasaron por el grupo; Divididos salió del ostracismo de la sala de ensayo y encontró un equilibrio justo entre popularidad, respeto y libertad. La impresionante performance en vivo de la banda, la calidad de Amapola del 66 y especialmente su búsqueda interior hacen pensar que a Divididos todavía le queda mucho para dar.
Antes de regresar a Salta, Ricardo Mollo habló sobre el presente del grupo, sus raíces y el futuro.

sábado, 7 de marzo de 2009

"ES FUNDAMENTAL EL RIESGO EN EL ARTE. SUMO FUE RIESGO"

(Espina, con Andrea Prodan)


Algún día tenía que llegar. La primera entrevista de Frases Rockeras que no se hace por mail. Todo un orgullo (?) que seguramente Rodrigo Espina incluirá en los partes de prensa que cuentan su carrera profesional.
El domingo pasado, tarde pero seguro, Espina viajó a Salta para cumplir con su idea de estar presente en cada ciudad donde se proyecte "LUCA", su debut como realizador. La película tuvo su estreno local en el invierno pasado, pero en ninguna de las exhibiciones (todas a sala llena) él estuvo ahí, en la primera fila, mirando hacia las butacas, como Amélie, esperando que el público le pregunte cuántas ginebras se tomó con el pelado.
Esta vez, en El Teatrino, un hermoso lugar con capacidad para 120 personas, Espina se mostró muy amable y dispuesto a responder todas las inquietudes que surgieran; aún a pesar de que sólo concurrieron unas 40 personas. Probablemente la tardanza en presentarse en la ciudad más la edición en DVD contribuyeron a que la convocatoria sea tan escasa. Los que no fueron se jodieron: era gratis y regalaban cerveza y empanadas. Y como éramos pocos, le entramos como locos al morfi y al chupi. De esa manera se generó un clima genial, de entrecasa: todos parados hablando de Luca hasta bien tarde con la obligada música de Sumo de fondo.
Antes de que pase todo eso, Espina respondió algunas preguntas para este blog:


- Ya hace un año y dos meses que estrenaste "LUCA". ¿Qué balance hacés, desde el día del estreno en el Roxy hasta hoy?
- El balance puede tener varias perspectivas. Por un lado la relación con el público, al cual le estamos muy agradecidos. Siento que son mis hermanos. Hay gente que vio la película cinco o seis veces, en funciones. Después en el DVD no sé cuántas veces la habrán visto. Desde ahí hay un agradecimiento total. Las funciones son emotivas. Cada risa que escucho me nutre, me emociona. La emoción de la gente, los abrazos al final... Desde ese lado, maravilloso.
Después está el lado del cine argentino. El año que estrenamos "LUCA" se estrenaron noventa y dos películas argentinas. Se vieron siete. Las otras ochenta y cinco bajaron a la primera semana.
Vos sabés muy bien: hacer un largo son varios años de tu vida, de tu espíritu, de tu fortaleza, de tu plata, de tu tiempo. Y que te bajen la película a la primera semana es...
Acá de alguna manera hemos abierto un camino alternativo de exhibición. Hemos ido de Ushuaia a La Quiaca. Casi siempre a sala llena. Hemos estado en discotecas, en centros culturales. Un gran abrazo a todos los centros culturales que han apoyado la película. Yo creo que, de alguna manera, mostramos una forma distinta. Mostramos que se puede. Que el que haga una película no se tiene que conformar con la primer semana en el Tita Merello. Que sepa que hacer una película no es nada más que hacerla, que ya es un montón pero que no es todo. Descubrir cómo hacer para que la vean es parte de la creatividad que hay que tener. No se pueden quedar de brazos cruzados al ver que la película baja a la semana.
- ¿Pensás que si exhibías "LUCA" de manera convencional iba a sucederle lo mismo que a las otras ochenta y cinco?
- No lo sé. Hay muchas posibilidades. Ya sabemos que los grandes, que los Hoyts y todos esos boicotean el cine argentino. Aunque el cine argentino lleve más que la última de Ben Stiller, van a querer que estén dando la última de Ben Stiller.
Por otro lado, ubicamos a la peli en un lugar de cine de culto, de lugar propio. El espectador sabe que va a ver la peli a un lugar suyo. A un lugar que responde, de alguna manera, a su ideología, a su forma de ser. Se da la película acá, en El Teatrino, no en un shopping. Esto es nuestro, un shopping no es nuestro.
Además, en las exhibiciones pasa algo vivo. Hasta que no la ve el público, la película es un casete muerto, que no tiene vida. El público termina de darle vida.
- Te costó mucho hacer esta película. Catorce años en los que pensaste en dejar de lado el proyecto (Parezco Tití Fernández: "Rodrigo, costó").
- El camino, cuando se hace difícil concretarlo, es duro. Uno pone a prueba su voluntad, su fe.
Comencé diciendo que el cine era todo en mi vida. Ahora no lo digo, ahora sé que hay cosas más importantes que el cine: la vida, el amor.
- Luca decía algo parecido. Eso de "a mí sólo me importan cosas afectivas".
- Yo creo que la cosa es emocionar, es conmover. Hay tanta música, tanto cine, tanta plástica, tanta obra de teatro que no conmueve porque apunta hacia otro lado, la pifia. Si algo sale de adentro del corazón, va a conmover sí o sí. La cuestión es ir a fondo y bucear en tu interior. Es lo único que va a hacer que la película sea personal. Si realmente buceás en tu interior.
- En "LUCA" se refleja ese sentimiento del que hablás. Es una de las cosas que más se destacan de la realización.
- Me alegro que se diga eso y me alegra poder contestarles a todos los que pensaron que hacíamos esta película para llenarnos de plata. Esta película no fue un negocio, ni lo será. Nunca voy a recuperar lo que puse, pero estoy lleno por lo que me dio la película. Es muchísimo más y no tiene que ver con la plata. Tiene que ver con el amor de la gente. Yo sé que, gracias a dios, tengo para mi próxima peli un público que me quiere. Por una cuestión que es que vieron que "LUCA" es auténtica. Mientras seas auténtico creo que van a seguir respondiendo. Y ése es el camino para todos los que hacemos algo: que seamos auténticos, que hagamos de corazón. Que no estemos pensando "uy no, ¿pero esto gustará?" o "¿lo pongo a Darín?". No. El arte es riesgo. Sumo fue riesgo. ¡Cantaban en inglés! Es fundamental el riesgo en el arte.
- ¿Le pudiste mostrar la película terminada a los familiares de Luca?
- Finalizada sé que la vieron, allá en Italia. Pero hubo una función de los primeros veintisiete minutos que la vimos con (su mamá) Cecilia, (su hermana) Michela y (su hermano) Andrea. Inolvidable. Además fue mágico porque estábamos en nuestra isla de edición y yo abrí la ventana para tener señal en mi celu, porque quería hacer una llamada, y los ví pasar a los tres, que estaban caminando por Buenos Aires. Andrea les estaba mostrando la ciudad y no sabía que ahí era nuestra productora. Los hice pasar y Cecilia vio la primera función. Inolvidable: bailó, se rió, se emocionó. Inolvidable.
- A las entrevistas para la película las hiciste hace ya diez años, ¿verdad?
- Algunas. No todas. A Cecilia sí, a Michela no, fue en el último año. A Andrea le hice diez notas. Germán me dio el primer reportaje: las primeras anécdotas las obtuve en su camioneta, un día tormentoso en Traslasierra. Esas fueron las primeras imágenes.
- ¿Y Sokol?
- (Baja la voz y mira al suelo) Un grande... una tristeza absoluta. Para mí se fue un amigo. Y era el único cantante después de Luca que cantaba desde adentro del corazón.
- Muchos dicen eso. Si bien después de la muerte se suele realzar a la persona, muchos afirman que Alejandro Sokol era el único que tenía el espíritu que Luca transmitía.
- Sí. No te quiero decir que fue el único porque yo soy fan de Las Pelotas y sin Alejandro garpan un pedazo. Germán es un cantante fantástico. Las Pelotas tienen las letras que ningún otro grupo argentino tiene. Tienen un espíritu único, pero Alejandro Sokol también era único.
El año pasado lo escuché en los pasillos de Cosquín. Estaban ahí guitarreando y uno comenzó a cantar. Alejandro le dijo: "No cantés de acá (se toma la garganta), cantá de acá (se toca el pecho, a la altura del corazón)". Alejandro era eso. Alejandro cantaba desde un lugar único.
- Vos lo conociste a Luca en 1985, cuando él protagonizó tu corto "El día que reventaron las lámparas de gas". ¿Por qué no incluíste ese corto en los extras del DVD?
- Por Ricardo Mollo y Diego Arnedo. Había música de Sumo en el corto. Música firmada por ellos. A mí me dolió muchísimo. Tuve siempre la fantasía de incluir el corto en los bonus tracks.

- ¿Por qué Mollo y Arnedo no quisieron participar?
- Esa es la pregunta que todos hacen. No sé por qué no quisieron participar.
- Ni siquiera se los muestra.
- No. Hubo que sacarlos especialmente. No sólo ellos no participan sino que... (Espina se indigna, mira para el costado y retoma) La herida que no va a cicatrizar nunca es que no estén "Crua-Chan" y "Heroína" en la película. "Crua-Chan" y "Heroína" no están por Ricardo Mollo y Diego Arnedo. Eso que quede bien claro. Fueron muy egoístas. Ellos pudieron no haber... (otra vez, cada vez más enojado) Ellos por esa cosa que, qué se yo... que nos íbamos a llenar de plata. Esas cosas que la taquilla ahora demostraría que no lo hemos hecho. Pero no fueron generosos. Luca fue muy generoso con ellos. Y ellos, después de ver los primeros veintisiete minutos, que Ricardo lloró, que Diego me abrazó; no quisieron estar. A las dos semanas me llamó el manager para decirme que los saque. Tuve que reeditar todas las escenas donde estaban ellos. Tuve que sacar "Crua-Chan", que era una secuencia divina. Todavía me duele cuando te lo cuento.
¿Por qué no lo quisieron hacer? Hay que preguntárselo a ellos.
- Y "Heroína" es una canción clave para entender la vida de Luca.
- ¡Y de Luca! Clave y de Luca. ¿Y "Crua-Chan"? De Luca. "Crua-Chan": las gaitas, Escocia. ¿Cuándo Ricardo Mollo estuvo en la fucking Escocia?