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martes, 5 de diciembre de 2017

Post chabón

(Foto: Mathias Magritte - Facebook Los Espíritus)

Es increíble que un proyecto encabezado por Maxi Prietto haya convocado a cuatro mil personas. Parece inexplicable el éxito que Los Espíritus tuvieron este año y que el sábado los llevó a llenar el estadio cubierto Malvinas Argentinas, más grande que Obras. La música densa que ofrecen, sin la comodidad estética de un show masivo, no se asemeja a los estándares del rock argentino más popular de estos tiempos, aunque su origen sea el mismo. Sin embargo, la banda consiguió girar por las provincias y el exterior con un crecimiento que por ahora no parece detenerse.

El recital, larguísimo, de casi tres horas, empezó con “Huracanes” y “La crecida”, las dos primeras canciones de sus últimos álbumes, los que abrieron la puerta de la masividad. El estadio no fue un elemento circunstancial. Los Espíritus, o al menos su esencia, pertenece a La Paternal, el barrio de Pappo, donde está anclado el Malvinas. Allí sucede gran parte de las historias que Prietto y Santiago Moraes, el otro cantante del grupo, ofrecen al público. Las estaciones, los trenes que van y vienen, los vendedores ambulantes con altoparlantes, los perros que se van con la correntada de las calles inundadas por las lluvias, las miradas contenidas de los laburantes que se bancan los aumentos y el atropello policial. Todo eso también sucede en Salta, Tucumán, Bogotá y México, la empatía se hace inevitable.

En la conexión de esas letras y la música quizás esté la clave para entender la popularidad creciente de un grupo identificado con el indie pero que es rock nacional y popular. ¿Los Espíritus son el mejor legado de Los Piojos? ¿Son la banda que Pity Álvarez no logró crear? ¿Son la prueba de que la influencia del rock argentino de los noventa no deriva inevitablemente en La Beriso? ¿O es Manal nomás, sin filtro noventoso? Es injusto reducirlos a un producto nac & pop (después de todo, la psicodelia y el blues no tienen bandera) pero también es imposible negar esas referencias locales. Si el terminó After Chabón de Sumo era una joda y quedó para determinar una etapa de nuestro rock que explotó pocos años después, lo de Los Espíritus podría ser Post Chabón, la misma línea, treinta años después, atravesada por una mirada que es más piel curtida y aplomo que cinismo y rebeldía.

Mientras los músicos tocaron lo suficiente como para extender todo lo posible la fecha más importante del año, abajo las cuatro mil personas bailaron, insultaron y poguearon. Hay que ver a Los Espíritus en vivo. De ser posible, de pie, para poder terminar de sentir la experiencia del ritmo, las zapadas y los climas. Hay que escuchar las letras (“las balas las carga el diablo y las descarga un gendarme”, cambio oportuno) y recrear la rueda que mueve al mundo, como si se tratara de un recital de la Mona.

Ahora quizás se venga lo más difícil para la banda: mantener la calidad de los discos, variar musicalmente para seguir creciendo y parir nuevos clásicos. Todo indica que lo van a lograr.

Publicado en Rock Salta.

viernes, 30 de junio de 2017

Puro presente

(Lula Bertoldi sobre el escenario del Luna Park. Foto de Manuel Rodríguez Velo, Facebook Eruca Sativa)

En menos de una semana, Eruca Sativa, El mató a un policía motorizado y Los Espíritus realizaron siete recitales en la Ciudad de Buenos Aires. Cinco fueron con entradas agotadas, uno ante más de seis mil personas. Todos sirvieron para presentar nuevas canciones y confirmar que el rock argentino post Cromañón ya no es una promesa a futuro sino una realidad cada vez más popular.

El jueves 22, Eruca llenó el estadio Luna Park para presentar Barro y Fauna, su cuarto disco de estudio. Fue una actuación impecable plagada de invitados que no eran necesarios. El grupo bancó la parada con sus propias herramientas. Se destacó la capacidad vocal de Lula Bertoldi, que con sólo una nota sostenida hasta lo imposible en “Amor ausente” fue capaz de resumir todo lo que ofrece el power trío: polenta, virtuosismo y versatilidad.

Los artistas invitados sirvieron para que la noche tuviera un clima de celebración y para abrir diferentes puertas. David Lebón subió para hacer dos canciones de Seru Giran (“Noche de perros” y “Seminare”) y dar la bendición del bronce. El cruce con Abel Pintos probó que Eruca va más allá del gueto y apunta hacia la masividad que no reconoce dogmas. El guiño a la generación actual del rock argentino se dio en la versión de “Haku Malvin: El Visitante”, con un coro liderado por Gustavo Cortés, de Sig Ragga, y conformado por Barbi Recanati (Utopians), Luciana Segovia (Cirse), Julián Baglietto (Huevo), Nicolás Alfieri (Todo Aparenta Normal), Larro Carballido (Más que Uno), Luciano Villacé (Bigger), Luciano Farelli (Parteplaneta), Mariana Bianchini, entre otros.

                                         

Mientras Eruca representa el camino clásico del grupo profesional de rock, lo de El mató puede verse como lo opuesto. De la mano de una discográfica y gracias a un trabajo constante, el trío cordobés no para de crecer dentro de un marco estándar. Los platenses logran lo mismo desde el sector independiente y van más allá: sintonizan con la época y la redefinen.

martes, 9 de diciembre de 2014

Pedal a fondo, tierra adentro


Viernes, 2 de diciembre de 2011, Estación de Servicio Shell Terminal Salta, 00.20 hs.

Alejandro está a diez cuadras del lugar, llegando en su Chevrolet Vectra color bordó. Trae en el baúl una carpa, una parrilla, dos sillas plegables, dos colchonetas, una conservadora grande con capacidad para 34 litros y la incertidumbre absoluta sobre quiénes serán sus compañeros de viaje hasta Tandil, provincia de Buenos Aires, a casi dos mil kilómetros de distancia.

Es una noche apenas fresca, una muestra gratis del frío del día anterior, cuando el gris se había apoderado de la ciudad, cubriéndola de agua, oscuridad y un viento que no se correspondía con el comienzo del último mes del año. A esta hora, el cielo ya se despejó, dejando que las nubes le den paso a una incipiente luna llena.

Hoy, el Servicio Meteorológico anunció un clima agradable para el fin de semana en Tandil, con temperaturas que no deberían pasar los 25 °C.

Aún quedan muchas horas por transitar antes de que comience el último recital del año del Indio Solari, pero ya es hora de partir. Los miles de kilómetros que separan ambas ciudades obligan a pedir días libres en el laburo, cargar varias mudas de ropa y tener el dinero suficiente como para sobrevivir, al menos, tres jornadas fuera de casa.

Tres meses después de su último show, en Junín, el Indio volvió a convocar a sus seguidores para la que será la última presentación de El Perfume de la Tempestad, su tercer disco solista. Para muchos ricoteros, el viaje implica una experiencia ya vivida antes que mantiene la expectativa por su intensidad. No se trata sólo de un concierto. Es un retiro espiritual inverso: acá no habrá tranquilidad ni introspección, sino todo lo contrario. El sentimiento de los verdaderos fanáticos saldrá a la calle a emocionarse y decir que cada concierto puede significar una de las cosas más importantes que existen en su vida.

Desde que se volvieron masivos, a mediados de la década del noventa, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se convirtió en el grupo más importante de la historia del rock argentino, el que más paredes tiene a su favor, el que más seguidores posee, a pesar de llevar más de diez años de inactividad. Solari, la estampita, se quedó con la mística del folclore ricotero: el viaje, los shows masivos y la grandilocuencia. Algo que muchos acusan de ser apenas un cúmulo de infradesarrollados cantando ebrios, fumados, merqueados y desaforados letras que no terminan de entender, escritas por un burgués que la va de popular.

martes, 26 de febrero de 2013