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miércoles, 30 de octubre de 2013
Haciendo cosas raras para gente normal
El sábado 31 de agosto, Roberto Pettinato salió a caminar por el centro de Salta. O al menos, eso nos hizo creer. Contó parte del recorrido esa misma noche, sobre el escenario del Teatro del Huerto: “Justo pasé por un monasterio de monjas que no salen hace cincuenta años. Les tiré un porro y les dije ‘¡no vale la pena salir!’”, recordó, en medio de Me quiero portar vien, su espectáculo de stand up que lo trajo a la provincia. “Con Sumo no llegamos nunca a Salta, sólo hasta La Rioja”, dijo también, entre las risas del público. Entonces se puso a relatar la historia que protagonizó con Alejandro Sokol, en los ochenta, cuando Sumo recién comenzaba. Años en los que la banda era hija de los caprichos y la guita acumulada transformada en instrumentos de un tano heroinómano que hablaba en inglés e intentaba zafar como sea de la parca. Cuando aún no eran leyenda ni habían editado discos trascendentales. En esas épocas sólo podían acumular experiencias como la de La Rioja, que incluía cactus, ganas de drogarse y frustraciones alucinógenas con forma de pinchazo.
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miércoles, 25 de septiembre de 2013
Hombre orquesta
(Foto: Edgardo Kevorkian, Facebook Gillespi)
Músico, hombre de radio, escritor de libros, productor televisivo, trompetista invitado de Sumo, ex miembro estable de Las Pelotas, humorista. Todo eso y más es Marcelo Rodríguez. Gillespi es el tipo que sale de su programa diario de Nacional Rock (Burundanga, de lunes a viernes a las 19) y apenas tiene tiempo para comer algo y relajarse un rato, antes de acompañar a Alejandro Dolina en La Venganza Será Terrible (de lunes a viernes a la medianoche, por Radio del Plata). Además tiene que acomodarse para poder ensayar para sus conciertos y empezar a prepararse para ser el anfitrión oficial del festival internacional Buenos Aires Jazz, en noviembre.
A fines de junio, Gillespi viajó a Salta para participar con su banda del ciclo Cultura da la Nota y se llevó una buena impresión. El público respondió a su música. “Sí, no te digo que soy el flautista de Hamelin y la gente me siguió caminando como zombis hasta el hotel. No, me aplaudieron, me pidieron un bis, no es que me sacaron en andas. El público estaba feliz, nosotros también. Se dio esa magia”, recuerda.
No es poca cosa que alguien que se dedica a la música instrumental llene un teatro en Salta, aunque la dificultad para lograrlo sea más o menos la misma en todos lados. “En su momento, las músicas del mundo eran instrumentales. Un tipo tocaba una flauta de caña, otro tocaba un tambor en África. Después empezó como el juglarismo: un tipo iba a un pueblo con un instrumento a cantar algo más parecido a la canción actual: ‘el rey se murió, todo el mundo está triste’. Ahora, cuando vos te ponés a estudiar un instrumento como la trompeta, ya de entrada no podés cantar porque te ocupa la boca. Ya te volcás sí o sí a la cuestión instrumental, que es el desafío de tratar de cautivar a la audiencia con la música, con los elementos que tenés”, cuenta Gillespi, antes de meterse de lleno en una charla que transitará por los caminos que él considera importantes para desarrollar una vida plena, sin frustraciones y sin necesidad de estar atento a los comentarios malignos de los resentidos de siempre.
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