sábado 11 de julio de 2009

(¿El que está con la remera del Che no es el que aparece acá con Juanse?)

Estábamos armando con Viejas Locas, en un show, y cuando llegaron los músicos ya estaba el backline armado. Se para el Pity al lado mío y me dice: "Che, Jorge, ¿Pruebo el micrófono?". Se acerca al micrófono el chabón y le pegó una patada que lo tiró tres metros para atrás. Estaba Pity revolcándose, agarrándose la cara, y todos nos asombramos. "¿Qué pasó?", le decíamos. "¡Jorge! ¡Jorge! ¡Me pateó! Ojo, estaba bueno, ¿eh? Pero me parece que es mucho."

Jorge Leggio, sonidista de La Renga.
Fuente: La Mano nº 51, de junio de 2008.
Gracias Nacho.

martes 7 de julio de 2009

AVANTI MOROCHA NOS DESTRUYO.


Pablo Guerra, ex Caballeros de la Quema, anoche en Elepé.
Gracias Mike.

sábado 4 de julio de 2009


-¿Qué los diferencia de los grupos de los '90?
- Alejandro Kurz: El tipo de cambio. Ellos podían comprar más instrumentos y grabar afuera, y eso hoy es imposible. Pero no tenían la tecnología actual, que podés grabar un tema en tu casa con una computadora.
- Pablo Pino: Somos la generación de la no venta de discos, somos la generación de la piratería. El artista se gana el mango con los shows, es el oficio del trovador.
- A. K: Me gustaría probar qué pasaría si el disco bajara de precio, si costara $ 15, lo que valen tres paquetes de puchos o una cerveza. Me gustaría sacar discos más pronto y más cortos, como los vinilos. La gente necesita la información más rápido.

Alejandro Kurz, de El Bordo y Pablo Pino, de Cielo Razzo en el suplemento Sí.
Gracias Facu.

jueves 2 de julio de 2009


Es triste pensar en el estado del Rock and roll de aquí a 20 años más. Siento que cuando el Rock and roll muera el mundo va a explotar, sabes. Ya todo es un refrito, todo es una copia. Apenas vive en estos momentos, sabes. Es asqueroso. Digo los chicos ni se preocupan del Rock and roll como solian hacerlo. Como lo hacían las generaciones pasadas. Se ha transformado en nada más que una declaración de moda e identidad. Que usan los chicos para coger y tener vida social. Y en ese punto no veo que la música sea de importancia para el adolescente. Pienso que sus sonidos y tonos, son usados en máquinas virtuales, la escuchan de esa forma y obtienen la misma emoción. Luego van a una fiesta, van a haber muchas maquinas virtuales de esas, tendrán teléfonos. Si quieres hablar con la gente y escuchar en estas máquinas virtuales lo van a poder hacer e ir a la otra habitación coger y tomar, pero en verdad creo que las máquinas virtuales te van a drogar. La tecnología será así de buena. Y entonces habran drogadictos virtuales, que encontrarán su muerte en el sofá, debido a una sobredosis.

Cobain en la peli About a Son.
Gracias Brian.

martes 30 de junio de 2009


La gente por ahí piensa que yo soy millonaria, que las compañías me graban los discos y no es así. La verdad es que cuesta. Creo, sin ser feminista, que las mujeres no existimos. Es decir, yo existo, y mucho, pero me hice de abajo y nunca pensé "soy una mujer y soy débil, ay", para conseguir algo. Pero realmente no hay cabida. No confían en que una mujer pueda llenar lugares. Y bueno, el público es bastante... no generalizo porque tengo mi público que me sigue, pero en general pueden llegar a ser prejuiciosos. Hace poco me di cuenta de que no hay bandas de chicas. Y de hecho hay un montón, pero no la ves en ningún lado. Hasta el día de hoy no salió un grupo como las Viudas. Pero nos criticaron a morir, especialmente los periodistas, porque llenábamos el Luna Park, porque éramos totalmente transgresoras, unas deformes. Tocábamos y cantábamos bien, pero para ellos éramos un producto. Y como la moda ahora son los ´80 nos dicen "ah, las Viudas, qué grupo", periodistas que nos mataban. No éramos un invento. Yo venía de tocar jazz, y éramos todas músicas formadas, no Mambrú. Todo bien con los chicos que se prestan a eso, a mi no me molesta. Pero no pueden poner a Mambrú al lado de alguien que tiene una experiencia atroz atrás. Como en los premios Gardel, donde pusieron a Charly con Mambrú... A mí me indigna la música que no es artística. Me parece que lo único que hace es perjudicar y llenar espacios donde podrían estar otros. O tendría que estar todo, pero el problema es que acá se fanatizan. Se fanatizan por la plata, finalmente. Claro, si los internan en la televisión y en la radio, al final yo también quiero cantar -canta una melodía de Mambrú-, tener el hit en mi casa, pero si repartieran un poquito para otros artistas sería bueno.

Seis años sin María Gabriela Epumer.
Fuente: acá.

sábado 27 de junio de 2009

( "Sos recontra mega ultra grosso, sabelo")

Sigo soñando que algún día todos estos pelotudos se aviven de que "Basta" es un tema ideal para las manifestaciones y para ir a quemar la Casa de Gobierno.

Germán Daffunchio.
Fuente: acá.
Gracias Facu.

jueves 25 de junio de 2009

martes 23 de junio de 2009


En 1990 fui convocado por Horacio Salas, director de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires, para ser el director del Centro de Divulgación Musical. Este es un organismo histórico dependiente de la Municapidad, que funciona en el séptimo piso del Teatro General San Martín. De este organismo dependen también la Banda Sinfónica Municipal, la Orquesta del Tango de Buenos Aires y demás cosas por el estilo.
Acepté el desafío pero nunca imaginé en lo que me metía. Por eso, luego de once meses, juré que no estoy en una cosa así ni en mi próxima reencarnación.

Me peleé hasta con los ascensoristas del Teatro. Me peleé con directores de distintas áreas, empleados, subalternos, alcahuetes y toda la cantidad de seres humanos que podamos imaginar en cualquiera sea su ocupación.
La burocracia histórica municipal hace, de lugares como éstos, un centro de vicios y normas que impiden el desarrollo normal de cualquiera sea la cosa que te propongas.
Desembarqué allí con una serie de amigos músicos que me ayudaban en la tarea, cada uno desde su puesto. Rodolfo García, Manolo Yanés, Luis Borda, entre otros, cada uno de ellos conocedor de la profesión musical desde un instrumento y género distinto.
La cuestión que se me ocurría era organizar con muy bajo presupuesto una serie de recitales populares, y el presupuesto para gastos se dilataba tres meses, por ejemplo. Durante todo el tiempo, el dinero para pagar espectáculos realizados llegaba con una tardanza catastrófica. Esto nos traía decenas de problemas. No solamente sentirte mal por no poder seguir avanzando en tu tarea, sino que además tenías docenas de llamados diarios reclamándote el dinero. Algunos músicos que me conocían se lo bancaban; otros que sabían de las esperas por cobrar que hay en nuestro país cuando se realiza una actuación para cualquier dependencia del Gobierno, se lo bancaban también. Pero otros llegaban a sospechar que nosotros ya habíamos cobrado el dinero y lo estábamos usando para otra cosa. En una palabra: que lo habíamos afanado.
Yo entré ahí con la ilusión de que iba a poder realizar una cantidad de cosas positivas para la profesión del músico. Era atípico que nombraran a un tipo como yo. La función del organismo, si se pudiera cumplir, es muy noble. Se trata de organizar recitales populares con entrada libre, contratando a buenos músicos de cualquier género en música popular. Vale decir que uno le está creando fuentes de trabajo a los músicos, y dándole la posibilidad cultural gratuita a la gente.
Durante los diez meses que duré en ese cargo, realizamos más de mil espectáculos por toda la Capital, y ayudamos a numerosas entidades, que tantas veces precisaban algo de la infraestructura que el Centro de Divulgación Musical tenía: sonido, predios, elementos de escenario, etc.

Me pasé mas de diez horas diarias constantemente atendiendo gente solicitando algo. Horas desgastantes en reuniones de "cultura", donde nada se realiza, nada se concreta. Horas y más horas cumpliendo con imbéciles ritos burocráticos como firmar un vale y colocarle mi sello de director general, para comprar un trapo de piso que hacía falta (?). Horas y días aguardando que el famoso presupuesto se acordara, con lo que íbamos a poder realizar gran parte de nuestra tarea. Urgentes horas para cumplir pedidos especiales por alguna fecha ceremonial, donde sin un peso había que tratar de hacer algo como espectáculo.

Un día mi hartazgo llegó a tope y renuncié, agradeciendo que hubiesen confiado en mí para semejante tarea, jurando no volver a un lugar así en toda mi vida. Luego de esto tuve que oír además por ahí que no supe aprovechar lo que me habían dado, de una manera tan peyorativa, como que no supe aprovechar "el botín".
Comprendí que mi actividad "free - lance", produciendo discos de otros artistas y haciendo mis cosas sólo con la ayuda de algunos amigos, era lo más positivo para mi salud, mi cerebro y mi corazón.


Litto Nebbia en su libro "Una mirada".

sábado 20 de junio de 2009

("Sos grosso, sabelo")

Siempre hay bocones, me causa gracia. Es más fácil hablar que ganarse la vida tocando música, en realidad no me importa. Le agradezco a Dios poder vivir de la música y no ser un fracasado que opine mal de alguien después de leer una nota.

Toti Iglesias en El Acople.
Gracias Augusto.

jueves 18 de junio de 2009

2 DE AGOSTO.


Era 1997, fines de julio. Mi hermano había viajado desde Córdoba -donde vivía, donde sigue viviendo- a Entre Ríos para visitarnos a todos. Con catorce años, yo ocupaba el rol de hermano más chico, aunque para esa época papá ya iba por el quinto hijo-yo era el cuarto- y se había propuesto ocultarlo, para posterior encabronamiento de mi vieja.
A mí me encantaba que el Javi venga de visita. Cuando estábamos en la misma ciudad no me despegaba ni un solo segundo de su lado. Lo acompañaba a todos lados, le mostraba la música que estaba escuchando, las películas que veía, las revistas que leía. Era hiper pesado, pero él me bancaba siempre. Nunca me mandó a cagar y se copaba contandome boludeces y tirando data de sus músicos preferidos, que para mí eran todos nuevos.
Yo recién estaba empezando a meterme de lleno a escuchar rock. Los Beatles y Charly todavía no habían golpeado mis oídos, pero algo ya me decía que cerrarse a una sola cosa no era lo más interesante. También miraba a full un documental que se llamaba "Rock Nacional: 30 años", editado por la revista Gente en el 96. Era un resumen bastante interesante donde aparecían todos: desde Los Beatniks hasta los Cadillacs. Lo pasaron un par de veces por Volver pero no me hacía falta esperar eso: lo veía todos los días, después de comer, con el uniforme del colegio todavía encima -pantalón gris, camisa blanca, corbata azul, zapatos negros-, y a la noche, antes de acostarme. Mirándolo aprendí de memoria la historia de Los Gatos, el por qué los Vox Dei comenzaron a cantar en castellano y qué era lo que hacían los Pappo´s Blues cuando zapaban -"había momentos en que tocábamos jazz"-. También me sabía -me sé- de memoria "Panadero ensoñado", el genial comienzo de "Pescado 2", grabado sólo con las voces de Spinetta y David Lebón, muchos años antes de que Andrea Prodan edite "Viva voce".
El Flaco aparecía un montón de veces en el video. Primero con Almendra, obvio, y después con el resto de sus proyectos: Pescado Rabioso, Invisible, Jade y su carrera solista. Los highlights eran los Pescado cantando "Post-Crucifixion" en "Rock hasta que se ponga el sol" y los fragmentos de temas de Invisible: "La llave del Mandala" y "Jugo de lúcuma".
"Yo tenía... catorce o quince años y escuché: 'Jugo de lúcuma/chorreando en mí/Patas de mueble de bronce/caminan ya', y me volví loco", contaba y cantaba Fito en el documental y a mí me fascinaba su declaración porque yo iba por la misma edad y me pasaba exactamente eso; pero solamente con la parte de la canción que aparecía en el VHS, porque no la tenía entera. ¿Dónde iba a encontrar una copia, si todavía no existía el mp3, a Concordia no llegaban muchas reediciones de discos viejos y ni en alucinaciones lo pasaban por la radio?
En esos meses del 97, Spinetta por fin publicaba su disco doble con los Socios del Desierto. Después de años de negociaciones con las discográficas, el Flaco pudo conseguir lo que pretendía -doscientos mil dólares- y editar su nuevo trabajo. El disco era, según la prensa especializada, "un regreso a sus años más furiosos" y el primer corte, "Cheques", era un ejemplo perfecto de esa furia.
"Cheques" estaba buenísimo para un pibe de catorce años que quería ingresar al mundo Spinetta. A ese tema sí que lo tenía entero. Lo había grabado en un casete, desde la radio, junto con otra canción de ese disco: "Cuenta en el sol". Con esas dosis homeopáticas de Luis Alberto pasaba los días en el invierno de 1997.
Cuando Javi me preguntó yo dije que sí de entrada. ¿Cómo iba a negarme? Sólo faltaba que mis viejos dieran el visto bueno -es decir, que pongan la guita- y listo: me iba a ir un fin de semana a la Docta a ver el primer recital de mi vida: Spinetta y los Socios del Desierto.
Mis viejos aprobaron la idea del hermano mayor y partimos. Ocho horas de viaje, llegada, taxi, casa, mate, saludos -"¡Qué grandote estás!"- y al centro a comprar las entradas.
El recital fue el sábado 2 de agosto en la Sala de las Américas, plena Ciudad Universitaria, a las diez de la noche. Antes de ir -caminando- cenamos en un local que vendía diez panchos por un peso, algo que me pareció tan inolvidable como ir a verlo a Spinetta. Cuando llegamos, la cola era bastante importante, pero pudimos meternos al medio de la fila gracias a que el Javi se encontró con un amigo muy parecido al Palo Pandolfo de esa época -a quien yo ubicaba del video de "Bip Bap Um Dera", de Los Visitantes-, que estaba con una mina alucinante que al ver que los otros dos no le daban bola se puso a hablar conmigo -"¿Qué estudiás?", "Nada... voy al cole"-.
Una vez adentro, miraba a cada rato el telón, que no se corría pero dejaba ver unas sombras en el piso. Después de veinte minutos de demora, se escuchó una voz en off que dijo: "Damas y caballeros, el señor Luis Alberto Spinetta está en camino y el concierto comenzará en algunos minutos. Gracias por esperar". Todos silbaron, como diciendo "¿hay que seguir aguantando?", pero menos de un minuto después las luces se apagaron y empezó a sonar la banda en pleno (el Flaco en guitarra y voz, Marcelo Torres en bajo y Daniel Wirtz en batería) a un volúmen altísimo con una versión ultra podrida de "Ana no duerme", que en 1998 editaron en el disco "San Cristóforo".
No lo podía creer.
Lo primero que me sorprendió fue esa canción inicial y después comencé a fijarme en algunos detalles: los tres músicos estaban uno al lado del otro. A la izquierda Torres, al medio Wirtz y a la derecha el Flaco, con sus rulos bamboleándose como si fueran Paul McCartney cantando "I Saw Her Standing There".
Wirtz era un animal pegándole a los parches. En el disco ya se notaba, pero en vivo te desarmaba. Cuando tocaron "Cheques" yo lo miré todo el tiempo a él. Sobre todo en el final del tema. Quería saber cómo hacía para tocar así. Nunca supe.
Spinetta estaba como siempre: cantaba increíblemente bien, emocionando; y hacía sus clásicos comentarios entre tema y tema -"Flaco, ¡sos Dios!", "Pero tengo tos. ¿A quién le reclamo?"- que hacían reir a todos. No me acuerdo si alguno le dijo "¡'Muchacha', Flaco, tocá ¡Muchacha'!", como Capusotto, pero seguro que sí.
A medida que iban pasando los temas, mis dosis homeopáticas empezaron a pasar factura: conocía muy pocas canciones y, para mi desgracia, no tocó "Panadero ensoñado" -¡¿Cómo la iba a tocar?!-, "Jugo... " o "La llave...", asi que me dediqué a mirar, escuchar y rogar para que mi memoria guarde la mayor cantidad de momentos.
Sobre el final, llegó una que sí conocía: "Me gusta ese tajo", que había escuchado porque mi hermana tenía el disco de "Tango Feroz", donde se encontraba ese tema en una versión cantada por Ulises Butrón.
Pero ése no fue el último. El Flaco dijo algo que no recuerdo y arrancó con "Los libros de la buena memoria". Lo única escena que guardo de ese final es a toda la sala diciendo "¡Uhhhh!" y aplaudiendo de pie, mientras a Spinetta le llovían las rosas que habían repartido en la entrada. Después, cuando ya nos habíamos ido, Javi me contó que "Los libros..." era un himno para todos los fanáticos del Flaco y que no podían creer que la haya tocado.
Al otro día regresé a mi casa y volví a escuchar los dos temas en el casete y a ver el video muchas más veces que antes, como un enfermo, hasta que pude tener cuarenta y dos pesos para comprar el disco doble.
Y acá estamos.