Mostrando las entradas con la etiqueta Bruno Solari. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bruno Solari. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de julio de 2013

Bruno Solari, el John Connor de Ricota - II

Mar del Plata, viernes 25 de junio de 1999

Tengo miedo. No tendría que haber visitado esta época. Mamá ya me había contado los peligros que implicaba ir a ver los recitales de la banda de papá. En River vi algunas cosas pero esto fue demasiado. Realmente fue (y es, porque sigo acá) terrible cruzarse con esta gente horrible, que no sabe hacer otra cosa que provocar quilombo. De ahora en más, cada vez que me encuentre con un policía voy a ser muy precavido.
En River le erré. Los videos con los que estaban trabajando esa noche eran sólo los de ese recital. Al menos, eso es lo que pude ver antes de que me sacaran de la cabina de edición. Los tipos que cuidaban a papá siempre fueron jodidos pero a mí nunca me decían nada porque sabían que eso significaba encerrarlos durante dos horas en la jaula de los ovejeros. Esta vez no me reconocieron (claro, yo todavía no nací) y tuve que salir sin chances de quedarme a espiar demasiado.
Estuve revisando mis planes. Los videos están casi todos grabados, pero no puedo dar con ellos tan fácilmente como pensaba. La banda ya es muy conocida y se mueve de una manera inaccesible para mí. Necesito conocerlos y hacerme su amigo. Al menos de la Mujer Maldita. Otra opción es viajar un poco más al futuro e intentar robar todos los videos de la caja de seguridad del banco, pero es muy arriesgado hacer algo así y no puedo traer a los compañeros conmigo desde nuestra era.
Mientras tanto, estoy en Mar del Plata, que todavía no sufrió el tsunami del 18 y está como en las postales. Aunque un poco destruida después de lo que pasó el fin de semana pasado. Según el Sí de hoy (que todavía es en blanco y negro y hasta parece interesante)  la policía disparó 3500 veces a los seguidores de la banda, hubo catorce vagones de tren destruidos y ochenta comercios dañados. Una locura. Aunque no se puede comparar con el festival “Las bengalas no eran tan malas”, que organizó la agrupación El Rocanrol No Morirá Jamás y que fue una de las últimas cosas que papá apoyó en su vida, en el peor momento de la enfermedad. “La verdad que eran todas unas grandes veladas iluminadas como nunca por mis desangelados. Es hora de que vuelvan y qué mejor que las musicalicen los chicos de bandas como La Beriso, grandes exponentes de la cultura rock”, dijo en una de sus tantas y lamentables conferencias de prensa de los últimos años.
Es hora de recorrer esta ciudad para despejarme un poco. Después de todo, estoy en el pasado y mi vida no tiene horarios, y al tiempo perdido lo puedo recuperar. Quizás hasta podría pegar un viajecito a los sesenta y explorar el amor libre; pero eso ya sería aprovecharme demasiado de mi condición de viajero temporal. Los compañeros de la Post Ricota están esperando en algún punto del futuro mis resultados y no puedo defraudarlos. Eso sí, alfajores me compro seguro.

jueves, 21 de febrero de 2013

Bruno Solari, el John Connor de Ricota - I

Este cuento, relato o novela corta (?) fue una estupidez que publiqué durante dos (!) años en la revista Rock Salta. Hacía falta rellenar y darle un contenido más variado a la revi, así que se me ocurrió hacer esta historia ricotera futurista de ciencia ficción, un choreo absoluto a Terminator y a Volver al Futuro. Me imaginé al hijo del Indio viajando al pasado para recuperar los famosos videos de los recitales de Los Redondos para salvar a su padre de un colapso que lo llevaría a la ruina mental. 
Los textos fueron saliendo así nomás, sin pretensiones y muy de apuro; hechos sobre el cierre, para cumplir. La idea fue burlarse del extremo fanatismo del ricotero, que a veces (nos) me invade y no (nos) me deja escuchar otra cosa. Fueron trece episodios. De a poco voy a ir posteándolos a todos. 



Buenos Aires, Argentina, sábado, 15 de abril de 2000.

Acabo de llegar. Esta ciudad no tiene nada que ver con la que conocí. Entiendo que la gente de esta época no podrá comprender jamás mi origen y mucho menos mi objetivo. Sé que hoy es un día especial: papá está a punto de abrir los recitales de su banda en el estadio de River Plate. Aunque suene a broma, durante la década del 90 los conciertos más multitudinarios se realizaban en este lugar. Ahora sería imposible que una banda toque allí. Los equipos del ascenso no pueden manejar semejantes eventos.
Yo todavía no nací, pero por lo que leí en entrevistas, me están buscando. Papá no pudo disfrutar mucho tiempo conmigo, ni yo con él. Haberme tenido a los cincuenta y pico no ayudó y su enfermedad empeoró las cosas. Siempre recuerdo ese último show que dio. Le advertí que intentar realizar un espectáculo en el Amazonas era una locura. La maldita enfermedad que lo llevó a alucinar y crear proyectos utópicos lo terminó de matar. Lo supe cuando apareció en el programa de Charo, que es buena mina pero también se comió el mambo de su viejo. Lamenté la frase “vamos a copar Brasil, estoy preparando todo para tocar en la Luna”. Se burlaron de papá y yo lloré, en Leloir.
Pero sé que cuál es mi misión: recuperar los videos. Sin ellos, la banda no se habría separado. Mejor dicho, sin la desaparición de los videos. Yo le creo al tío Edu cuando dice que en esos tiempos estaba ciego por su amor hacia esa mujer. “Ella es la culpable de que se haya ido todo al carajo”, me contó una vez, después de leerme tres capítulos de la biografía de Krishnamurti.
Hoy, gracias a la tecnología pude llegar hasta acá. Este diario de viaje me va a servir para documentar todo y tener las pruebas necesarias. Los planos ocultos en el Último Bondi sirvieron, tal cual lo dejó escrito el Mono, para construir la máquina del tiempo. Si mis cálculos son precisos, la historia tiene que haber empezado en esta fecha.
En la tele hablan del concierto, un tal Bebe dice que las canciones de la banda de papá son cantadas hasta por las hinchadas de fútbol. Qué raro, nunca supe de semejante hecho. Mañana voy tener que ir a una cancha para intentar comprobarlo.
Encaro para el estadio, la cantidad de gente es impresionante, pero no tanta como la que hubo en Wembley, en la despedida de Las Pastillas. A veces, cuando leo en los libros que en los primeros años del siglo XX se hablaba de un apocalipsis, creo que no pasaba por un fin del mundo literal. El infierno real puede ser peor que la nada misma.
Adentro se pudrió todo: papá cagó a pedos al público porque no lo escuchaban cuando intentaba comunicarles algo. Me hizo acordar a la vez que me retó porque no dije “cultura rock”, en lugar de mi más vulgar “rocanrol”. Cuando termine el show voy a ir a la cabina de edición. Ahí tienen que estar.