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domingo, 5 de enero de 2025

“Esas canciones eran más honestas”

Este sábado 9 de septiembre, desde las 22, Perro Ciego, la banda más importante del rock de Salta, va a celebrar los veinte años de Letras Rojas, su segundo disco. El show será en Macondo (Balcarce 980). Las entradas anticipadas ya se consiguen a 3000 pesos (más gasto de servicio) en NorteTicket, Morrison (Mitre 274 y Caseros 646) y Atípiko (Zuviría 408).

Será una fecha especial en la que estarán en primer plano clásicos del grupo como “Resaca”, “Póker y ruletas”, “Azabache”, entre varias más. “Nos dimos cuenta un poco tarde que cumplía veinte años el disco”, dice entre risas Carlos “Pelado” Vega, bajista del grupo, en esta entrevista en la que recordará aquella etapa de la banda que completan Marcelo “Salchi” Dique (guitarra y voz), Martín “Gamba” Aguilera (guitarra) y Pablo “Jopo” Zenteno (batería), y que en esos años todavía contaba con la voz de Federico “Pibe” Acosta.

- Lo primero que se me ocurre preguntarte es qué más hacías en ese momento. ¿Dónde vivías?
- En la época de Letras Rojas yo vivía en la sala de ensayo, estaba fusilado económicamente. Era una época muy divertida en muchas cosas, pero en lo personal era medio dura. El día que empezamos a grabar el disco, mi mamá tuvo el primer ataque fuerte de los terminales. Ella tenía cáncer. El proceso de armado del disco fueron tres o cuatro años en los que pasó de todo. El primer demo lo grabamos en diciembre de 2001, o sea que… (se ríe) Una fecha bien complicada, viste. Y bueno, atrás de eso se demoró un poco la movida, pero estuvimos laburando mucho en el armado durante años. En esos años yo me había divorciado de mi primer matrimonio y obviamente me quedé sin nada. Me tuve que ir a vivir a la sala de ensayo y además tenía que estar con laburos muy ahí nomás, más toda la época… Económicamente era un desastre. Y las tocadas, si bien teníamos, tampoco eran tantas. Por la época estaba todo muy difícil. Pero bueno, así y todo era una época que la recuerdo bien, bien divertida, porque era el proceso de composición. Estaba Fede, era el primer disco con el Pibe. Fluía toda la música normalmente. Y la recuerdo con cariño porque era más joven también (risas).

- ¿Qué edad tenías en ese momento?
- Cuando grabamos el disco yo tenía 29 años. En realidad el disco se grabó entre el 2001 y el 2003. Las sesiones se hicieron con el corralito. Ahí nos dio una mano grande Fidel Puggioni, que tenía en esa época Macondo. Nos ayudó bastante. En la fase final nos dio una mano grande el Café del Tiempo. Y en una época, durante el interín, habíamos trabajado con La Panadería, con Pepe Epifanio. Eran más o menos los lugares donde andábamos dando vueltas. El primer Café del Tiempo, Zátiro. Ahí se forjó todo eso.

- ¿Tenías 29 cuando empiezan a grabar o cuando sale el disco?
- No, cuando salió ya estaba por cumplir 31. Por eso te digo lo que costó el tema del corralito. Era así, para pagar las horas de grabación tenías que hacer las cosas cada tres meses. Hoy es inexplicable, pero vos no podías sacar plata. O sea, no teníamos (risas), pero lo que nos financiaban o lo que conseguíamos de tocadas se cobraba todo fraccionado, porque era la cuestión esta del 2001, que renuncia De la Rúa. Empezamos a grabar con un presidente y terminamos con otro (risas). ¡Con otros! Porque en el camino pasaron varios. Ya estaba Kirchner cuando terminamos. Había ganado. Me acuerdo que un día que lo vamos a empezar a presentar, (lo empezamos a presentar sin estar editado, no hacíamos la presentación formal, pero ya mostrábamos los temas nuevos), era mayo del 2003. En el medio habían estado Duhalde, Rodríguez Saá. Fue un proceso largo. En el interín pasaron un montón de cosas buenísimas. Nosotros estábamos en la etapa en la que nos íbamos haciendo «grandes», digamos. Y me acuerdo que nos jodía mucho la falta de laburo. La estábamos peleando mucho en esa época. Pero así y todo podíamos alquilar una casa para ensayar. Y al poder ensayar le metíamos. Los ensayos eran largos. Y además, el proceso de composición era fluido, era casi todos los días.

- En ese momento, la banda, a pesar de todo, crecía musicalmente.
- Sí, sí. Esos años me parece que fueron los años más fluidos y también más productivos. Salían las canciones. Por ejemplo, «Letras rojas», el tema, es un tema que salió de un par de riffs que tenía Salchi. Yo después le puse la letra. Pero era una cosa así, iba fluyendo. E inclusive empezaron a quedar temas afuera, que fueron algunos de los que fueron a Peón. Es más, en la presentación (se ríe), esto es rarísimo, en la presentación de Letras Rojas, que fue el 7 de junio de 2003, creo que fue un sábado, los cuatro primeros temas que tocamos fueron «Paracaídas», «Dormilón x 8», «Cenizas» y «No sé quedarme». Cuatro temas que no estaban en el disco. Empezamos tocando cuatro temas nuevos en la presentación, que fue en la Casa de la Cultura. Y después sí tocamos el resto del disco, que es lo que vamos a tratar de recrear este sábado. Y bueno, si bien estaba la idea de grabar el disco, también estaba el cope de componer. Le metíamos igual, era así. El Pibe traía un montón de canciones, de ideas. Revisábamos letras, que eso estaba bueno. Teníamos mucho proceso de laburar las letras. Y era un proceso divertido porque Fede en eso era buenísimo. Era bien ocurrente. Era un poco también medio calavera, porque a veces, como yo vivía ahí, caía alguno y decía «che, bueno, toquemos un poco». Inclusive en esa época iban a ensayar Los Kuervos a la sala. Eran ensayos kilómetricos. Los vagos se iban a las dos de la mañana, total estábamos ahí. Era una casa en el centro pero en medio de negocios, o sea que no te jodía nadie.

sábado, 24 de junio de 2017

¿De dónde salieron ustedes?

(Perro Ciego. Foto: Carolina Vera)

El rock de las provincias sufre la costumbre argentina de decir no. En un país centralista, lo que no pasa primero por Buenos Aires es ninguneado por propios y extraños. Sin embargo, existe una tradición de bandas en todas las regiones. Cada una tiene influencias diferentes. Les cantan a cosas distintas y se alimentan de sonidos y palabras particulares que forman pequeñas historias dentro de la gran historia.

Muchas de estas escenas gozan de un salto de calidad que las ha hecho crecer y proyectarse pero, en general, todavía sufren los padecimientos del amateurismo. Sin embargo, les alcanza para formar parte de la reinvención de todo el rock argentino, que apunta hacia los movimientos independientes y comienza a conformar una red federal de grupos difundidos de manera online. En 2015, la Guía REC calculó más de cuarenta sellos de gestión colectiva que engloban más de 300 proyectos en todo el país.

Cada vez con mayor frecuencia aparecen publicaciones que dan cuenta de esos caminos recorridos. La más reciente quizás sea el libro “Rock en Misiones. Canciones con historia”, de Lara Schwieters, que se publicó hace pocas semanas. Y hay varios ejemplos más. En 2015 aparecieron “Viaje eterno. Antología de letras del rock jujeño”, de Edgardo Gutiérrez; y “Estabas ahí”, de Tony López, la biografía de Perro Ciego, una excelente banda salteña que en julio cumplirá 28 años.

               

lunes, 3 de octubre de 2016

Qué pasa que no vendo


Desde julio funciona La Disquería de Salta, un puesto que vende discos de músicos independientes de la provincia. Bueno, “vender” es un decir. El sábado pasado no vendió nada. Ganancia cero.

No hay que asombrarse. El escaso interés que refleja el nulo movimiento del puestito es una constante en la provincia. Lo que pasa es que a los músicos locales no los va a ver ni el loro, como quien dice. Entonces, es lógico que nadie compre sus discos.

El responsable visible de la Disquería es Diego Maita, músico, docente, periodista y gremialista. Un personaje transversal de la contracultura salteña de los últimos quince años. Maita siempre está: como docente de Humanidades; como músico todoterreno capaz de integrar las filas de bandas de reggae, rock para niños o folclore; como periodista especializado en la escena del rock salteño y también como uno de los miembros de ADIUNSa, el gremio de los docentes universitarios.

Maita conoce de luchas por causas difíciles y sabía con qué bueyes araba a la hora de ensartarse con esto de la disquería que no le vende un disco a nadie. Pero Maita cree en lo que hace y no hay con qué darle.

“No deja de ser llamativo que Salta, que se autoproclama tierra de músicos y poetas, no tenga desarrollado que la gente tenga el hábito de consumir música de acá. Los Nocheros, que son la banda que más deben haber consumido los salteños en los últimos veinte años, se iniciaron acá, pero su carrera la desarrollaron en Córdoba y Buenos Aires”, dice, antes de recordar que hace poco estuvo en la disquería HyR Maluf y vio discos de músicos locales relegados al fondo, olvidados en las bateas y ofertados a precios indignos, algo que provoca una sensación todavía más oscura, porque no se venden ni aunque estén a treinta pesos en plena peatonal.

jueves, 17 de abril de 2014

Elegir no traicionarse


Una vez conocí a una chica que no me parecía muy linda. No tenía demasiados atributos físicos, no entusiasmaba a la vista. La miraba con sus veintipocos y podía ver en ella un futuro de vieja complicada, vislumbraba su pronta decadencia. No estaba buena la sensación. Se despertaba y desayunaba cigarrillos. Su voz chillona cada tanto adquiría musicalidad. Se embalaba en las charlas convirtiéndose en un largo punteo preciso y aburrido que escalaba hasta llegar al clímax. Mucho vocabulario, poca emoción. Era Yngwie Malmsteen. Además, la dominaba el malhumor y estaba un poco alterada por la vida.

No garpaba ni dos mangos, pero una noche descubrí que tenía algo. Salimos a escabiar y me di cuenta de que nuestras personalidades se parecían. Fue una señal, me hacía mirarla distinto. Su charla interminable ya no era insoportable. Nos fuimos porque ella quería comprar puchos y caí cuando la vi borracha, sin saber para dónde ir. Me quedé mirándola: una piba que se vestía desordenadamente, que se emborrachaba feo, que tenía una panza cervecera que encajaba bárbaro con todo su ser y que así se sentía bien. Más tarde conocí su departamento, con una cocina dada vuelta de cosas sucias. Era un dos ambientes con vasos usados y ceniceros repletos repartidos como floreros. Siempre quise conocer a una chica que se cagara en las formalidades y dijera “hoy no limpiamos, hoy compramos algo para comer y nos quedamos en la cama a hacer nada”. Ese lugar y ella me identificaban. Y me encantó, me gustó mucho. Ya era hermosa.