En octubre de 1980, Pipo Lernoud asistió a un concierto de Atahualpa Yupanqui en el Teatro Broadway. Cuando llegó a su casa, escribió: “Yo no soy quién para comentar este recital”.
La reseña “Confesiones de un cronista ignorante” apareció en el número de noviembre de la revista Expreso Imaginario y se convirtió en el sólo sé que no sé nada del periodismo cultural argentino.
“Me avergüenzo de mi ignorancia”, reconocía Pipo en el texto. “Mi vida ha transcurrido casi enteramente en algunos de esos compartimientos estancos en que se ha separado nuestra cultura, y estuve más cerca de Charly Parker, Jimmy Hendrix o Bob Dylan que de mi vecino Atahualpa”, decía, a modo de introducción culposa.
Pipo describía a Yupanqui como un “poeta de pocas palabras, cantor de las cosas reales, hacedor de metáforas luminosas” que pertenecía a un mundo de cielo abierto “que los citadinos casi no conocemos, y que Atahualpa conserva vivo en sí”. “Hay que escuchar esas verdades universales dichas en idioma local, fundidas en el idioma cotidiano de un enorme pedazo de país que está olvidado, al que le hemos dado la espalda”, agregaba.
El impacto fue tan grande que Lernoud, por entonces director editorial de la Expreso, no perdió tiempo. Entrevistó a Yupanqui días después del concierto y lo puso en la tapa del número de diciembre. El título que eligió para esa portada resumió la charla y la idea que se había iniciado en la crónica avergonzada: “Atahualpa, con el país adentro”.
“Así se hacía el Expreso. Nosotros íbamos de descubrimiento en descubrimiento”, dice Pipo Lernoud hoy, después de dos meses de notas, conferencias y eventos sobre la revista que le aceitaron los recuerdos. “Descubrimos a (Egberto) Gismonti y lo pusimos en tapa. Descubrimos a Hermeto (Pascoal) y lo pusimos en tapa. Cada cosa y cada golpe de viento que nos descubriera un mundo nuevo lo seguíamos, como cuando puse a OPA en tapa”, completa.
Este mes se cumplen cuarenta años de la aparición de Expreso Imaginario, reconocida como referente de la contracultura argentina. Al repasar los 78 números aparecidos entre 1976 y 1983 se percibe que la revista trascendió porque impulsó una manera de comunicar diferente, encontró un lugar dónde pararse. Realizó un periodismo sin cinismo que hoy no produciría el mismo impacto. Fue capaz de esquivar los mandatos de lo que debía ser y propuso una publicación abierta, capaz de mostrar un mundo en el que convivían Piazzolla, Spinetta, Frank Zappa, Gismonti, Yupanqui y Charly García con crónicas sobre Latinoamérica, textos que incentivaban la vida autosustentable, y hacían foco en el cuidado del medio ambiente y las culturas de los pueblos originarios.
Alfredo Rosso formaba parte del staff. Con más de cuarenta años en el periodismo musical, todavía disfruta de recorrer recitales under donde están las bandas que alimentan la escena actual. Rosso siempre encuentra tiempo para escuchar lo que suena hoy. También para explicar en profundidad la personalidad de Expreso Imaginario: “El lugar desde donde pararse lo tenía bien claro su creador y co-director, Jorge Pistocchi, y fue compartido por todo el núcleo de redacción, incluyendo a Pipo Lernoud, a Claudio Kleiman, a Horacio Fontova, a Fernando Basabru, a José Luis D’Amato y a mí, entre otros, sin descartar tampoco a Alberto Ohanián, quien además de plata luchó para allanar las muchas dificultades de una publicación que desplegaba sus alas en días tan oscuros”.
