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jueves, 10 de julio de 2025

Winona Riders: romper y arrancar de vuelta

Foto: Prensa Indie Folks

El rock es así. Hay que componer, ensayar, viajar, tocar, dar entrevistas y a veces buscar mapas europeos en un atlas de Clarín. Al menos eso es lo que tienen que hacer los Winona Riders esta noche, aquí, en las oficinas de Indie Folks, en Buenos Aires.

«Hoy no se va nadie hasta terminar esto», dicen. «Esto» es preparar el flyer para los shows que van a dar en noviembre en Irlanda, Inglaterra, Francia, Alemania, Dinamarca y España. Y hay que apurarse, porque el tiempo no está de su lado. Faltan dos días para anunciar la gira y por alguna razón la gráfica les está llevando más de lo pensado. Así que Ricky Morales, uno de los guitarristas, llega con dos atlas enormes que carga en una totebag con el logo del grupo, dispuesto a encontrar imágenes que puedan inspirarlos.

En un sillón está Santiago Vidiri, el bajista, que llegó primero porque trabaja cerca. Luego aparece Gabriel Torres Carabajal, uno de los cantantes. Los tres se manejan como si estuvieran en su casa. Suelen pasar muchas horas aquí ensayando o trabajando en otros aspectos del grupo. Y tienen mucha actividad: Winona Riders es hoy uno de los referentes de la nueva escena nacional. Con tres discos editados y un reciente show en el estadio Obras de cuatro horas y media, el quinteto sostiene orgulloso su chapa de insignia de la renovación del rock argentino.

Formada en 2018 en el Conurbano Bonaerense, la banda se completa con el guitarrista y cantante Ariel Mirabal Nigrelli y el baterista Francisco Cirillo. Muchos la conocen solamente por la eficiente táctica de promoción de 2023, cuando estaba por aparecer el disco debut, Esto es lo que obtenés cuando te cansás de lo que ya obtuviste, que consistió, básicamente, en salir a decir que Winona Riders era lo mejor que le había pasado al rock nacional en las últimas décadas.

Pero la arrogancia no venía en un envase vacío. Su primer disco no cambió el mundo, pero sí permitió que los Winona pudieran consolidar el fenómeno que protagonizaban en Buenos Aires, donde llenaban sin problemas lugares medianos como Niceto. Tras su debut discográfico, la banda empezó a expandirse y a tocar en las provincias y en festivales importantes como Lollapalooza (donde el año pasado fueron noticia por su crítica a Javier Milei con una bandera que mezclaba la de Argentina con la de Estados Unidos). Luego, en ese mismo 2023 llegó el segundo disco, El sonido del éxtasis. El año pasado, en noviembre, apareció No hagas que me arrepienta, el tercero, que traía «V.V», una canción dedicada a Victoria Villarruel no en los mejores términos.

La semana que viene los Winona se olvidarán por un rato de su gira europea de noviembre y apuntarán al NOA, adonde llegarán por segunda vez para dar shows en Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy. Antes de los conciertos, la banda habló de su presente, de las polémicas pasadas y de la nueva etapa que comienza luego del emblemático show en Obras Sanitarias.

¿Cómo están después de Obras?
Santiago: Dejamos la vara muy alta para nosotros mismos, me parece.
Gabriel: Yo creo que si bien la vara está muy alta, no deja de ser, no por desmerecer el escenario o la cantidad de gente que había, o la cantidad de horas y temas que tocamos, no deja de ser como una fecha más. Entonces si bien la vara quedó alta, a la vez siento que estamos entusiasmados por lo que viene, por lo que sigue.
Santiago: Sí, bueno, pero hablando más que nada de nosotros, hicimos pretemporada para llegar a ese partido como nunca, boludo.
Gabriel: Eso es cierto.
Santiago: Le pusimos una cabeza…

¿Cuánto tiempo duró esa pretemporada?
Santiago: Y fue desde que lo anunciamos, básicamente, que eran los ensayos tres veces por semana, juntadas de producción con todo el tema de las luces, las pantallas.
Ricky: Escenografía, luces, equipo técnico, backline.
Santiago: Toda la parte del Sindicato del Drone, invitados, no sé qué.
Gabriel: Los vientos.
Santiago: Todo agarrado, nada dejado al azar.
Gabriel: Armar los bloques.
Santiago: También.
Gabriel: Eso lo recuerdo muy engorroso.
Santiago: Hacer un show de cuatro horas, separarlo en momentos de forma tal que sea dinámico. Yo creo que quedamos todos muy contentos con el resultado y quedó eso: lo recontra podemos hacer y ahora más. ¿Cómo pasamos esa vara?
Ricky: Sí, creo que capaz no nos enfocamos tanto en el hito del Obras, sino que es más personal, de tener un lugar acorde a poder explayarte, digamos. Y hacer la producción total que teníamos en la cabeza y que por tocar en otras venues más chicas no podíamos explayarnos o no podíamos producir como nosotros queríamos la fecha. Creo que lo terminamos utilizando más de esa manera. Como un lugar gigante en donde podíamos poner todos los detalles que había en nuestro cerebro. Y después eso: si bien tiene una carga histórica el Obras, es un paso más para nosotros.

Cuando Duki llegó a River dijo algo así como y ahora ya está, se terminó todo. ¿Es pensar en términos numéricos? ¿Ya llegué a lo máximo? ¿No se piensa en términos artísticos? Por la respuesta que ustedes dan, parece más lo segundo.
Gabriel: Siempre es una cuestión artística. Y los números podremos llegar al límite, pero en cuanto a lo artístico no sé si hay un límite. Siempre es una búsqueda distinta.
Santiago: Además Obras no es un River (risas).

lunes, 19 de agosto de 2024

NTVG: “Siempre miramos para adelante”

Foto: Biru Capurro – Prensa NTVG

El sábado 25 de junio de 1994 fue una fecha importantísima para el deporte nacional. Ese día, Diego Maradona jugó su último partido con la Selección Argentina. Era la segunda fecha de la fase de grupos del mundial de Estados Unidos. Argentina le ganó 2 a 1 a Nigeria con Diego como uno de los protagonistas estelares. Ágil, rápido con los pies y con la mente, el 10 participó en los dos goles que Claudio Caniggia convirtió aquella tarde en Boston. Diego terminó la jornada de la mano de una enfermera que lo llevaba a hacer el test por dóping desde adentro de la cancha, algo raro que no solía ocurrir con los demás jugadores. Esa caminata fue la útima imagen que tuvimos de Maradona como jugador en un mundial.

Aquel día, a miles de kilómetros de allí, nacía un proyecto musical que iba a convertirse en uno de los más exitosos del continente. Uno que treinta años después todavía sigue con las luces encendidas, sin detenerse demasiado a mirar lo anterior. No Te Va Gustar, el grupo uruguayo que aquel sábado, mientras Maradona se despedía sin saberlo, tocó por primera vez. Lo hizo con una formación armada de apuro para poder participar de un festival organizado por alumnos del Liceo número 10, como la camiseta de Diego. Era la escuela a la que asistía Emiliano Brancciari, argentino que vivía en Montevideo y que por entonces tenía 16 años cargados de energía rockera adolescente. El grupo se presentó con covers de Sumo, Beatles y no mucho más. Fue el primer paso para una carrera que hoy, en 2024, tiene al grupo en plena gira por Latinoamérica y Europa, y que los traerá una vez más al Noroeste en septiembre.

Emiliano se acuerda muy bien de aquel 25 de junio. O al menos te hace creer que se acuerda. “Ese día, para mí, fue súper ambiguo. Porque tenía la alegría de haber tocado y lo que le había pasado a Diego. Era todo a la vez. Nacía algo para mí, que fue súper importante en mi vida, y se moría otra parte”, le dice a Rock Salta, vía Zoom, desde su casa en Montevideo.

En realidad la respuesta es puro casete. Recuerdos que mienten un poco, diría el Indio. Ese sábado Emiliano Brancciari no pudo haberse sentido mal por Diego porque el dóping se conoció después, el miércoles 29 de junio. Es más fiel el registro que el propio cantante y guitarrista escribió en el Facebook oficial del grupo en 2014, cuando la banda cumplió veinte años.

“Del show en sí no recuerdo demasiado ya que habíamos estado tomando vino en damajuana para superar los nervios de tocar frente a público y sacarnos el frío”, decía Emiliano en aquel posteo. “Ese día quedó marcado en mí tan fuertemente, sin saber que seria el punto de partida para todo lo que vendría después. El recorrido por la vida de la mano de este grupo, conociendo parte del mundo; esta banda que fue creciendo en sueños y responsabilidades, con un sentimiento de pertenencia cada vez mas fuerte, como una extensión de mi familia, donde nos hicimos hombres, donde construimos otras familias”, agregaba.

viernes, 9 de febrero de 2024

La importancia de estar en el presente


El jueves 20 de noviembre de 2014, poco después del mediodía, Rosario Bléfari publicó un pequeño manifiesto en su cuenta de Facebook. Decía: “Siempre tengo la sensación, de que cada momento que vivimos es histórico, de ahí la importancia de estar en el presente, ir a recitales, encontrarse con amigos, leer a los escritores que viven, ir al teatro, ver las películas que se estrenan, escuchar los discos, hablar con las personas, recorrer la ciudad caminando, ir a una marcha, presenciar una sesión del congreso, hacer un trámite, ir al mercado, tener un proyecto y llevarlo adelante como sea, aunque alguien lo considere un fracaso, participar en lo que sucede, como sea, estar, vivir lo contemporáneo, sin nostalgia, es lo mejor incluso para cuando nos pregunte alguien si tenemos algo que contar”.

El texto sirve como antídoto para el encierro y el individualismo de estos tiempos y parece haber sido escrito a mano alzada. Las comas, una atrás de la otra, funcionan como el reflejo de la necesidad que Rosario tenía de publicar, de decir esas palabras. De vivir aquel presente que reivindicaba. Como si el párrafo hubiese brotado sin versiones previas, sólo impulsado por un rapto que no podía esperar una edición, ni la necesitaba. 

El posteo en sí no tuvo demasiado impacto. Al cierre de este artículo, más de nueve años y dos meses después de su publicación, apenas suma 25 comentarios, 79 compartidos y poco más de 400 likes. Pero como siempre ocurrió con la ex cantante de Suárez, sus creaciones no se pueden medir en términos estadísticos. Su influencia va por un camino intangible. Lo que Rosario escribió aquel jueves de primavera se volvió un viral indie que circula desde entonces como una captura de pantalla que alguien decidió divulgar. Aparece de manera aleatoria para señalar que no todo tiempo por pasado fue mejor.  

Bléfari falleció en julio de 2020, pero antes le dio sentido a su presente con la música de Los Besos. Rosario y su hija Nina escuchaban y bailaban juntas algunos de los temas que Paula Trama compuso durante la primera etapa de oro de la banda, la de los discos Helados verdes (2017) y Copia viva (2018). Uno de ellos era “Canción del ballotage”.  

“Mi mamá me decía que la sentía como una canción hermana. Y que le gustaban mucho todas las canciones de Paula porque las sentía así, como muy cercanas”, recordó Nina a fines de 2021, durante su participación en el ciclo FAN de la Asociación Civil y Cultural Brandon, disponible en YouTube. En ese programa, Nina hizo una versión acústica de la “Canción del ballotage”. Poco después, en el mismo ciclo, Paula Trama versionó “Lobo”, un tema de Misterio relámpago, tercer disco solista de Bléfari. “Rosario es, tal vez, mi referente más importante”, dijo antes de cantar. 

Los ojos de Paula Trama parecen grises o verdes, depende si mira o no hacia la ventana de este living con libros algo desordenados. Está vestida con una remera negra con la tapa de Results, el disco de Liza Minelli producido por Pet Shop Boys. Tiene el pelo atado, un short de colores, borcegos negros y medias al tono. Va hasta la cocina, muele café y lo prepara en una Volturno. Habla mucho, piensa, sigue. Rara vez se queda callada esperando la próxima pregunta. O, en todo caso, lo hace recién cuando pareciera haber agotado todas las posibilidades de respuesta. 

Paula analiza su “Canción del ballotage” y dice que encuentra “algo trágico desde lo musical” en ese tema. Es un clásico de Los Besos, una fija en los recitales de la banda que quizas oculte un mensaje sombrío y premonitorio, opuesto a la usual alegría que transmite entre el público cada vez que suena. Diferente a lo que ponía a bailar a Rosario y a Nina. 

“Hoy estaba viendo una película que se hizo con Donna Haraway. Habla un poco de qué está pasando con las democracias en relación a cómo se están operando a favor de la derecha. Y pensaba en esa progresión de acordes: 'Lo que pidaaaaas, la mayoría se realizará' (canta). Está hablando de la democracia. Como que ya hay cierta sospecha de cómo está funcionando. Una sensación de decepción respecto a los resultados. Y decía: ¿En estos acordes no estará ya un poco algo de esa preocupación? El sistema más representativo, el sistema en el que más confiamos, ¿cómo puede tener esa fragilidad? ¿Cómo puede generar esa sensación de decepción? En vez de distribuir alegrías está distribuyendo sufrimientos”, dice. 

En diciembre, poco después del inicio de una nueva etapa de distribución de la tristeza, Los Besos lanzaron Nadie duerma, su quinto disco. 

Los Besos vuelven en el inicio de una época nefasta. Igual que en los años macristas, sus discos vienen a prometer momentos lúcidos, volados, gloriosos, hermosos en tiempos raros en los que cualquier momento de defensa del estado de ánimo es bienvenido. Paula cita al Indio. Escuchó buena parte de la entrevista en Caja Negra mientras atravesaba la ciudad en bicicleta. Pedaleando durante una hora escuchó la voz balbuceante de Solari hablar de que no hay que dejar de pasar el momento de brillar. 

“Muchas veces siento que cuando cantamos esa canción hay algo de felicidad, porque la gente se emociona”, sigue Paula, analizando el tema que compuso cuando Mauricio Macri le ganó la segunda vuelta presidencial de 2015 a Daniel Scioli. “Y entonces, a veces, sobre todo en este último tiempo, sentía una ambigüedad con ese momento. Eso es lo que pasa con la música. En la música habita la ambigüedad como no puede habitar en los discursos que comunican cosas”, concluye. 

Prolífica, capaz de escribir libros de poemas, hacer discos con Los Besos, con su dúo Susi Pirelli o como solista, Paula Trama hasta ahora había sido exacta. Le daba a sus canciones la medida justa. No se permitía un centímetro extra de contenido. En Nadie duerma, Paula lidera a la banda por un camino más sinuoso e imprevisible, con cambios abruptos que instalan puertas que antes no estaban allí. El resultado es, quizás, el mejor trabajo del grupo y el comienzo de una nueva etapa. 

Una versión descartada del comienzo de la nota con Los Besos que se publicó hace unos días en Radar de Página 12.

domingo, 3 de abril de 2022

Ninguna línea recta, ningún camino fácil

(Foto: Ari Bocco - Prensa Fantasmagoria)


Si el disco Ahora/Después se convirtiera en una serie de Netflix, contaría la historia de cuatro músicos que intentan advertir a la sociedad de una catástrofe inminente provocada por la uniformidad colectiva. Doce capítulos cambiantes, ciclotímicos, con partes dulces y otras densas, que pintarían un mundo sometido y caprichoso que se encamina hacia un abismo de pantallas y sonidos iguales entre sí. No sería una distopía porque se trata de nuestro mundo, el actual, el que vemos a través de las redes o en las pocas veces que nos asomamos a las calles. La escena que cerraría el trailer sería una toma aérea de una clásica ruta repleta de autos que intentan escapar mientras, al lado, en el carril opuesto, los protagonistas avanzan en sentido contrario por un camino solitario, con las guitarras colgando. Los productores tendrían que negociar con alguna discográfica para conseguir que la banda de sonido incluya “El salmón”, de Andrés Calamaro. Claro que tendría que ser una versión nueva de aquel inolvidable clásico. Una que dijera algo así como “siempre seguí la misma dirección/ la difícil, la que usa Fantasmagoria”.

Ahora/Después es el nuevo disco de estudio de Fantasmagoria, el grupo que el cantante y guitarrista Gori lidera desde hace más de veinte años. Es un eslabón más en un recorrido personal y original que la banda realiza dentro de la escena del rock argentino. A pesar del tiempo, de las canciones y las modas de las que se escapa, el proyecto mantiene al menos tres características que lo vuelven inconfundible: las guitarras acústicas que encabezan un sonido que no necesita de violas eléctricas para ser absolutamente rockero; las voces y armonías que dan un cariz pop irresistible a temas que van del punk al rock clásico y a la psicodelia; y una libertad asumida e irrenunciable que se percibe desde lo estético y lo conceptual.

“Nosotros somos una banda re chica, independiente, que siempre hicimos lo que quisimos en el momento en que quisimos”, dice Gori, desde su casa de Núñez, donde graba los demos que después les muestra a sus compañeros Agustin Rocino (batería), Mariano Acosta (teclados y voces) y Nikky Molyna (bajo). Con 48 años, Gori todavía mantiene un aspecto juvenil que lo caracteriza tanto como el sonido del grupo. Su look entre glam y stone setentoso, junto con esa melena medio rolinga y medio animé que lo corona, lo vuelven un personaje más de la serie que podría protagonizar Fantasmagoria de la mano de su nuevo disco. “Lo sacamos en diciembre. Todos me decían ‘no, pero sacalo en enero, en marzo, así queda como del 2022’. Pero no aguantaba más, lo quería sacar ya. Entonces lo sacamos en diciembre. Medio que no nos interesa mucho la movida de ‘a ver, ¿qué es lo que más nos conviene hacer estratégicamente para encajar en la industria musical?’. En realidad, no nos interesa encajar en la industria musical”, explica.

jueves, 10 de marzo de 2022

En las calles de Madrid

Románticos de Artane (Foto: gentileza Claudia Puyó)

Mientras se alejaba de Buenos Aires sentada en un avión, Claudia Puyó vio su futuro. Quería ser parte de una banda pero apenas contaba con un guitarrista, Hector “Tito Fargo” D'aviero, que viajaba en el asiento de al lado, y con el nombre del grupo. “Vamos a ser Románticos de Artane”, le dijo a Tito en pleno vuelo hacia Madrid. Era mayo de 1988. Así se llamó la banda que Puyó y Fargo lideraron durante los años que coincidieron en España. En 1990 grabaron Aparato para sordos, un casete de ocho canciones que recién mas de tres décadas después se puede escuchar en Argentina, gracias a una flamante edición local en CD, responsabilidad de un sello independiente llamado Mucha Madera. Un disco perdido y ahora recuperado, que confirma algo que Puyó todavía recuerda: la música que hacían no encajaba en el rock argentino de ese momento.

“Acá no pasaba nada con el rock and roll ni con la música que escuchábamos nosotros”, confirma Claudia en su casa de Caballito. La sensación de no pertenecer no era algo novedoso para ella. La arrastraba, por lo menos, desde 1985, cuando había publicado Del Oeste, su primer disco solista, un trabajo cuyo resultado no la representaba del todo. “No sé hasta qué punto sirve lo que yo hago”, decía en una entrevista con la revista Pelo, poco después de la salida de ese álbum. A mediados de 1988 todo seguía igual.

Tito no estaba tan descolocado. Había formado parte de la Hurlingham Reggae Band con Luca Prodan y de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Su guitarra se había mezclado con la de Skay Beilinson en los discos Gulp! (1985) y Oktubre (1986) y hasta había compuesto junto al Indio Solari dos canciones que los Redondos nunca grabaron pero tocaban en vivo: “Rodando” y “El regreso de Mao”. Antes de viajar ya acompañaba a Claudia, a quien había conocido en los escenarios ricoteros. Su partida a España fue más por curiosidad. “Tenía 29 años, una edad que era el límite para irse a conocer otra cosa. Después de los treinta es más complicado todo. ‘Voy y vuelvo’, pensaba. Pero me sedujo mucho todo lo que pasó”, dice.

jueves, 14 de octubre de 2021

Yamile Burich: el jazz en la calle

(Foto: Cidade Nuvem - Facebook Yamile Burich)

Yo no nací en Salta, yo nací en Santa Fe. A los dos años nos fuimos a vivir a Tartagal porque mi papá consiguió un trabajo ahí. Trabajaba en una empresa petrolera que se llamaba (duda)… BG, algo así. Una empresa de esas que venían, rompían y se llevaban todo calladitos. Hubo una época como de resplandor, viste, de mucha plata porque había trabajo. Pero después se llevan todo y dejan todo en la ruina. Y eso es lo que hicieron. Después ahí empezaron los piqueteros, la pobreza, las inundaciones y la soja. Es una parte argentina muy sufrida… Desgastada, digamos. Ahí estaban mis tíos, mis tías, mis primos. Toda mi familia estaba ahí. Ahí arranqué a estudiar piano.

Empecé a estudiar piano a los cinco años, ponele. Soy del 79. Me re acuerdo de Tartagal, me acuerdo de la plaza, me acuerdo los mangos. Viste que hace un calor terrible. ¿Conocés Tartagal? Hace un calor espantoso. Era alucinante. Pasa que los recuerdos de la infancia son como un poco oníricos, porque volví a Tartagal y… claro, era otra imagen totalmente opuesta a la que yo tenía de niña (se ríe). Fue muy flashero. Yo tengo muchos primos, tíos. Mi mama era salteña. Mi mamá tenía nueve hermanos, era la novena (se ríe). Era una familia siria. Muchos viven en Pocitos, en Tartagal, Metán, Orán.

Mi papá tocaba un poco, así medio amateur. A mi mamá la habían mandado de chica a estudiar, como una costumbre. Y yo quise ir, no es que a mí me mandaron. Mi mamá siempre repetía que yo de chiquita, de cinco años, le dije «quiero ir a estudiar piano». Iba todos los días a una maestra, que encima era la mamá de un compañero mío del colegio, de jardín (risas). Entonces nos íbamos a jugar a su casa y yo tomaba mi clase de piano, solfeo. Todos los días. Aprendí a leer música antes que a leer y a escribir, porque tenía cinco años. Y nunca dejé. Todo el tiempo que viví en Tartagal iba a piano. Hacía todos los exámenes. A fin de año venía un profesor de Buenos Aires, eso pasaba en los conservatorios chiquitos de pueblo.

A los diez años, más o menos, nos mudamos a Salta Capital. Ahí hice toda mi secundaria y empecé a tocar en la Escuela de Música, que antiguamente estaba en la Zuviría. Debo tener un título, un título de no sé qué. En primero o segundo año de la secundaria empecé a estudiar saxo. Y después, a los trece o catorce, tocaba con una banda de covers, La Revival. Al cantante lo había conocido en la iglesia porque yo era maestra de catequesis (no aguanta la risa) y él era como monaguillo, cantaba. Entonces él me invitó ahí, en la Santa Cruz, la iglesia esa que está en la Santa Fe. Yo vivía por ahí. Y nada, me invitó: «Tengo una banda», no sé qué. Yo no sé si me invitó porque me quería chamuyar, pero la cuestión es que fui y los chicos se coparon y empecé a tocar. Los chicos eran una masa, eran súper buena onda.

Había un pub en esa época, que después creo que es el que compraron Los Nocheros, que estaba sobre la Balcarce pero abajo. Yo Juan se llamaba. Antes de la plaza donde está la Legislatura. Ahí tocaba La Revival. Te estoy diciendo 95, eh. Millones de años. Tocaba en el Open, en todos los pubs. Recién inauguraban el shopping, imaginate hace cuánto te estoy hablando. Yo toqué en la inauguración del shopping en la plaza de estacionamiento, con Los Rancheros. Hay un video de eso. Año 93, 94, no sé. La Balcarce no existía en esa época. La Cerveza Salta nos auspiciaba y empecé a girar por todo el interior de Salta: Metán, Pichanal, Embarcación, Orán, Tartagal. Tocábamos en eventos, en fiestas. Así empecé a tocar yo. Rock. Sumo, Dire Straits, los Redonditos, Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes. Repertorio de fiestas. Yo sacaba todos los solos de saxo, pero era copiar los solos que había. Me iba de gira: Jujuy, la Serenata a Cafayate, Metrópoli, esos boliches que había en esa época. Tocábamos para la fiesta de los estudiantes, para la fiesta de no sé qué. Y yo viajaba. Viajaba en combi. Salía en la tele, volvía de tocar en el Open tipo dos de la mañana, tres. Y tenía quince años… Toco madera: jamás me pasó absolutamente nada. Yo lo único que quería hacer era tocar, era lo único que me interesaba en la vida.

En el colegio se enteraron que tocaba y me citaron para decirme que estaba mal lo que estaba haciendo, que yo era inteligente, que tendría que dedicarme a otra cosa. ¡Todo mal! Era un bajón la secundaria. Iba al Santa Rosa. Lo dejé y lo rendí libre después. Era un bajón, un horror. Pero bueno, era lo que había en esa época. No encajaba. Era una demente. Aparte de que yo no encajaba, estaba mal visto lo que yo estaba haciendo. Era impensado una mujer en esa época tocando el saxo. Tenía mis amigos de la Escuela de Música y ahí me encontraba un poco. No estaba tan descolocada como en un colegio de monjas.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Casa de Piedra, el disco sahumerio de Fede Cabral

(Foto: Facebook Fede Cabral)

A mediados de marzo de 2020, cuando la cuarentena en todo el país era inminente, Fede Cabral estaba en las sierras cordobesas sin luz, sin internet y con un charango. El ex cantante de Sancamaleón había viajado para grabar en un lugar especial que lo había cautivado, una casa donde sintió la necesidad de registrar su música.

Casa de Piedra es el resultado de esa experiencia. Un trabajo breve de temas inéditos y versiones de sus álbumes anteriores que funciona como “un disco sahumerio”, como Fede va a definir en la entrevista que sigue a continuación. El clima de soledad y aislamiento y la rusticidad del ambiente se perciben y logran transmitir la energía profética que cargan las ocho canciones que están, de alguna manera, fuera del tiempo, como él mismo cantó, y también funcionan como espejo del encierro que todos vivimos en los últimos meses.

Casa de Piedra es el cuarto disco solista de Fede Cabral. Su debut fue el excelente Sí, de 2013, el álbum en el que ya se mostraba con un charango en la tapa. En este nuevo trabajo Fede se despoja del resto de la sonoridad pop que lo acompañaba desde entonces y se muestra casi desnudo, incluso desde un punto de vista espiritual, alejado de la sociedad pero con los pies en la tierra. Un álbum que para él mismo resultó un bálsamo en un 2020 que luego de la grabación resultó difícil por la enfermedad de Clari, su mujer, un obstáculo que pudieron superar junto a sus hijos. En esta entrevista, Fede habla del proceso del disco, de la experiencia en Córdoba y del significado inesperado de sus nuevas canciones.

           

martes, 12 de mayo de 2020

Si yo pudiera como ayer querer sin presentir


Hace veinte años Las Pelotas era una banda de rock que nadie cuestionaba. Poseía una mugre que la convertía en el sujeto a respetar de la reunión, un vértigo suburbano que se alimentaba de la falta de esperanzas. Sus discos gritaban que todo era difícil. La displicencia social de Germán Daffunchio, herencia del Luca Prodan que en 1987 presagiaba su propio final, era una de las caras visibles del grupo. La otra era la de Alejandro Sokol, el frontman cachivache existencial que tenía la elegancia de un Gacel 88 estacionado en la puerta de un kiosco y era capaz de transformar heridas en canciones sin perder el sentido del humor.

La salida de Sokol en 2008 consolidó un rumbo introspectivo que siempre había formado parte de la banda y se acentuaba desde mediados de los 2000. Con el tiempo el grupo cambió de sonido y conceptos. Hoy Las Pelotas ya casi no musicaliza sus reflexiones con guitarras sino que flota sobre colchones de teclados climáticos que carecen de rudeza. Como las reuniones de ex compañeros de la secundaria que se tienen que ir temprano porque al otro día trabajan, la banda arrastra el recuerdo de vivencias salvajes y mantiene un presente de comodidad elegida que le sienta muy bien a sus aspiraciones. Por ese camino transita Es así, el nuevo disco.

Algunas letras de este trabajo flamante podrían haber formado parte de la mayoría de los álbumes anteriores, residuos de una época que no se borra del todo. “Es así como quisieron que estemos hoy”, canta Daffunchio en “Nadie fue”, uno de los cortes de difusión. Unos versos más adelante dice que la verdad está en los hechos y luego repite un lánguido “si ya sé, todo bien, es igual, nadie fue”, que está más cerca de la abulia grunge del “oh well, whatever, never mind” de Kurt Cobain en 1991 que de la postura centennial agrietada de estos días.

lunes, 27 de agosto de 2018

Libertinaje, el éxito de la Bersuit en un país a punto de estallar

                     

Hace un par de días salieron dos notas sobre Libertinaje, el cuarto disco de Bersuit Vergarabat, publicado en agosto de 1998. Escribí dos artículos para Rolling Stone sobre la creación del álbum y la posterior censura por "Sr. Cobranza". Los pueden leer acá y acá.

lunes, 11 de septiembre de 2017

"Trump creó una burbuja de fantasías"



El crítico inglés Simon Reynolds está en la Argentina. El fin de semana pasado se presentó en la ciudad de Córdoba y este martes 12 va a estar en Buenos Aires. Va a dictar una "clase magistral" sobre la relación entre el rock y el mundo del espectáculo llamada "Todos están en el show business". El evento se realizará en el Centro Cultural San Martín, a partir de las 19 horas.

Aquí, Reynolds se explaya sobre su reciente libro Como un golpe de rayo, en el que aborda la historia del glam rock y sus consecuencias. La entrevista se hizo vía correo electrónico a mediados de agosto. Se publicó en La Agenda la semana pasada. Por una cuestión de espacio, sólo pude incluir un fragmento de las generosas respuestas que mandó (¡nueve páginas de Word!). Acá la comparto completa.

viernes, 7 de julio de 2017

La mirada de Martí

(Charly García)

Yo no me considero un artista, vamos a empezar por ahí. Me considero un trabajador de la fotografía. Alguien que ha aprendido un oficio, que es sacar una foto correcta. He tratado de aportar humildemente mi cuota de inspiración, mi mirada. Después tuve la suerte de que mi trabajo se iba retroalimentando con la gente con la que tuve la posibilidad de poderme relacionar. Porque no solamente trabajé para Luis. Trabajé para un montón de gente dentro del mundo del rock y con cada uno de ellos se arma una química donde el artista te hace una propuesta y vos también proponés. 

Uno empieza en un lado pero resulta que después terminas en un lugar que no estaba planteado de entrada ni en pedo. Pero eso fue el devenir de ir elaborando una idea, un pensamiento, y ver para qué lado lo llevamos. Siempre pasa eso, hoy me pasa eso, no era que me pasaba hace cuarenta años. Vos venís y me decís, che, vamos a hacer un libro sobre Buenos Aires. ¿Y qué hacemos? Vamos a empezar a fotografiar los bares. Y resulta que después te das cuenta de que por ahí es más interesante empezar a meterse en la casa de la gente y que es más interesante cuando el tipo abre el placard y empezás a ver los recuerdos que tiene guardados. Al final terminás en cualquier lado. Para eso se necesita que te interese lo que estás haciendo. Que sientas pasión. Cuando no hay pasión en las cosas no hay nada para contar. Te doy un ejemplo rápido: cuando se hizo la tapa de Durazno sangrando, el durazno lo hizo Luis en su casa. ¡Se puso a hacer el durazno! Ese durazno que aparece en la foto, apoyado en el piso, que hoy por hoy es una pelotudez que con el Photoshop va a quedar mejor, más iluminado y con colores más potentes, lo hizo con yeso. Lo pintó. Había una cuestión artesanal. Es decir: hagámoslo contra viento y marea.



Los orígenes míos con la fotografía se remiten a 1965, 1966. El recuerdo que tengo es haber hecho un primer curso en el Foto Club Buenos Aires, que estaba en ese edificio icónico que es el Pasaje Barolo. Tenían un gabinete muy grande, lleno de ampliadoras para poder copiar fotos. Ahí arranqué a tomar los primeros conocimientos de fotografía. Me acuerdo de quién fue mi profesor, Julio Maubecin. Me enseñó a revelar rollos, a copiar fotos. Estuve dos años. En ese momento, la fotografía fue una inquietud que tenía, una curiosidad. Hay que entender que ahora hay herramientas que están muy al alcance de todos. Cualquiera tiene una cámara en un teléfono. Pero había una época en que no era tan normal tener una cámara fotográfica ni tener determinados tipos de conocimientos en la fotografía. Había gente que tenía cámara pero no era una cosa tan masiva.

Nací en el 50, cumplo años el 9 de agosto. Nací bajo el signo de Leo. Provengo de una familia de trabajadores. Mi padre era técnico textil. Tengo la suerte de que a mi madre todavía la tengo viva, tiene 97 años. Somos de la República de Mataderos. Fue una infancia muy linda, sin necesidades. Nunca nos sobró ni nos faltó. Podemos decir que éramos peronistas en el sentido más avanzado de lo que era el peronismo, que era todo lo que eran las reivindicaciones sociales, los logros, los avances económicos para la gente. Según lo poco que yo entiendo de política, el gobierno de Perón aportó un montón de avances. El día que bombardearon la Plaza de Mayo mi padre había ido a hacer un trámite al centro. Se salvó de pedo de que lo mataran.

Viví un montón de años en Mataderos, como veintipico. Y todavía voy porque la tengo a mi madre ahí. Tengo un hermano mayor, Alejandro, que tiene cinco años más que yo, también periodista, ya jubilado. Creo que tuvo un paso breve por Editorial Perfil, pero casi toda su carrera la hizo en el diario Clarín. Trabajaba en Información General. Gracias a él entré a trabajar en el laboratorio de Editorial Abril, que era una empresa como es hoy Editorial Atlántida, La Nación o Perfil. Escribía gente muy importante. Publicaban las revistas Panorama, Siete Días, Claudia, Vosotras. Era el medio de la familia Civita, gente muy preparada, que le dio gran prestigio al periodismo en esa época. Estaban Tomás Eloy Martínez, Miguel Briante, Jorge Di Paola, un montón de gente de otra época. Grandes plumas. El periodismo era otra cosa, muy distinto a lo que es ahora. Entré como laboratorista raso: revelar y copiar fotos fue mi primer trabajo profesional. Recibía los rollos que traían los fotógrafos, los revelábamos, hacíamos planchas de contacto, la plancha iba a la redacción, elegían las fotos, eso volvía al laboratorio, nosotros copiábamos el panel y lo entregábamos. Para mí fue como una beca, porque me pagaban un sueldo y me estaban formando. Era como un instituto donde te pagan por aprender. Fue la posibilidad de unir lo que ya se presentaba como una vocación, que era la fotografía, y el sustento. Eso pasó en una etapa de mi vida muy difícil, porque había muerto mi padre y el único que se había independizado hasta ese momento era mi hermano. Mi madre y yo dependíamos del sustento que aportaba mi viejo y cuando desapareció vivimos dos años bastante difíciles hasta que yo también pude tener ese empleo y enderezar un poco el barco. Yo tenía veinte o 21 años. Después me pasaron al Departamento de Fotografía ya como fotógrafo. Estuve como cuatro años para que me pasaran. Y mientras tanto hacía fotos para Invisible, ya trabajaba para algunas bandas. Le hacía fotos al grupo El Reloj.

Las primeras fotos las hice en el festival Pinap, en esos primeros festivales de rock. Pero sacaba fotos por la mía, no era un profesional ni mucho menos. Lo hacía de puro fan, porque me gustaban esas canciones y me motivaban, me emocionaban y me sentía identificado. Aparte, pensá que el mundo era bastante formal fuera de esos ámbitos. Hay una cosa en internet, buscala, a ver si la encontrás. Es un especial que preparó la TV Pública en esa época: “Qué piensan los argentinos de los hippies”. Te vas a mear de la risa. Era una megaproducción, iban hasta Bahía Blanca entrevistando a la gente por la calle. Es una cosa tan divertida. Buscala porque no se pueden creer las opiniones de la gente. Decían de todo: estaban los hiper formales hasta los que empezaban a vislumbrar que eso representaba un cambio dentro de la sociedad. Cosas que hoy nos parecen risueñas pero que en esa época eran como un debate. Se estaba modificando la mirada cultural.

                    

En el festival Pinap tocaban Almendra, Manal, La Barra de Chocolate, Conexión N° 5, Moris, Pajarito Zaguri, todos los músicos de esa época. Todo era aprendizaje en ese momento y la gente era una esponja. Ojalá yo siga siendo una esponja hasta el día que me muera. Creo que uno nunca termina de aprender. El día que sentís que ya aprendiste todo lo que tenías que aprender me parece que estás cagado.


lunes, 12 de diciembre de 2016

Signo de los tiempos


Después de seis años, LaForma tiene nuevo disco. Se llama Arpay y es el tercero de la discografía del grupo salteño nacido en 2002. Tiene ocho canciones. Se trata del trabajo más oscuro de la banda que conforman Horacio Ligoule, Gonzalo Delgado, Cristian Gana y Rodrigo Martin Troyano. Son 45 minutos de clima introspectivo y dientes apretados. Un álbum que surgió a partir de la incertidumbre creativa que sufrieron los músicos y funciona como un reflejo de la desolación de los años macristas.

Si Vamos (2010) fue un trabajo esperanzador, que aseguraba que todo era posible a partir de la unión de los pueblos, y presentaba un fuerte mensaje político en contra de la Salta gobernada por los cholos, Arpay es (casi) lo contrario. “Y vos decías que esto iría mucho mejor. Yo sólo veo caer los restos de frutas podridas al sol”, canta Ligoule en “Sombras y fugacidad”, una de las canciones del nuevo disco. En todo el álbum ronda la idea de mundo destrozado que puede estar peor, musicalizada por los sonidos más pesados que grabó el grupo. Es rock estresado sin invitados ni aditivos. Apenas los cuatro músicos mirándose a la cara y enfrentando la cruda realidad.

“Es muy denso. No es un disco fácil de digerir”, reconoce Ligoule, cantante y guitarrista, en la sala de ensayo cercana al Parque San Martín que alberga al grupo desde hace años. “Creo que hubieron distintos factores en eso. Uno fue que nos costó muchísimo despegarnos de Vamos, un disco que fue muy fuerte. En un punto no supimos manejarlo”, agrega.

“Vamos nos sobrepasó, fue más que nosotros. Fue más de lo que esperábamos. Nos superó en todos los aspectos”, dice Cristian, guitarrista principal y productor ejecutivo de Arpay. Aquel disco provocó una sacudida inesperada en la banda. La fusión rockera andina fue recibida de la mejor manera, los llevó a tocar bastante dentro del pequeño mundo del rock salteño y hasta los subió, en julio de 2011, al escenario del Teatro Provincial junto a los porteños Arbolito en una de las primeras fechas del extinto ciclo Cultura da la nota.

“¿Cómo superamos tocar para 1500 personas pagas? Está bien, compartíamos cartelera y Arbolito se llevaba muchos de los méritos, pero a la hora de nosotros (el teatro) estaba lleno. ¿Cómo pasás de tocar para esa cantidad de gente en una fecha en la que vos estás en la cartelera, a lo que seguía? No supimos cómo volver a convocar. La estrategia de difusión se acabó ahí y no supimos reinventar una estrategia. Nosotros mismos dijimos ‘bueno, paremos un ratito’, porque veníamos con un ritmo muy…”, dice Cristian, y deja la frase en el aire para que la retome Rodrigo, el baterista: “Las crisis que surgieron por eso, internas de la banda y entre nosotros, fueron inmanejables. No sabíamos qué mierda hacer”.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Espíritu amateur

(Rosso y Lernoud en épocas de la Expreso con discos de la Incredible String Band)

Esta semana apareció un artículo que escribí sobre Expreso Imaginario y el periodismo contracultural de hoy. La nota, publicada en La Agenda, decía que la revista había trascendido porque logró pararse en un lugar original, distinto al de los medios de la época. Para completar esta idea y reforzar el texto entrevisté a Pipo Lernoud y Alfredo Rosso.

Por una cuestión de espacio, como suele suceder, una buena parte de las declaraciones quedaron afuera de la nota. Pero no quería dejar pasar la oportunidad de compartir las entrevistas completas porque creo que son muy interesantes.

Algunos detalles pintorescos: el día a día del periodista es de una crotera importante y la falta de recursos es moneda corriente en mi vida, así que las dos notas fueron hechas de manera poco ortodoxa. La primera se hizo por WhatsApp. Por suerte, Pipo tuvo mucha paciencia y una predisposición que permitió sacarla adelante. La segunda se hizo por mail, en dos patadas, gracias a la generosidad de Alfredo, que contestó rapidísimo una cantidad de texto que superó la extensión original pensada para el artículo.

martes, 19 de julio de 2016


Litto Nebbia publicó en 2010 la excelente caja Una Celebración del Rock Argentino - Primera Generación 1963 - 73. A través de nueve discos, casi trescientos músicos de todas las épocas de la escena local versionaron canciones emblemáticas, hits, temas olvidados y perlas de culto. 

El proyecto fue una idea que Nebbia ya craneaba en 2006 y pudo concretar el año del Bicentenario, lo que motivó también una recordada presentación durante los festejos de ese mayo inolvidable, distinto al julio de 2016 macrista, lleno de represores y pedidos de disculpas a reyes cesantes. 

En 2010 yo conducía un programa de radio llamado Antes Que Nada que se transmitía de lunes a viernes de 21 a 23 horas por Radio Dinamo de la ciudad de Salta. Mi compañero era Tomás García Senin, que actualmente continúa en el mismo barco, pero en soledad (yo me bajé al año siguiente). Lo pueden escuchar de lunes a jueves de 21 a 22 horas por FM La Plaza. 

En diciembre de ese año hicimos un programa especial sobre Una Celebración del Rock Argentino. Durante dos horas escuchamos algunas de las canciones de los nueve discos y repasamos una extensa entrevista con Litto Nebbia que habíamos grabado unos meses antes. 

Les comparto el audio completo de esa noche. Espero que les guste. 


Como extra les dejo el documental sobre el box set. Fue dirigido por Miranda Nebbia, hija de Litto:

                 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Arte y contracultura

(El artista y la obra. Foto: Facebook Rocambole)

Como una reactualización del famoso pozo común en el que Los Redondos recaudaron lo necesario para editar Gulp!, su disco debut, Ricardo Cohen reúne los fondos que servirán para publicar su libro "Rocambole, Arte, Diseño y Contracultura" a través de la web Panal de Ideas, un sitio de financiación colectiva de colaboración voluntaria.

“Nos pareció que el sistema de financiamiento previo era un formato adecuado para la idea de autogestión que siempre sobrevoló los emprendimientos en los que me he visto involucrado”, cuenta el propio Rocambole, desde su taller artístico, ubicado en la ciudad de La Plata. El artista es muy famoso dentro del ámbito del rock argentino por su trabajo visual junto a Patricio Rey (se encargó del arte de tapa de los discos, las entradas y los afiches del grupo) y, sin dudas, ese antecedente es el que motivó el apoyo inmediato que obtuvo el proyecto, que en dos semanas, mediante la colaboración de casi cien personas, ya alcanzaba el 70% de los $100.000,00 estipulados para poder hacerse realidad.

Pero la vida artística de Rocambole es mucho más que la publicada junto a la banda del Indio y Skay: abarca casi 45 años de historia en la que se mezclan las obras para PR, La Cofradía de la Flor Solar, Attaque 77 y otros grupos, con trabajos de diseño, educación, política y filosofía. De todo eso está armado el libro.

jueves, 28 de abril de 2016

"Yo no hago música para llenar estadios"

(Foto: Lole Martínez - Facebook Ciro y Los Persas)

2009: afiches pegados, entradas a la venta, un estadio dispuesto (Gimnasia y Tiro) y hasta una promoción de tapitas de cerveza en marcha. Todo se cayó cuando el recital que iban a realizar Los Piojos el 2 de mayo de ese año se canceló definitivamente. A los pocos días (el 30 del mismo mes) la banda se despidió en un frío (por la temperatura) River caliente (por la gente). Después, cada uno hizo su camino. La Franela, Los Persas, Las Pelotas, la ruta, el desastre. Chau esperanzas de ver a la banda de vuelta. Andrés Ciro Martínez recuerda a medias: “Sí, hubo un show que se suspendió. Me acuerdo porque un amigo vino a vernos desde Alemania (risas) y no sé si llegó a viajar pero sí tenía el pasaje y todo. La verdad que no me acuerdo qué pasó. Por lo general son cosas de la producción”, dice desde las oficinas de 300 Producciones, la empresa que lo apoya en esta etapa solista. Estuvo ensayando todo el día y a las cuatro de la tarde todavía no se enteró de la noticia de la jornada: los músicos de Callejeros fueron encontrados culpables del delito de incendio culposo seguido de muerte. A más de seis años de la tragedia de Cromañón, el rock argentino sigue sangrando su herida mayor. Ciro prefiere ser cauto a la hora de opinar: “No creo que (los músicos de Callejeros) hayan tenido ninguna intención en ese sentido. Creo que había cosas y lugares que siempre fueron peligrosos en el rock. Pero también me parece que hay alguna responsabilidad, no culpabilidad, cuando uno organiza un evento. La verdad me parece un tema delicado. Incluso porque los tipos están con la justicia ahí, con una situación muy delicada, esperando el veredicto sin saber si les van a poner la soga al cuello. Después hay cosas de ellos, actitudes, con las que no estoy de acuerdo para nada. Cómo manejaron ciertas cosas o, al menos, cómo lo expresaron. Después hay cosas que verá la ley y no me interesa hacer leña del árbol caído. Eso lo verá la Justicia”.

Tras siete años (el show anterior fue en agosto de 2004 con Los Piojos), Ciro volverá a Salta, esta vez para presentar su primer trabajo como solista (Espejos, de 2010). Vendrá acompañado por Los Persas su (ya no tan) nueva banda. En “Antes y Después”, tema que abre el álbum y que también sirvió como primer corte, se puede escuchar una frase significativa: “Hoy todo vuelve a empezar y será lo que ya fue”. La línea es un claro mensaje de resurgimiento, una manera literaria de darse ánimos para encarar las cosas con energía renovada y recuperar lo perdido tras el desgaste que llevó a Los Piojos a la separación. “Eso es lo que vos pensás –dice entre risas, tirando toda la teoría por la borda-. No lo encaré por ese lado. Digamos que en principio la letra nace como una historia particular que habla de las reencarnaciones y el amor a través de distintas vidas y de lo que pasa a veces cuando nos encontramos con alguien que parece que nos conociéramos de siempre. Después, resonaba por el hecho de volver a encontrarme con el público, pero no hacía referencia a ninguna etapa de Los Piojos ni nada por el estilo. Uno cuando comienza una nueva etapa, no sé… tiene que salir algo muy malo como para no tener una fuerza renovada. En este caso, yo estaba con muchas ganas de tocar. Para mí fue imprevisto el final de la banda. No pensé que se iba a terminar en ese momento y así. Con la incorporación de un nuevo guitarrista pensé que podían surgir nuevas cosas, un nuevo estímulo. Pero bueno, distintas cosas hicieron que se terminara y una vez ocurrido eso lo que más quería era salir a tocar; salir de gira, preparar temas nuevos. Tenía temas para grabar así que realmente era una gran alegría haber armado la banda que armé, que suena como suena, con excelentes personas. Pero nunca hice comparaciones de etapas, digamos. Si bien sí, había un desgaste al final de Los Piojos, pero no hago referencia a eso”.

jueves, 10 de marzo de 2016

Quedaba mucho por hacer

(Pappo en su último show en Salta. Foto de Bernardo Rodríguez Berri)

En 2004, Pappo gozaba de un recuperado éxito comercial de la mano de Buscando un amor (2003), el disco for export producido por Jorge Rodríguez. Corcho, el millonario amigo de los rockeros pesados y ex de Susana Giménez, había convencido al Carpo para editar un álbum a la altura de su leyenda y de las ambiciones comerciales que el músico tenía y no reconocía. Con “Rock and Roll y fiebre” en todas las radios y programas de televisión más populares, Norberto Napolitano volvía a los primeros planos musicales. Algo que no sucedía desde hacía más de diez años con Blues local y el súperhit “Mi vieja”.

El plan a mediano plazo era posicionarlo en el circuito blusero estadounidense, y de ahí al mundo, un objetivo que había estado cerca de concretarse más de una vez, pero, como cuenta Sergio Marchi en el fundamental libro El hombre suburbano (2011), la inconstancia y la tendencia a la autodestrucción que poseía Pappo lo habían impedido.

Esta vez parecía distinto. Pappo había versionado clásicos del género (“Rock Me Baby”, “The Thrill is Gone”, “Little Red Rooster”) cantado en inglés. Buscando un amor era un disco claramente profesional. Nada de álbumes de trinchera para las huestes como El auto rojo (1999). El Carpo hasta había aceptado las cuerdas en “Katmandú” y los caños arreglados por Javier Malosetti después de cierta negativa casi obligada para mantener el personaje.

Pappo necesitaba y quería que se lo reconociera como la leyenda que era. El disco doble autohomenaje publicado en 2000 (Pappo y Amigos) había sido el primer paso. En noviembre de 2004 realizó presentaciones en conjunto con el baterista estadounidense Tony Coleman en Buenos Aires: el Tributo a B.B. King era otro eslabón en la cadena. Poco más de un mes después, el miércoles 22 de diciembre, Pappo se tomaba un avión en Aeroparque y dos horas y media después aterrizaba en el Aeropuerto Martín Miguel de Güemes de Salta, donde el 23 debía realizar un concierto en el microestadio Delmi.

lunes, 7 de marzo de 2016

Ensamble Peripecia


Suenan como: rock progresivo instrumental, con toques de jazz y psicodelia.

Para fans de: Sur Oculto, Invisible, Mars Volta, Color Humano.

Quiénes son: Hernán Ocampo (guitarra), Damián Gutiérrez (batería), Tin Maturano (percusión, theremin) y Evelyn Vergara (bajo, vientos) se unieron por oposición al formato canción. Proveniente de la escena punk de La Rioja, en 2007 Ocampo comenzó a realizar composiciones inspiradas en “Bitches Brew”, de Miles Davis. En 2008, la banda fue invitada a musicalizar películas de Dziga Vertov, Ernst Lubitsch, Man Ray y Robert Wiene en un ciclo organizado por la universidad nacional de su ciudad, Chilecito. Allí, Ensamble Peripecia terminó de definirse como una experiencia sonora y visual. “Me gusta pensar que todo es medio cinematográfico”, reconoce Hernán, que estudió Cine durante dos años en Córdoba.

Por qué escucharlos: porque tocan como si la música fuera a desaparecer en poco tiempo de la faz de la tierra y necesitaran hacerla toda junta, ahora mismo, para no olvidarla jamás. Disfrutan saber que no van a sonar en las radios ni a palos.

Escuchá: “Valle”, su disco debut, fue publicado en junio por Caos Records, propiedad de Ocampo. Lo masterizó Carl Saff, quien trabajó con Thurston Moore (Sonic Youth) y grupos de los sellos Sub Pop y Matador. “Nebulosa”, dominada por el saxofón, es una de las más bellas de estas siete composiciones que exigen al oyente hasta que la mente encuentra las percepciones adecuadas para disfrutarlas.

El valle del disco remite a Chilecito. Para los Ensamble Peripecia, bautizarlo de esa forma es valorar de dónde proviene la influencia primigenia, de raíz. “Pienso que somos seres que cargamos con cosas con las que vivimos y por ser el primer trabajo estaba bien conceptualizarlo así. Chilecito es hermoso en su naturaleza. Tenemos el Famatina todos los días, un cerro hermoso que los habitantes defendemos a muerte”, explica Hernán.

Ellos dicen: respecto a la actualidad del rock riojano, una escena muy similar a la de otras provincias, Hernán dice: “Creo que el rock en La Rioja en este momento está cambiando. Los proyectos están durando más que antes. El hecho de tocar acá y que sea tan chico hace que el círculo a veces se cierre. El público es difícil y es bastante bastardeado desde hace mucho por las bandas de covers. Yo me intereso por los movimientos independientes, formar lazos, intercambiar con otros sellos y crear un circuito ida y vuelta por el país. Muchos están tocando siempre de onda para los dueños de los bares. Me parece que no es coherente hacer eso si estás en un movimiento independiente. Al contrario, deberías repudiarlo”.

Más información en ensamble-peripecia.bandcamp.com y en caosrecords.bandcamp.com.

Publicado en el número de marzo de la revista Rolling Stone.